22 jun 2010
Preparados... ¿Listos?
17 jun 2010
Palabras
Nunca supo hablar, pero no le hacía falta.
10 jun 2010
El Km 32 de la Autopista del Norte
Hoy, desde lo lejos, he tenido la oportunidad de sentirme más allí que hace mucho tiempo...
Les invito a visitar: http://frasesanonimas.blogspot.com
14 abr 2010
Del amor
2 abr 2010
Non grata
31 mar 2010
Sintámonos vivos
a cada paso del viento...
Empápate de lluvia lenta,
siempre que el sol te respalde
Enrédate en luces blancas
aletea alto, sube puertos
de montaña
Sopla más velas
con o sin tartas
Esculpe fronteras
y luego deshazlas
Construye castillos
de arena con ventanas,
y fuertes murallas
El mar hará el resto
Fúndete con tus sueños
Y sobre todo, vive
a ras de cielo
utiliza las nubes
y siéntete como en casa
Baila descalzo a ritmo
de fuegos intermitentes
"Gato en el Cementerio de Monmartre"

30 mar 2010
Oscuridad buscada
A la par que la música sonaba y las luces de aquel tugurio de mala muerte centelleaban. Y las estrellas, aquella noche, en caparazones, ávidas corazas ante los posibles ataques de sus iguales, dado el espectáculo que presenciaban, se cuidaban de que la historia se repitiera por esa vez, en primera persona...
Deslumbrabas a mis palabras escritas en trozos de tu inercia pasajera, en tantos aviones de hojalata. Como respuesta, mis palabras se disfrazaban para no llamar la atención en tal desfile de máscaras.
Me gustaría tanto haberte dicho en su momento aquel torrente de palabras sin colorantes ni conservantes, sin nada, auténticas, que estaban listas para salir pero en él último momento, conseguí que dieran marcha atrás, por mi garganta, y según bajaban, supe que nunca iba a estar contenta por ello. Más bien al contrario...
Lo cierto, es que lo único que recuerdo con cierta claridad de aquella noche es precisamente el momento en que salimos del bar, la luz de la farola de enfrente te alumbraba sacando a relucir tus peores caras, él a oscuras, yo entre-medias... Tuve que elegir, y pasé al lado de la oscuridad absoluta sin una sola de mis recurrentes dudas. Sin una sola de tus recurrentes miradas.
Sumidos en el más absoluto silencio, el callejón se nos hizo larguísimo y sin salida, y la luna tan lejos ni siquiera alumbraba. La oscuridad se respiraba. Los relojes ya no giraban, el aire amalgamado y tú, ya no estabas.
16 feb 2010
I
3 feb 2010
De espaldas al viento
Que me queman los hielos...
Y me inundan el calendario. De hojas arrancadas las tardes raras. Los años pares y canciones arrítmicas. Si mis números no son primos, no es mi culpa que no te salgan las cuentas. Re-hazlas hasta que algo saques en claro. Y si el cristal continúa empañado, entonces, nada podré añadir a las tantas montañas de palabras caídas.
Y soles sin nombre.
Y lluvias disecadas.
Y princesas azules.
Y ranas heladas. Que ante la pregunta en encuestas acerca de si cambiarían de estado, sus respuestas fueron "no sé, no contesto". Pero sí lo saben.
Aunque no lo sepan.
Y sigo de espaldas. Al tiempo que pasa, encolmado de incertidumbres varias, y miedos inútiles. Ojalá las nubes se asociaran para defender sus formas, evitando así las posibles discusiones que puede suponer el obsevarlas largo y tendido...
No me mires así. Ni te calles. Ni me mientas con premeditación, que se me quitan las ganas.
Sutil diana, sin flechas ni nada. Sólo colores.
Adivina en cuál debes acertar...
29 dic 2009
Fortuit
10 nov 2009
Todo se hace mayor
El caso es que ahora ya todo es Noviembre, y eso sí que permanece- y menos mal- dura y se estira en el tiempo. En el mío. Mi calendario de hojas caídas. Da igual el resto. Como que las hojas caigan y justo tú pases debajo del día en cuestión y una de ellas haga estremecer a tu ojo izquierdo, que se regaña independiente de tu cerebro. Me da tanto igual como que las gotas renieguen de mi piel y hasta de mi jersey cuando lo retuerzo al entrar a casa literalmente empapada y con la respiración entrecortada por correr, bailar y hasta gritar bajo la lluvia. Bajo tu lluvia. Tú, mientras tanto te tomas ese té bajo la lámpara, libro en mano. Me miras y dices tantas cosas sin abrir la boca que me ruborizo de ilusión. Bajo el prisma de una noche paralela. Un día prometido y un niño que mira perplejo, sentado en la acera. Recubierta, ajena a todo lo que la rodea, de lagunas inertes, de aquello que los egoístas no dejaron florecer. Y lo que sí lo hizo.
Todo se ha vuelto tan grande que ya no veo nada. Los años pasan por todos.
Aunque no consuele pensarlo. Saberte a mi lado sí que reconforta.
6 oct 2009
Una historia de ¿amor?
Y ella sacó de su bolso negro repleto hasta el último de sus minibolsillos (interiores y exteriores) una caja de tapones amarillos de esos de goma. Se los colocó y luego volvió a bucear en su universo personal de cosas desordenadas. Esta vez extrajo un lápiz y un papel. También un estuche de lápices de colores.
Él continuaba interpretando su papel cual actor recién consagrado, pero con tanto énfasis, que en determinadas partes, parecía uno de los más reconocidos. Oscar bajo el brazo incluido.
Ella pintó una cara feliz en su papel y la recortó a modo de careta.
Bajo la pintura, a estas alturas le costaba encontrarse.
Él se había perdido hacía años luz por el mismo camino.
Nadie cambió la bombilla cuando era el momento de hacerlo.
Ambos se preguntaban qué había sucedido, cúal fue el minuto en el que sus relojes se des-ajustaron.
Y sus horas ya no volvieron a ser las mismas.
Años después, se reencuentran sin tantos miedos a flor de piel. Con relojes nuevos, deseando ponerlos en hora a la vez.
Ave Fénix
Como aquel beso tan fugaz que casi ni sentiste, cuando aún ni sabías que en los labios albergabas tanto, que decir, que sentir, que probar, que besar.
Como aquel verano entre las zarzas, aún con las heridas abiertas, sangrantes, y lo mucho que me marea ese color tan rojo-espeso, y sin relajar la sonrisa ni por una milésima de segundo. Como si en ello me fuera la vida, como si en ella estuviera la clave para que todo lo demás no dejara de ser más que el decorado. Como si los escenarios de la vida perdieran su efímera relevancia, como si tú no fueras más que mi espejo, en el que mi reflejo ganara bastante, para qué negarlo...
El caso es que de repente sentí que todo se tornaba algo menos oscuro que de costumbre, alguien prendió la luz...
A estas horas, aún me pregunto quién ...
2 oct 2009
11 sept 2009
Lo mejor que podría pasarte
No permitas que tus lágrimas lleguen al río si no hay una barca sin horas, permanentemente, por si te cansas de nadar. No te vendas a la deriva, no firmes el contrato a menos que hayas leído bien la letra pequeña. No me busques si no esperas que te diga lo que no quieres oír, y te abrace minutos después. No sientas si ese sentimiento no consigue que sonrías todo el tiempo. No uses reloj, ni cuentes las horas, no sueñes si no es bonito, no desistas, ni dejes de desear si no alcanzas previamente aquello que deseaste alguna vez. Inténtalo, inténtalo todo, hasta que cuentes mil, una y otra vez, hasta que la cuenta se pierda por sí misma en su propia espiral inventada, no pierdas los estribos, ni los nervios, ni los papeles, porque quizás los necesites más de lo que crees. Ni tampoco, por favor y hazme caso, dejes de perderlos nunca.
No dejes de volar si estás vivo, más bien ponte unas gafas de esas de aviador o sin ellas y dedícate a mirar a todas partes, a tocar todo lo que te llame la atención, escuchar aquellas canciones que en algún momento, en otros vuelos, significaron tanto. Investiga hasta que sepas cómo huele lo que está por encima del cielo, y sobre todo, no bajes para poner los pies en la tierra si la situación no lo exige, si no es estrictamente necesario.
No te canses de estar, de ser, ni de correr, porque ese es el peor abismo de la nada en el que puedes caer, no caigas, y si lo haces, no olvides el manual de instrucciones para volver cuando quieras. Y si lo has olvidado, no te preocupes, porque me han dicho que está bien señalizado...
Si aún así, no dejas de sentir que todo esto ya lo has hecho y no dejas de tropezar con las mismas piedras, piensa que esto sólo es un resumen, y que probablemente signifique que no haces otra cosa que vivir sin parar, a pesar del camino y sus piedras, y eso es, sin duda alguna, lo mejor que podría pasarte.
26 ago 2009
Veintiocho de agosto de dos mil nueve
Porque no sé vivir ya..., si no es contigo.
Y escribo el título en pequeñito, no sea que te lo vayas a creer más de la cuenta...
Después de mil historias derramadas sobre nuestras sábanas de margaritas negras y blancas..., y unos cuantos kilómetros más a la redonda...
Sólo puedo decir... que si no fuera porque en unas horas voy a verte otra vez, pensaría que esto es un sueño, y que nunca te conocí, en aquel garito mitad-turbio, mitad-representativo de la noche madrileña para muchos, hace algo más de un año. -Ya sabes, ningún abanico ha vuelto a significar tanto para mi, y eso que ni siquiera era mío... -Y que tampoco estamos donde estamos tras aquel NO que me estampaste, sutilmente (o quizás NO tanto), como respuesta, a través de tus labios justo entre las líneas de mis ganas...
Ya sabes, la distancia acaba con mi paciencia, y esto me viene de antes, no sé esperar, es como un círculo vicioso... Sin embargo, ahora mismo que te escribo esto, me siento como aquel 5 de agosto, cuando salí de "la eterna primavera", con destino: "gran ola de calor madrileña" muy poco llevadera, en un vuelo que se me hizo más largo que nunca, sin llegar a resentir mis alas, y eso que a estas alturas podría escribir un libro sobre aviones, prisas y aeropuertos. Ya sabes, sobre lo poquito que me gustan. Pero aquel día... Aquel día todo eso me parecía el mejor de los inventos... Atravesar aquella puerta, al cabo de algo más de dos horas, verte, al otro lado... con un cartel entre tus manos enmarcando una sonrisa pintada... que se me cotagiaba... Con un millón de besos envueltos, en papel de regalo, en tus bolsillos, y otros tantos repartidos por toda tu casa...
La verdad es que nunca lo esperé, nunca (te) esperé... y sin embargo llegaste. Con maletas incluidas, y te instalaste en mi vida (ya sé que te sonará paradójico, pero lo digo sólo metafóricamente)...
Ya sabes... no sé hasta qué punto las cosas renuncian a su condición de efímeras y me vuelvo loca intentando averiguarlo..., pero esta vez, esta vez no tengo otro objetivo que venderte y vender(me) el carpe diem de antaño, y si no lo consigo, siempre me quedarán esos instantes que guardo en un baúl, pero no de recuerdos, tú ocuparías demasiado espacio, demasiados baúles, y además: no quiero. Prefiero que nos bañemos, de presentes que no cesen de caer entre las gotas de lluvia, que nos empapen por dentro, y por fuera, que nos revistan la ropa, que nos tiñan los poros... todos los inviernos y veranos..., que nos llenemos de lunas oscuras, desnudos, cada verano..., que las flores sigan invadiendo nuestros sueños de todo el año, de cada uno de los años.
Porque te quiero, y confío en que esto no te parezca la mayor cursilada del mundo. Porque eres el motivo de mis días más felices y especiales, el causante de mi risa-tonta-ininterrumpida-infantil-y-completamente esclarecedora acerca de mi estado emocional. Porque eres tantas cosas ya... que... si sigo... quizás... te asustes, y salgas corriendo.
Gracias por todo esto y por lo que no te escribo, por lo que me dices y no, por lo que me besas.
23 ago 2009
Cielo de Madrid, casi- noche de jueves.
Pérdidas afortunadas
Pierdo el equilibrio. Y me elevo, aunque luego caigo y recaigo sobre tus huecos. Y me hundo. Y quizás, lo peor es que me encanta. Adoro hundir mis pies en tu arena. Y mirarte de reojo cuando tú me miras. Y sonreírte descaradamente, y sonrojarme cuando, descalza, paso y repaso cada una de mis noches contigo.
Sin dejar huellas.
A destiempo, pero con tiempo.
Y contigo..., contigo.
Pierdo la noción del tiempo. Y me encuentro. Rodeada de tus dedos, empapada de tus sueños.
Vienes, y me encanta. Volver a sentir aquellas mariposas de seda cuando te veo, de lejos, entrando, recorres un tramo hacia mi, y todo me parece que se ralentiza, como si de un plano de una peli de Medem se tratara, pero no. Ahí estás tú, y suena tu música, Pink Floyd, David Bowie, o una mezcla con otros. Y toda esa efervescencia veraniega que me acaricia la espalda. Y subiendo, como escalofríos de agua salada.
Como tus noches a las mías aferradas.
