16 abr 2012

Del fluir

Estar a la deriva es el riesgo que entraña el fluir. La clave es pillarle el ritmo a las olas.

15 mar 2012

Un día

Viniste al final sólo para retirarme el pelo de la cara mientras miraba hacia abajo.
Sólo para darme la mano cuando el vértigo hizo el resto.
Sólo para besarme dulce y suavemente la comisura de los labios.
Para morderme el cuello.

Viniste sin maletas para quedarte.
O quizás eso fue una conclusión sólo mía.
Viniste para verme mirar(te). Estoy convencida.

Viniste para dibujarme las cosas que no entendía.
Para subrayarme las partes menos importantes,
las que siempre se me escapan antes de que consiga alcanzarlas
y quitarle las máscaras.

Viniste un día.
Para sacarme los colores.
Para sacarme fotos.
Para sacarme lo que no me había(s) sacado aún.

Para saquearme los últimos atisbos de confianza
que sobrevivieron a la última revolución.
A la última masacre.
A la sangre de versos sin pluma.
A la voz de aquella garganta, seca y sin piedad.
Al humo de cigarrillos, de incienso.

Viniste para (no) decirme que te ibas.
Para (no) decirme adiós.
Por eso (no) podías dejar de venir.
Ni yo de verte llegar.
                 
(Todavía) espero el día en que te irás.
Con una espesa capa de bruma
para no verte venir
una vez más.
Con el arcoiris puesto
entre mis pestañas y lo demás.
Como señal de aviso.

Sólo dejaré que vengas
para continuar,
de lo contrario,
(por mi)
Te puedes quedar
donde (no) estás
hace tiempo.


8 mar 2012

Certezas de media noche

Resurgiré.
Resurgire(mos).

Redundancias recurrentes

Jugamos a irnos
para volver a volver.

[Siempre] estamos volviendo.

6 feb 2012

Latidos mojados

Me pillas con el corazón empapado, 
para serte franca.
Sécamelo, 
pero sin pasarte.
Bésame, 
pero sin tocarme.
Y luego ya... 
Podemos negociar el resto.

Sal corriendo, 
pero antes déjame un post-it, 
para no perder el tiempo pensando 
si te habrás ido
O si te has vuelto a esconder
Debajo de la cama
No pienso buscarte.

Llámame, 
pero a horas intempestivas
Proponme planes
(in)decentes
Hazme trucos
de magia
Y apágame la luz 
cuando me vaya a dormir
y, para ese entonces, 
el interruptor
me pille demasiado lejos.

Relléname 
el vaso 
de agua 
de la mesilla
indemne
cada noche el mismo. 
Que cada mañana, 
al levantarme 
sea otro distinto.

Si consigues hacer todo esto, 
y quieres quedarte, 
quédate, 
pero 
tendrás que acostumbrarte
al agua, 
latiendo fuerte.

15 ene 2012

Con gafas de sol

En el exilio de su escalera me dí de bruces con tu cicatriz. No me saludó. Ni yo a ella, todo hay que decirlo. Pero nos miramos. Como se mira a alguien que conociste y te importó. Y no ha dejado de hacerlo, porque nunca lo hacen. Aunque ya no de la misma manera, claro.

Al doblar la esquina su cuello se me antojó de plastilina, y su mirada de agua. De pronto me ahogaba, como cuando una ola te pilla desprevenida y te atrapa, y ya no hay manera. Y te dejas, hasta que encuentras el aire al que agarrarte para no seguir dando vueltas en su espiral rizada...

Salí a la calle con el pelo aún chorreando agua salada, en Madrid, y me lo recogí; me anudé los extremos de la camisa blanca, entonces transparente y me puse el abrigo. Las gafas de sol se las quedó ella, yo no quería pero no lo pensé mucho y cedí, las necesitaría más que yo. Sin mediar palabra, allí estábamos ella y yo, pretendidas desconocidas.

No todas las cicatrices pueden presumir de llevar gafas de sol y no llamar la atención.


14 ene 2012

Zumo de membrillo

Empezar por el principio no está tan mal... aunque no fuera lo habitual. Aunque nunca lo hubiera probado. Las primeras veces siempre llegan, tengas la edad que tengas, y que sigan llegando...

Terminar por el final tampoco era lo que acostumbraba. Nunca ponía el último punto al último renglón, con la firme expectativa de que, en algún momento, por sí mismo, se doblara y (des)doblara, de forma tal, que le diera la vuelta a la historia.
Como si ese espacio último, carente de punto, fuera el correlato esencial de la primera letra del principio.

De principios, finales y problemas con los puntos varios.

13 ene 2012

Bucles certeros

De los imperecederos bucles de otro tiempo, de esos de los que surgían aquellas ideas oscuras, intensas, fuertes. Certeras.
De las sonrisas que se alargaban, se estiraban en público, encadenándose las unas con las otras, desconocidas, haciendo cosquillas sin tocar, haciendo temblar sin llegar a saber a ciencia cierta los porqués de aquellas poco acertadas chispas, que le quemaron las medias por dentro tanto tiempo...
De todos aquellos folios que les recogían el testigo, de los besos al vuelo de otros.
De los paseos a solas, 
sin música, sin sentir, sin querer.
De todo lo que un día parecía que sería (y no fue).

De eso, llevaba repleta su mochila. La que dejó en aquella estación a la que no volvió. Porque si algo no  iba a probar era eso: pasar por la misma estación sin seguir de una a otra, con todas las que hay aguardando sus pasos, eso sí que no. Decididamente no tenía tiempo.

Afortunadamente tenía otras mochilas para llenar, olvidar y perder.
Voluntaria o involuntariamente.

11 ene 2012

Los mejores cinco minutos del día

Latían como corazones enchufados, cuando recargan sus baterías. Juntos pero más separados de lo que se pueda llegar a esperar, a suponer, entre las mismas sábanas. El uno al lado del otro. El otro más lejos del uno que nunca.

Las ruedas del coche en el que viajaban apenas rozaban el suelo; lo lamían despacio, como si quisieran evitar a toda costa que despertara de su letargo. Y ellos con él.
No querían despertar. Como si de esos cinco minutos de más, de siempre, los mejores del día, dependiera todo lo demás, como si fueran los que les arrebataran, paradójicamente, el sentido a su paso y su paseo. Silente y delicado. Dulce y leve.
Como si a cada caricia se les escapara el aire que habían reservado por si acaso, como si esos fueran los últimos golpes de viento que estaban dispuestos a dejar ir; los únicos que dejarían entrar. Y volver.
Las pestañas se les agolpaban como respuesta al sueño que apretaba sus tuercas. Y el mecanismo entero se tambaleaba. A la sombra. Junto al puerto.

Pero latían, y tal vez por eso, sólo por eso, se desenchufaban, para comprobar que, sin corriente, como con ella, no dejarían de hacerlo.

7 ene 2012

Seguir volando

El runrún de la lavadora se le metió por entre las pestañas, estuvo cerca del cortocircuito al entrar en contacto con el de su cabeza. La piel deshojada, rasgada, a un adiós de decir basta. Su vida en un barquito de papel, en aquellas aguas, ligeras, enredadas, furiosas. Y ella, a punto de nieve. El merengue amenazaba su entereza. Subrayaba sus abismos y limaba las esquinas de sus cuadrados dibujados por doquier. En el aire, en sus brazos y pies.

No tenía, ni quería, ni sabía si podía pero lo haría. Las cosas no vienen solas, solía creer, vienen con amigos. Y nunca lo hacen sin motivo. Siempre tienen alguno guardado en su manga. Aunque no lo digan,  aunque se tapen la boca, o se la dejen tapar. Y esta vez no sería la excepción. Saldría al escenario y trataría de dar las volteretas justas. Ese era el plan. Tramado hasta su último espacio, silencio y hasta esa parada cortita para reciferar y replanear ciertos puntos y seguido.

A ella no la iban a engañar. Otra vez. Y lo sabía. Él también lo sabía, pero siempre hay que probar. O eso solía creer.

En el encuentro no faltaron aquellos viejos fuegos artificiales. Ni sueños por venir. No faltaron silencios ni ruidos injustificados. Como aquel encuentro mismo.
Las miradas con casco y rodilleras desde el minuto cero, desde antes de saber que volverían a cruzarse ya habían mirado a otra parte por si acaso, por si en un descuido, les volvieran a enganchar. Su vida, en el barquito, a la deriva durante alrededor de 50 minutos. Los más largos de sus días. O eso le pareció.

Le pesaban los recuerdos, las palabras congeladas en cápsulas, una al día, ni una más. Los riesgos gélidos de su abrazo. Los miedos entrecortados con sus respiraciones. Rítmicas, absurdas, paradójicamente sincronizadas con las de él.

Decidió hacerse al mar y retomar su travesía con un kilo de menos en sus retinas y millones de razones para volar. Para seguir volando.

28 dic 2011

Mover ficha

Escapar no es una opción
Cuando tienes una mirada acostada sobre la tuya
ardiendo, pesando, moviéndose
moviéndote -y removiéndote- todo por dentro.

Es uno de esos momentos, 
es tiempo de mover ficha
poner las cartas sobre la mesa y tomar decisiones
No hay otra manera de hacerlo.




23 dic 2011

Y de repente


Y de repente, tú.

Allí estabas tú. Sentado, aislado, inmóvil, en silencio... y extremadamente relajado – o eso creía yo-. Esbozabas aquella leve sonrisa – imperceptible para el resto - que sólo yo fui capaz de advertir, por casualidad…Te miraba y no te dabas cuenta – o eso pensaba yo-.

Allí estaba yo. Sentada, rodeada de gente, de paisajes en movimiento, de sonidos, de colores… y muy nerviosa – o eso debía parecerle al que me mirara durante más de dos segundos -. No fui capaz de quitarte la vista de encima ni por un momento. Y tú no te percataste de mi presencia – o eso creí (o quise creer) yo-.

Te movías, y te girabas disimuladamente… ¿Por qué no me miras directamente y te ahorras tantos esfuerzos por pasar desapercibido ante mi? – me preguntaba yo, continuamente-.

Yo ya me iba, pero… me bastó verte, reconocerte… o creer verte, para pensármelo dos veces y quedarme allí, en mi posición durante algunos instantes más… Observándote.

Muchos pensamientos en un solo momento. Por una parte deseaba que te giraras de nuevo, a pesar de que me dejarías, por segunda vez, de piedra, y por otra parte, rogaba porque no lo hicieras, por pasar, en esta ocasión, desapercibida ante ti. Y lo hice… O tal vez no. Simplemente preferí no darme cuenta, no estar segura de si lo hice.

Fue un momento casi perfecto. Y digo casi porque todo en la vida es casi. Nada es completamente nada. Todo es relativo y casi nada es todo, no por completo… Así que igual, como otras veces, quizás, aquel no fueras tú, o sí… Podrías haber sido tan sólo la silueta de quien yo creía que eras, lo que yo esperaba que fueras, o quien quería que fueras… No lo sé. O sí… ¿Quién lo sabe? Yo sí, desde luego. Pero quizás preferiría no saberlo… La pregunta es ¿Quién eres tú? ¿Estabas allí? Y, sobre todo, ¿quieres ser quien quiero que seas? Si tu respuesta es sí, seguramente te diré que ya no quiero que seas quien quería que fueses, que ya no. Pero si dices que no, seguiré deseando que lo seas con todas mis fuerzas, desde aquí, inmóvil, en silencio y muy relajada…

¿Quieres acercarte?
Redirijo mi mirada a la página de la que nunca debió separarse.
La levanto y tú ya no estás. Tu asiento ya está vacío.
Comienzo a andar y comprendo que has desaparecido. Te has esfumado y ya no puedo hacer nada… ¿O sí? No voy a echar a correr detrás de ti. No sé si merecería la pena. Y ya he corrido en otras ocasiones sin que mereciera la pena. Además, lo dudo. Ni se me pasaría por la cabeza poner nada en riesgo por simple curiosidad... 
Supongo.

Tu mirada se cruza con la mía, allí, a lo lejos.
Tú bajabas. Yo subía. Nos cruzamos. No eras tú. No era yo. Éramos otros en aquel momento. Dos de la multitud. Dos más. Las escaleras mecánicas con su monótono movimiento hacían su trabajo colocando a cada cual en su lugar.
Desapareces de nuevo, esta vez dejando detrás de ti sólo un metro a gran velocidad. Lo vi tras bajar por donde bajaste.

Volví a subir. Seguía sin ser yo. Ni siquiera era la yo de antes. No podía serlo tras haber bajado y vuelto a subir. Aunque no corrí en ningún momento, ahora todo era diferente.

Y de repente, yo.

(Texto recuperado). 2007.

20 dic 2011

El dinero no lo es todo

El destape siempre pilla en medio del invierno frío, irónicamente. Siempre quedará algún lugar al que ir para deshacerte de toda esa ropa espesa y pesada, de más, y hasta la de menos. Siempre quedará ese trocito de día para modificarlo y/o rehacerlo. Y encontrarle formas a las nubes, hasta a las más tímidas y reticentes a enseñar. Tirados en algún lugar verde, o sobre la arena negra de alguna playa.

Y dejarse hacer por el sol con la piel de sal hasta arriba. Y las heridas cerradas a cal y canto. Dejar atrás todo ese frío contenido, según avanza el avión, con destino 'la navidad más cálida que se te ocurra'. Y si se te ocurre una mejor seguro que te devuelven el dinero. O al menos todas y cada una de las expectativas invertidas.

Es tiempo de volver. De reencuentros y risas que resurgen años más tarde, con alguna que otra línea de más enmarcándolas, pero con toda esa fuerza, y su consecuente dolor de tripa, que implica volver a ver a esas personas expertas en arrancártelas. Al precio que sea.

El tiempo se hace de rogar siempre, pero a veces merece la pena. Tanto que hasta los aviones de vuelta son dulces, y las nubes, de algodón de azúcar. Rosadas y blanditas. Y te pringas, vaya que te pringas, pero da igual, porque llegar con los labios rosa no tiene precio.

Irte con la maleta que, aunque pese siempre una tonelada, das fe de que va vacía (de tiempo), pero llena de huecos para llenarlos de momentos de esos que hacen que todo lo demás haya merecido la pena. Y que, luego, una vez llegas, y estás en pleno clímax de pereza para deshacerla, te dan ese subidón, esa sensación genial que se te agarra y te dejas. Vaya que te dejas...

Y aunque cortito, todo llega, todo pasa, y vuelve. Y volvemos. Y revolvemos tiempos y espacios. Moldeamos distancias a nuestro antojo. Y nos volvemos locos con los aquí y los allí. Y se nos entremezclan prioridades y ganas. Alegrías y penas. Nostalgias y dudas. Navidad y realidad.

Y es que el placer de deshacerse de los hilos de la rutina es la sensación más maravillosa del mundo. Y no se compra con dinero. Sino con otra cosa mucho menos material, y más compleja.



13 nov 2011

Lo mejor de la vida son esas personas que conviertes -o se convierten por sí mismas- en sus (tus) cómplices.

12 sept 2011

Buzones anónimos

Quiero que me señales un punto en el calendario
Y otro en el mapa que guardabas en tu bolsillo
de aquel pantalón vaquero rasgado.
En ese, no en otro 
Que sabes que si no
me pierdo.

Y ese día, seguro,
que me quedo sin cobertura
tan sólo
para que vengas a por mi

Y verte
y que me lleves.

A ese lugar indicado
hace tanto
que se nos haya olvidado
el momento
menos esperado
tal vez por tanto esperar.

Se habrá ido a por tabaco
o a buscar aparcamiento
en algún lugar cerrado ya
a cal y canto
y no nos quedará otra que
reinventárnoslo
sin saberlo
al mismo tiempo.

Porque ahí sigue
compuesta y con más miedo
que nunca
la razón
para volver
volviendo
a devolver(nos)
los sueños.

En cartas extraviadas
en los buzones
tan nuestros
que, por tener,
no tienen
ni nuestros datos
puestos.

Voluntariamente anónimos.
Propiamente independizados
Extrañamente cuerdos.

10 sept 2011

Un déjà vu con pruebas


Próxima estación: Suprematismo, Malevich

De trazos inconexos. Incoherentes. Desvariados. De dedos indemnes. Y retos derrapados.
Líneas, colores y figuras geométicas que se empeñan en rellenar mis espacios. Blancos, vacíos y neutros. Derramando tinta hasta que se me empapen los bordes y me colme de esperar. Pero sin perder la esperanza. Aunque a veces cueste, incluso duela. Un poco...
Correr las cortinas mañana con sueño de más, y heridas de menos. Para que el sol se me expanda por toda la habitación y cubra y recubra la casa. Me encanta cómo lo hace, a sus anchas...
Todo parece resumirse a una vez más a coger aire, hinchar mis pulmones de nuevo, para volver a echar a correr hasta el último resquicio que me quede dentro... Y lo demás... Da menos que más.
Hoy soy un poco más libre que ayer.
Próximamente: el paraíso...


Nota: Porque mi vida se puede representar sobre un lienzo como un montón de círculos. Algunos enlazados entre sí y otros algo más dispersos. No deja de pasárseme ante mi unos minutos de 'Los amantes del círculo polar' al hacer esta reflexión. Y es que nada lo definiría mejor. Es tan aplicable a mi realidad actual, que asusta. Un déjà vu con pruebas.
Entrada de mi antiguo Fotolog del 5/02/10. 
Enlace: http://www.fotolog.com/at_a_glance/72721940

3 sept 2011

Chicles

Fin.
Así empezaba la historia. Pero nos empeñamos en tirar del chicle.
En busca de un principio escondido.
O tal vez
de la segunda parte
del final.

28 ago 2011

Cuestión de espacio

No de tiempo.

Al diccionario que él le regaló le faltaban palabras para describir ese instante.
A ella le sobraban razones para no decir ni una palabra.

A él le faltaban días para irse. A su maleta le sobraban huecos para ella.
Él optó por llenarla de distancias. Incluso su conciencia tuvo que sentarse encima para cerrarla.

No hubo despedida.

Él le dijo que, obviamente, no le cabía en la maleta.
Ella seguía a dieta. De palabras.

Las cosas por decirse contenidas facturaron primero. Con exceso de equipaje, por supuesto.
Al llegar, su maleta se había perdido, y él sonreía.
Por su elección.

Ella sonreía. Porque con él lejos, las palabras del diccionario volvían a ser suficientes para desenvolverse, al menos de momento.

No volvió.

Ella se deshizo del diccionario a la larga. Pensó que habría a quién pudiera bastarle con eso.
A su estantería no le cabía tras su última adquisición.

22 ago 2011

Colisiones estelares

Las yemas de sus dedos trazaban el camino a seguir. Camino que terminaba en otro y así sucesivamente, enredándoseles en el pelo. Los cruces de miradas en los pasos de peatón, sin semáforos, eran responsables de las colisiones estelares.
El cielo ardiendo, los ojos cerrados, y los metros de piel abandonados al recorrer de sus uñas, leves, imprevisibles.
Las baldosas frías, todas. El escenario, sin cortinas ni luces. Pero el público sí que no faltaba.
Ni aquel romper en aplausos sentidos
que agrietaba, aún más, el suelo.

Pitidos

Sus pitidos, a modo de respuesta, completamente descorazonadores y asépticos, todos, la dejaron sin voz.
Al otro lado del auricular sólo le quedaba un silencio invernal en el que buscar abrigo.
Por su cuenta.

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti