14 abr 2010

Del amor

Hoy te diría un millón y medio de cosas calladas. Triviales. Desteñidas. Mejor habla tú.
Hoy te miraría despacio para que nos dejáramos recorrer como las avenidas, certeros, firmes, alegres y seguros, confiados de que el resto del camino se nos hará tan corto que olvidaremos a qué hora comenzamos a andar.
Hoy te comería estridente. Te apretaría las ganas contra mis manos, y te apoyaría sobre mis pétalos mojados. Desbaratados de ansias.
Me bañaría desnuda en tus ríos, de historias empapadas, de palabras encadenadas, y buscaríamos juntos el eslabón perdido... si quieres.
Si no, también podemos gritar las razones del sin-sentido que a veces se adueña de todo...
Y sacaríamos fotos, muchas, repletas de caricias, para que siempre nos quedaran colgadas, recordándonos cuán maravilloso es sentirnos...
Hoy te cogería la mano y te diría al oído que te quedaras, que no te fueras, que prefiero que nos sumamos en este sueño todas las noches y los días, para que al final pensemos una y dos veces, y recordemos fácil la cantidad de sensaciones que nos producíamos simplemente cuando compartíamos un momento trivial o desteñido, o cuando yo callaba, y tú sonreías.

2 abr 2010

Non grata

Es posible que mientras más cuidado procurabas tener, más fino tejías los bordes de tu decadencia momentánea. Se te desbarataban tus planes por segundo, y lo sabías, veías pasar ante tus ojos, por el cristal de tus gafas empolvadas, las montañas de retahílas de palabras, de esas tuyas, tan extrañamente ordenadas. En tu cabeza bailaban los días de té y sonrisas con las infinidades de tristeza desmedida. De pasos de tango reaprendidos, casi al azar, en bares diversos, con o sin pareja, eso era lo de menos. Sobre todo, cuando te rodeabas, tan voluntariamente, de ese fondo marino de tus penas, en el vaso de cristal. De turno.
Sin horas. Así se despertaban tus días, anclados sin mar, al viento, sin vela. De ojos tristes, y dedos salvajes y apenados. De ropas esparcidas por el suelo, que te quitabas con la sutileza del primer día. Con la grandeza de saber que allí anidaste junto a tus ganas, bien guardadas, en los cajones de tu mesilla.
Entrabas de puntillas, sin saber, que el ruido no era lo que lo despertaba. Tus tacones ya no sonaban en sus oídos, repletos de otros andares de los que te repugnaban, ni tu silueta inundaba ya sus retinas tan reticentes a ella, que ni la captaban. Desmemoriadas, a posta.
Lo cierto es que nunca supiste cuidarle, no lo arropabas, no te importaba si el sol le mojaba los párpados por las mañanas, o la luna se le metía en la cama. Ignorabas sus horas tendido a secar, su piel rasgada de soledades muertas, de esas que no se quitan ni con goma de borrar.
Sus tantas notas de despedida sobre trozos de papel que tú misma empaquetabas para reciclar y él lo convertía en su peculiar manera de decirte las cosas... cuando por sus labios ya no acostumbraban a salir nadas envueltas en halos de condescendencia pasajera, revestidas de coraje abstracto, y orgullo retirado. Cuando tus uñas de azahar te peinaban tus primeras canas, cuando en los cielos de las bocas no encontrabas la anilla de tu paracaídas de emergencia, cuando el coche perdía la buena costumbre de frenar a tiempo, cuando los ríos de esos con troncos a los que aferrarte, ahora te ahogaban, cuando el tedio te rajaba los miedos de tus alas... a volar, y otra vez te veías de vuelta a la casilla de salida...
Lo cierto es que nunca supiste cuidarte, no te arropabas, ni te importaba si la luna te mojaba los párpados por las mañanas, o si el sol se había convertido en persona non grata en tu cama, hacía semanas...

31 mar 2010

Sintámonos vivos

Inúndame de latidos inciertos
a cada paso del viento...

Empápa
te de lluvia lenta,
pero certera,
siempre que el sol te respalde
Enréda
te en luces blancas
aletea alto, sube puertos
de montaña
Sopla más velas
con o sin tartas
Esculpe fronteras
y luego deshazlas
Construye castillos
de arena con ventanas,
y
fuertes murallas
El mar hará el resto
Fúndete con tus sueños
Y sobre todo,
vive
a ras de cielo
utiliza las nubes
de sombrero
y siénte
te como en casa
Baila descalzo a ritmo
de fuegos intermitentes

Y olvida el tiempo

"Gato en el Cementerio de Monmartre"




Lo miré,
Me miró...
Y nuestras miradas traspasaron los tiempos y los espacios que nos separaban.
Todos.

30 mar 2010

Oscuridad buscada

Introducías lentamente tu pulgar en su herida ante mi atónita mirada, mientras los que nos rodeaban miraban a otra parte. Supiste elegir el momento. Siempre lo hacías... ¡Bravo!-No te lo diría de no ser porque lo tenías muy bien estudiado. Y has seguido tu plan trazado, sin un sólo error. Lo has medido, y seguido al pie de la letra-.
A la par que la música sonaba y las luces de aquel tugurio de mala muerte centelleaban. Y las estrellas, aquella noche, en caparazones, ávidas corazas ante los posibles ataques de sus iguales, dado el espectáculo que presenciaban, se cuidaban de que la historia se repitiera por esa vez, en primera persona...

Deslumbrabas a mis palabras escritas en trozos de tu inercia pasajera, en tantos aviones de hojalata. Como respuesta, mis palabras se disfrazaban para no llamar la atención en tal desfile de máscaras.
Me gustaría tanto haberte dicho en su momento aquel torrente de palabras sin colorantes ni conservantes, sin nada, auténticas, que estaban listas para salir pero en él último momento, conseguí que dieran marcha atrás, por mi garganta, y según bajaban, supe que nunca iba a estar contenta por ello. Más bien al contrario...
Lo cierto, es que lo único que recuerdo con cierta claridad de aquella noche es precisamente el momento en que salimos del bar, la luz de la farola de enfrente te alumbraba sacando a relucir tus peores caras, él a oscuras, yo entre-medias... Tuve que elegir, y pasé al lado de la oscuridad absoluta sin una sola de mis recurrentes dudas. Sin una sola de tus recurrentes miradas.
Sumidos en el más absoluto silencio, el callejón se nos hizo larguísimo y sin salida, y la luna tan lejos ni siquiera alumbraba. La oscuridad se respiraba. Los relojes ya no giraban, el aire amalgamado y tú, ya no estabas.

16 feb 2010

I

Como cada noche, retomé la vieja construcción de mi semi-olvidado proyecto (a estas horas), a base de piezas de esas, de colores, con relieves diversos, que se enclavan unas con otras buscando encajar a la perfección, o casi... Esas, que guardan cierta relación con las de Lego. Como cuando éramos unos niños, en el recreo, con tantas entre las manos, que no sabíamos ni por dónde empezar. Y hoy, algunos años más tarde, me parece mentira que se me haya pasado colocar una de ellas, justo en el agujero por el que hoy se cuela ese extra de luz. Que por otra parte, no viene nada mal. Optimiza, indudablemente, mi visión de la vida... Aunque en ocasiones me da la sensación de que su peso se intensifica, haciéndome francamente complicado el hecho de soportar su carga...Crisol de mis innumerables dudas. Que emergen de entre mis tantas cuentas aún por hacer, con eso de que soy de letras. Y mis vuelos a medias. Me gustaría no haber contado nunca ventanas, en lugar de ovejas. Ni sueños tan tempranos. Ni palos varios, ya que estamos. Algunos más serios que otros. Y otros, tan poco serios... que ni se me ocurre el calificativo más fiel capaz de expresarlo... pero no por ello menos dolorosos. Y los besos tardíos y sin cuerdas de guitarra, ni aleteos de mariposas..., ni aquellos tantos otros acompañamientos propios del momento, pero el tren tiene un horario, y para fastidio de algunos, suele cumplirlo. Y luego toca echar a correr, ya sea con la esperanza / ilusión de alcanzarlo o, por el contrario, con la fe de correr tan rápido justo en la dirección contraria, que esa misma velocidad consiga borrar el momento, el tren mismo, incluso el aleteo ausente.

3 feb 2010

De espaldas al viento

El hielo, concentrado, que no quiso cambiar de estado, se quedó inmóvil ante mi estupor cansado. Roído y aletargado. Deshecho por el paso de las hojas empapadas de letras que contemplo.
Que me queman los hielos...
Y me inundan el calendario. De hojas arrancadas las tardes raras. Los años pares y canciones arrítmicas. Si mis números no son primos, no es mi culpa que no te salgan las cuentas. Re-hazlas hasta que algo saques en claro. Y si el cristal continúa empañado, entonces, nada podré añadir a las tantas montañas de palabras caídas.

Y soles sin nombre.

Y lluvias disecadas.

Y princesas azules.

Y ranas heladas. Que ante la pregunta en encuestas acerca de si cambiarían de estado, sus respuestas fueron "no sé, no contesto". Pero sí lo saben.
Aunque no lo sepan.

Y sigo de espaldas. Al tiempo que pasa, encolmado de incertidumbres varias, y miedos inútiles. Ojalá las nubes se asociaran para defender sus formas, evitando así las posibles discusiones que puede suponer el obsevarlas largo y tendido...
No me mires así. Ni te calles. Ni me mientas con premeditación, que se me quitan las ganas.
Sutil diana, sin flechas ni nada. Sólo colores.
Adivina en cuál debes acertar...

29 dic 2009

Fortuit

Se reencontró por fin con su alter-ego, más perdido y enredado que nunca. Ausente hasta decir basta. Transparente. Tanto que hasta sus propios latidos se resintieron por unos segundos. Y recordó, recordó tantas cosas que tuvo miedo, por una vez, del tiempo, que corre y la recorre, pero no como el viento: por entre la falda, sino más bien por todas partes, desde las comisuras de sus labios, jóvenes aún, a pesar de lo que otros parecen percibir.... hasta el último milímetro de sus uñas, pasando por el resquicio más recóndito de su cuerpo, de su alma... pero... ¿acaso existe un alma? se preguntaba ante el espejo, y su propio eco le hizo estremecerse, sus vellos se enfilaron, puntiagudos, ante un precipicio de millón y medio de dudas, las suyas, las de siempre, con más o menos arrugas junto a la boca, y también esas otras señales, que el reloj se empeña en ir regando por los cuerpos de ciertas personas... y se gira, y esquiva un coche, y un vuelo de un avión de papel de un niño pequeño, y piensa, y se ahoga entre los dedos de un año más que parece tocar fin doce campanadas después.

10 nov 2009

Todo se hace mayor

Todo ha cambiado tanto desde que yo no estoy... que se me hace difícil recordar el primer porqué.

El caso es que ahora ya todo es Noviembre, y eso sí que permanece- y menos mal- dura y se estira en el tiempo. En el mío. Mi calendario de hojas caídas. Da igual el resto. Como que las hojas caigan y justo tú pases debajo del día en cuestión y una de ellas haga estremecer a tu ojo izquierdo, que se regaña independiente de tu cerebro. Me da tanto igual como que las gotas renieguen de mi piel y hasta de mi jersey cuando lo retuerzo al entrar a casa literalmente empapada y con la respiración entrecortada por correr, bailar y hasta gritar bajo la lluvia. Bajo tu lluvia. Tú, mientras tanto te tomas ese té bajo la lámpara, libro en mano. Me miras y dices tantas cosas sin abrir la boca que me ruborizo de ilusión. Bajo el prisma de una noche paralela. Un día prometido y un niño que mira perplejo, sentado en la acera. Recubierta, ajena a todo lo que la rodea, de lagunas inertes, de aquello que los egoístas no dejaron florecer. Y lo que sí lo hizo.



Todo se ha vuelto tan grande que ya no veo nada. Los años pasan por todos.

Aunque no consuele pensarlo. Saberte a mi lado sí que reconforta.

6 oct 2009

Una historia de ¿amor?

Y dijo él:
"Vamos a contar mentiras tralará"

Y ella sacó de su bolso negro repleto hasta el último de sus minibolsillos (interiores y exteriores) una caja de tapones amarillos de esos de goma. Se los colocó y luego volvió a bucear en su universo personal de cosas desordenadas. Esta vez extrajo un lápiz y un papel. También un estuche de lápices de colores.
Él continuaba interpretando su papel cual actor recién consagrado, pero con tanto énfasis, que en determinadas partes, parecía uno de los más reconocidos. Oscar bajo el brazo incluido.
Ella pintó una cara feliz en su papel y la recortó a modo de careta.
Bajo la pintura, a estas alturas le costaba encontrarse.
Él se había perdido hacía años luz por el mismo camino.
Nadie cambió la bombilla cuando era el momento de hacerlo.
Ambos se preguntaban qué había sucedido, cúal fue el minuto en el que sus relojes se des-ajustaron.
Y sus horas ya no volvieron a ser las mismas.

Años después, se reencuentran sin tantos miedos a flor de piel. Con relojes nuevos, deseando ponerlos en hora a la vez.

Ave Fénix

Esta mañana, el resurgir del Ave Fénix se hizo eco en mi historia por un instante, me atrevería a decir incluso que se quedó corto. Fue como si de pronto tantas palas de tierra encolmadas y derramadas por sobre mi propio tejado, se esparcieran y luego, se fueran esfumando, granito tras granito... lenta y placenteramente de mi piel, antes cubierta, completamente embadurnada, amarrada cual sombrilla a la arena, anclada en un fondo agreste. Se disipaban, y lo hacían en forma de ondas, círculos concéntricos, que al final lo único que dejan tras de sí no es ni la sombra de lo que fue el último... al tiempo que el primero, ya tan lejano, sólo puede intentar recordar lo que significó su tiempo.

Como aquel beso tan fugaz que casi ni sentiste, cuando aún ni sabías que en los labios albergabas tanto, que decir, que sentir, que probar, que besar.

Como aquel verano entre las zarzas, aún con las heridas abiertas, sangrantes, y lo mucho que me marea ese color tan rojo-espeso, y sin relajar la sonrisa ni por una milésima de segundo. Como si en ello me fuera la vida, como si en ella estuviera la clave para que todo lo demás no dejara de ser más que el decorado. Como si los escenarios de la vida perdieran su efímera relevancia, como si tú no fueras más que mi espejo, en el que mi reflejo ganara bastante, para qué negarlo...

El caso es que de repente sentí que todo se tornaba algo menos oscuro que de costumbre, alguien prendió la luz...

A estas horas, aún me pregunto quién ...

11 sept 2009

Lo mejor que podría pasarte

No te subas por las paredes si lo que te espera en lo más alto, no merece la pena. No saltes al vacío si justo abajo no te espera una confortable cama elástica, ni te vayas, si allí donde llegarás no está esa persona que sólo con respirar junto a tu piel consigue ese efecto que ninguna que conozcas o hayas conocido haya logrado primero. No ames si tu corazón es de esos que vienen adheridos al pecho, de esos perezosos que no se mueven, que no laten fuerte por no gastar energías... no cierres los ojos, si tras ellos no te espera eso en lo que piensas y no dejas de pensar en uno sólo de los segundos de tus días.

No permitas que tus lágrimas lleguen al río si no hay una barca sin horas, permanentemente, por si te cansas de nadar. No te vendas a la deriva, no firmes el contrato a menos que hayas leído bien la letra pequeña. No me busques si no esperas que te diga lo que no quieres oír, y te abrace minutos después. No sientas si ese sentimiento no consigue que sonrías todo el tiempo. No uses reloj, ni cuentes las horas, no sueñes si no es bonito, no desistas, ni dejes de desear si no alcanzas previamente aquello que deseaste alguna vez. Inténtalo, inténtalo todo, hasta que cuentes mil, una y otra vez, hasta que la cuenta se pierda por sí misma en su propia espiral inventada, no pierdas los estribos, ni los nervios, ni los papeles, porque quizás los necesites más de lo que crees. Ni tampoco, por favor y hazme caso, dejes de perderlos nunca.

No dejes de volar si estás vivo, más bien ponte unas gafas de esas de aviador o sin ellas y dedícate a mirar a todas partes, a tocar todo lo que te llame la atención, escuchar aquellas canciones que en algún momento, en otros vuelos, significaron tanto. Investiga hasta que sepas cómo huele lo que está por encima del cielo, y sobre todo, no bajes para poner los pies en la tierra si la situación no lo exige, si no es estrictamente necesario.

No te canses de estar, de ser, ni de correr, porque ese es el peor abismo de la nada en el que puedes caer, no caigas, y si lo haces, no olvides el manual de instrucciones para volver cuando quieras. Y si lo has olvidado, no te preocupes, porque me han dicho que está bien señalizado...

Si aún así, no dejas de sentir que todo esto ya lo has hecho y no dejas de tropezar con las mismas piedras, piensa que esto sólo es un resumen, y que probablemente signifique que no haces otra cosa que vivir sin parar, a pesar del camino y sus piedras, y eso es, sin duda alguna, lo mejor que podría pasarte.

26 ago 2009

Veintiocho de agosto de dos mil nueve

Porque no sé vivir ya..., si no es contigo.
Y escribo el título en pequeñito, no sea que te lo vayas a creer más de la cuenta...

Después de mil historias derramadas sobre nuestras sábanas de margaritas negras y blancas..., y unos cuantos kilómetros más a la redonda...
Sólo puedo decir... que si no fuera porque en unas horas voy a verte otra vez, pensaría que esto es un sueño, y que nunca te conocí, en aquel garito mitad-turbio, mitad-representativo de la noche madrileña para muchos, hace algo más de un año. -Ya sabes, ningún abanico ha vuelto a significar tanto para mi, y eso que ni siquiera era mío... -Y que tampoco estamos donde estamos tras aquel NO que me estampaste, sutilmente (o quizás NO tanto), como respuesta, a través de tus labios justo entre las líneas de mis ganas...
Ya sabes, la distancia acaba con mi paciencia, y esto me viene de antes, no sé esperar, es como un círculo vicioso... Sin embargo, ahora mismo que te escribo esto, me siento como aquel 5 de agosto, cuando salí de "la eterna primavera", con destino: "gran ola de calor madrileña" muy poco llevadera, en un vuelo que se me hizo más largo que nunca, sin llegar a resentir mis alas, y eso que a estas alturas podría escribir un libro sobre aviones, prisas y aeropuertos. Ya sabes, sobre lo poquito que me gustan. Pero aquel día... Aquel día todo eso me parecía el mejor de los inventos... Atravesar aquella puerta, al cabo de algo más de dos horas, verte, al otro lado... con un cartel entre tus manos enmarcando una sonrisa pintada... que se me cotagiaba... Con un millón de besos envueltos, en papel de regalo, en tus bolsillos, y otros tantos repartidos por toda tu casa...

La verdad es que nunca lo esperé, nunca (te) esperé... y sin embargo llegaste. Con maletas incluidas, y te instalaste en mi vida (ya sé que te sonará paradójico, pero lo digo sólo metafóricamente)...
Ya sabes... no sé hasta qué punto las cosas renuncian a su condición de efímeras y me vuelvo loca intentando averiguarlo..., pero esta vez, esta vez no tengo otro objetivo que venderte y vender(me) el carpe diem de antaño, y si no lo consigo, siempre me quedarán esos instantes que guardo en un baúl, pero no de recuerdos, tú ocuparías demasiado espacio, demasiados baúles, y además: no quiero. Prefiero que nos bañemos, de presentes que no cesen de caer entre las gotas de lluvia, que nos empapen por dentro, y por fuera, que nos revistan la ropa, que nos tiñan los poros... todos los inviernos y veranos..., que nos llenemos de lunas oscuras, desnudos, cada verano..., que las flores sigan invadiendo nuestros sueños de todo el año, de cada uno de los años.

Porque te quiero, y confío en que esto no te parezca la mayor cursilada del mundo. Porque eres el motivo de mis días más felices y especiales, el causante de mi risa-tonta-ininterrumpida-infantil-y-completamente esclarecedora acerca de mi estado emocional. Porque eres tantas cosas ya... que... si sigo... quizás... te asustes, y salgas corriendo.

Gracias por todo esto y por lo que no te escribo, por lo que me dices y no, por lo que me besas.

23 ago 2009

Cielo de Madrid, casi- noche de jueves.




Mis tardes se enrarecían aquel otoño rosado, las nubes se cuarteaban, y lo peor era que todas aquellas antenas me tapaban el sol... No me dieron tiempo a despedirle.
Como merecía.

Así te conocí...


... ¡y ahora eres una pantera!

Pérdidas afortunadas

Pierdo el equilibrio. Y me elevo, aunque luego caigo y recaigo sobre tus huecos. Y me hundo. Y quizás, lo peor es que me encanta. Adoro hundir mis pies en tu arena. Y mirarte de reojo cuando tú me miras. Y sonreírte descaradamente, y sonrojarme cuando, descalza, paso y repaso cada una de mis noches contigo.

Sin dejar huellas.

A destiempo, pero con tiempo.

Y contigo..., contigo.

Pierdo la noción del tiempo. Y me encuentro. Rodeada de tus dedos, empapada de tus sueños.

Vienes, y me encanta. Volver a sentir aquellas mariposas de seda cuando te veo, de lejos, entrando, recorres un tramo hacia mi, y todo me parece que se ralentiza, como si de un plano de una peli de Medem se tratara, pero no. Ahí estás tú, y suena tu música, Pink Floyd, David Bowie, o una mezcla con otros. Y toda esa efervescencia veraniega que me acaricia la espalda. Y subiendo, como escalofríos de agua salada.

Como tus noches a las mías aferradas.

Tela de araña


No sé cuántas nubes adornan tus cielos. Ni qué cantidad de formas pueden llegar a tener... No sé si tus soles alumbran lo suficiente, o si alguno se te habrá fundido, pero por si acaso, te presto unos míos, de los que están aún sin estrenar...

Confío en que lleves la cuenta de las veces que tiemblo, de frío-ausencia. Y de los fuegos que apagan tus tantas tormentas...
No sé si es el tiempo, los versos, o los días de invierno...
A estas alturas, el verano se va extinguiendo, y nosotros, sentados, enredados en una tela de araña, nos disponemos a ver el espectáculo sin hacer nada, sin mediar palabra, sin nosotros dentro.
Sólo carcasas de lo que fuimos. Un día. Personajes de un cuento...

22 ago 2009

En llamas

La luna se vaciaba sobre mis llamas, al tiempo que tú, empapado, te vendías al sol por muy poco. El sol, a todas éstas, flirteaba conmigo...

"La noche es larga" - decías a las 8.00 a.m. Y a mi no me quedaban horas en el bolso. Sólo quería entregarme apasionadamente, y sin dudas, a mi almohada...

Todo empezó cuando el ruido infernal tocó su fin. O el mío... Paradójicamente las luces eran más fuertes que nunca, y de más colores. La bola plateada, central y giratoria, parecía correr más...

- ¿Bailamos?

- Está lloviendo...

- Es verano...

- (Silencios vestidos de sonrisas).

La vida en carrusel de esos de playa parece más leve... Los pájaros sobrevuelan mis campos de dudas plantadas que necesitan cada vez más agua para crecer, solamente, y menos mal, porque de abono ando escasa...

- ¿Bailamos?

Hace tiempo me robaron las gafas, y siempre invento excusas para no sustituirlas, porque no me siento preparada para empezar de nuevo con otras distintas. Ya me había acostumbrado a la perspectiva de aquellas... Así que ahora, en protesta, prefiero no ver nada...

- ¿Bailamos?

Me suelen llover mares encima cuando se me traban mis cientos de paraguas, que nunca tiro, por nostalgia, cada uno me recuerda algo, una historia diferente enganchada en cada varillaje desplegado, pero siempre se me rompen por el mismo sitio.

Siempre me dicen adiós.

No sé qué les hago...

- Bailamos.

Todo esto, entre otras cosas, se me pasaba por la cabeza, de ojos cerrados y labios irritados, de tantos besos que me dabas, aunque yo prefería pensar que era por todos esos que, aún así, echaba en falta. Me agarrabas. Sonaba nuestra canción.

"Siempre quieres más" - pensabas, y con razón. Mi cabeza se inundó de nubes y mi almohada se tiñó de rimmel, y yo abandonada a los brazos de Morfeo.

Aún así, tus manos aún me rodeaban las tantas bocanadas del humo de inciensos varios de mi habitación (que olvidé apagar, siempre me pasa, espero que no pase nada).

- ¿Bailamos? ...

6 ago 2009

No todo es coser y cantar

Siento cómo una vez más se me entreabren las costuras de mi cuerpo, de mi pecho... por dentro, pero no me asusto, no me rasgo las vestiduras ni por un momento. Sólo sigo, sigo siendo abanderada de tus besos, como mi único remedio. Agarrándome a tu vela, y que nos lleve el viento.Me olvido de las posibles cicatrices y me entrego, a tus tantos peldaños agrietados, olvidados de mi olvido y tú... sin embargo, me cuelgas de las perchas del tiempo, para que me dé cuenta de que no siempre es todavía, pero entonces me enredo, y desciendo, de las nubes de tus cielos, y toco suelo. Para entender que no todos miramos por las mismas gafas el mundo. Que no todos usamos las mismas suelas de zapatos, y gracias a eso, no todos las llevamos igual de desgastadas, ni tan siquiera nuestros poros se llenan y vacían al mismo tiempo. Que tu aroma habla, y tus miradas atraviesan mi enrevesado armamento, mientras mis corazas se derriten al tiempo, que percibo todo esto. Mientras mis dedos se posan sobre tu pecho... por dentro... para notar si aún, a ti, te queda, escondida, callada, rasgada, alguna de tus costuras tantas veces remendadas.

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti