21 ago 2011

Auto-encierro voluntario

Cierro todas las ventanas y puertas para contener este momento. Ten cuidado al entrar.
Que no se nos vaya.

20 ago 2011

Tiempo

El tiempo se ofendió y se paró del todo.
Ya no hace ni un 'tic'.

14 ago 2011

Respirar

No apagues la luz. Que quiero seguir encendida toda la noche.
A tientas.

13 ago 2011

Balcón con flores

La mano no estaba en el agua, estaba bajo la arena pero no se veía con esa capa translúcida de agua, de sal, arena, de algas y de luz del sol que chocaba y rebotaba directa a los ojos de los curiosos que se asomaran a mirar. La verdad ya no existía, tampoco el aire espeso, ni la mirada templada
de aquel momento pasado.

El presente era tan irónico a veces, que ni todo el verano grueso, lejos de aquella arena, ni un par de vidas bastaban para redactar una carta sin remitente que le instara a que revisara sus métodos, que cambiara sus planes. Por el bien de la salud mental de muchos. Y la estabilidad de otros tantos.
Iguales y diferentes a la vez.

El mundo y su redondez cuadriculada se atascaban y no pasaban por entre sus aros, por mucha fuerza que hiciera ella, por mucho que tratara de colarlo. Aguantaba la respiración a ver si así pasaban ambos, pero no podía ni iba a engañar a nadie, las misiones imposibles nunca fueron lo suyo. Lo fácil se le extinguía de sus días al ritmo de sonrisas pasajeras
de tácitos latidos.

Y por el camino se dejaba seducir por viandantes desconocidos, por el tercer balcón del edificio de enfrente que estaba muy bien cuidado, rebosante de flores, de colores distintos todas, de sol por las mañanas. Era el único, escondido, en el que sus ojos se posaban. Hacía suposiciones constantemente, consigo misma, sobre quién podía vivir allí
cómo serían sus manos.

Seguro que era alguien detallista, amante del buen gusto, de la vida, de lo que te mueve a correr cuando el gris vence y te atrapa en algún punto de la carrera... Justo lo que a veces no vemos pero necesitamos con tanta urgencia que nos colapsa la sangre y las venas se nos hacen trenzas. Y seguimos sin darnos cuenta hasta que nos cambia el color de la piel. Y nuestros pies, que parecen saber escuchar mejor que nosotros mismos, saben mejor que ninguna otra parte de nuestro cuerpo lo que queremos. Pero no les oímos, desde tan alto, seguramente por el ruido de la ciudad
que nos lo impide.

Seguro que era alguien con tiempo, o sin él pero que lo recolectaba celosamente, y lo guardaba como si fuera su más preciado tesoro, para cuidar cada una de aquellas plantas, brillantes, que hablaban todo el tiempo sobre el cielo y lo bien que se está al el fresco de la tarde en agosto
en Madrid.

La ciudad le absorbía hasta el punto en el que se encontraban todas las espirales que alguna vez fueron su hogar durante días, meses, y algunas de ellas, años. Todo era más o menos temporal. El caso es que era el propio epicentro de sus sueños. Y sin embargo todos ellos apuntaban fuera de sus límites. Su vía de escape y tal vez
su redención.

En aquel momento, sentía que pasaría una vida mirando hacia aquel balcón o desde él cómo la arena se puede encontrar en cualquier parte, cómo echar de menos es sólo una sensación superficial, y que lo de verdad, lo que te palpita entre los dedos no es más que ese momento presente, con su ironía y sus fallos, pero con todo eso que hace que día tras día seas quien eres. Y si estás, y no te vas, alguna buena razón habrá, aunque no la veas, aunque la piel se nos vuelva verde y las trenzas terminen por entrelazarse
entre ellas.

Quizás un balcón con flores nos sobraría para quedarnos
toda la vida.

3 ago 2011

En los bolsos de las chicas nunca se encuentra nada

Rasgando sin querer, rasgué hasta el final el trocito de papel de fumar y no pudiste dar ni la primera calada. Y sin embargo, aquel sabor a tabaco era tan intenso que hasta lo pude sentir yo a lo largo y ancho de la boca. Del cielo sin estrellas de aquella ciudad con mar y viento. Era tan fuerte que pude sentirla dentro tan fuerte que no sabía distinguir ya espacio ni tiempo. Se me perdió por dentro la barrera que lo separaba todo, la geografía del colegio estaba tan escondida que no era capaz siquiera de trazar un boceto del que partir... Ni hacía falta. Necesitaba vivirlo así. Todo, que saliera sin salir, que me miraras, que me dijeras lo dicho sin decir.

Me perdí y encontré el mismo día, en tiempo récord, en aquella ciudad sin nombre tan cerca del mar que ni recuerdo hasta dónde me empapaba la piel. Y el pelo. Estaba tan sumergida que el sol no me llegaba. La luna sin embargo siempre fue más lista y elegía estrategias mejor estudiadas. Me bañé de lunas y esperé a dormir absteniéndome de todas mis ganas, para que la cama me pillara por sorpresa, como si fuera la primera vez. Y lo hizo. Y la deshice. Y nos hicimos las dos.

Pero el mar ya nos quedaba muy lejos.
Aunque las gaviotas no se me fueron de la cabeza. Aún me vuelan y sobrevuelan los tiempos y espacios, para que me sigan pasando desapercibidos, para que las cosas casuales se conviertan en norma y los momentos buenos se me adhieran a la piel sin intención de irse. Escapar ya no es la prioridad, eso ya lo he hecho demasiadas veces. Ahora mismo me toca morderlos, ponérmelos entre la ropa exterior y la interior. Sobre el maquillaje y bajo la crema hidratante. Para que vayan conmigo.
Que ya se sabe que en los bolsos de las chicas nunca se encuentra nada...


7 jul 2011

Irrepetible

Siempre se te dieron bien las carreras por mis medias, tirar los dados y sacar seis a la primera, moder el sueño con suma delicadeza, por si se despertaba...; derribar (mis) murallas de palabras, construir rompeolas con miradas. Batirle la espuma al mar, batír(me)la. La música bajita en la cama y los tiempos a medida; para la ocasión. Irrepetibles.
Como tú.

Aunque no me creas.
Aunque me queden horas de reloj,
y cielos,
y lunas

Y ropa mojada
de lluvia,
y agujetas en la tripa
por llegar

Y arrugas de reír,
Y temblores de manos
y de voz
Inquieto el piso

Carteles que no dicen nada
me guían
con luces apagadas.
La intuición dormida

Prendidas las hogueras
No me asustan las cenizas
No me queman la falda
Ni las piernas

Ya no me queman.



27 jun 2011

¿Aún no lo entiendes?

"Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo"
El lado oscuro del corazón

[De pasión va el tema]

Me gusta cómo suena la ropa al caer al suelo, el sonido que hace por la fuerza de la caída, sólo a veces. Me gusta el frío de las sábanas en verano y en invierno. Sentir que tengo los días justos y que me quede siempre algo pendiente, para la próxima. Volver. Y revolverlo todo, revolver(me). Volar sin control, sin tiempo. Sin instrucciones previas. El crujir de la madera del suelo bajo mis pies, en verano, en Madrid. Preguntarme qué pasaría si llegara a más alguna vez y se terminara rompiendo. Si saltaría a tiempo o preferiría explorar qué hay debajo. Que el corazón vaya a mil por segundo. Emocionarme sola con pequeñeces. Reasignarle tamaños a todo. Y deshacerlo. Volver a empezar. Aprender desaprendiendo lo que haga falta.

Tirarme sin más. Extender el listado de cosas por hacer y que ya no me quepan más e irle pegando trocitos extra de papel, para seguir añadiendo, con tinta y tippex a mano... Bailar sin ensayarlo, sin saber, hasta sin música. Que me canten cerca, sabiendo y sin saber... Reír por nada. Sin parar, sin que me paren. Las señales de Stop y los frenos no me caben. Sé ceder el paso, pero no pidas más.

Me gusta no hacer nada los domingos por ejemplo, un día a la semana. No pensar, no tener prisa, no madrugar. Dormir cada noche como si llevara un año sin poder hacerlo. Y sonreír cada mañana sin razones. Levantarle un poco la falda a la luna con algún cómplice. Ir descalza. El chocolate. El tiempo sin tiempo. Sentirte como si te sintiera. Correr las cortinas y descorrerlas. Mil veces. Dejar que la luz haga y deshaga lo que quiera con el espacio, con nosotros. Salir desnuda al balcón. Correr sin saber a dónde. Que me lleven...

Los baños calientes, que la espuma me esconda las orejas. Soñar despierta. Morder cosas sin darme cuenta. Querer sin medida. Todo sin medida - no las tengo. No venían en mi pack de bienvenida... Y no he querido comprarlas, no me culpes, - desde las cosas menos pensadas hasta las más obvias... Escuchar mil y una vez esa canción, sin cansarme.

Perder los papeles y hacerlos perder - con o sin excusas-. Jugar, apostarme miradas. Pagarlas. Encontrar cosas sin premeditación, pensar una sola vez, la segunda (siempre) me sobra...

¿Y aún no lo entiendes?

25 jun 2011

22 jun 2011

Cada dos por tres

Siempre y nunca se reencuentran en a lo mejor. Éste es al menos el titular en todas partes. Los medios de comunicación lo reproducen en todas sus formas e idiomas. Sin reparar en que la vuelta de la esquina se ha autoexiliado de este mundo. Ha decidido que ya está bien de ponerlo tan fácil, tal y como están las cosas. Así que las esquinas se arruinan y exasperan de esperar a que alguien se atreva a intentar doblarlas. Y es que la gente ha dejado de creer...

Los ni de broma se disfrazan de quizás y se ríen de todos los que, sin saberlo, asienten y se sientan a ver si sucede en algún momento... Junto con el futuro, que ya no puede más, le duele tanto la tripa de reír que sus carcajadas se han vuelto mudas, por todos esos que viven para él; mientras que el presente insiste en pagar campañas de publicidad a todo el que se las oferte y si no, las busca, para lavar su imagen y conseguir notoriedad. Vive aterrado. Porque la gente finalmente lo obligue a mudarse al Olvido. Y eso está tan lejos que ni sabría cómo llegar... Y mucho menos volver.

El sur se ha mudado al norte para despistar, sin previo aviso, huyendo del norte y éste, por su parte, infiltrado y todo, ni se ha percatado. Está demasiado concentrado en sí mismo como para darse cuenta.

Las islas se han presentado en el centro de sus penínsulas más cercanas sin documento de identidad, con algunos cambios en su aspecto, aunque el mar las delata con su presencia, eso sí, con la mejor de las intenciones.

Los helados derriten inviernos con su sol veraniego y las primaveras ya no se cuentan, se han rebelado contra el paralelismo, con los años, socialmente aceptado. Ellas no envejecen por lo que les resulta engañoso y han interpuesto una demanda contra la manía de la gente de inventarse cosas.
Las mentiras, en su momento cumbre señalan a las verdades de reojo y las imitan con tanta fidelidad que ya nadie se cree nada...

La música hace minutos de silencio cada dos por tres, cansada de ser el eco de las vidas, emociones y sentimientos de tantos, ella prefiere ser anónima, y que nadie se la apropie.
Es una fanática de la libertad...

Mientras el albornoz ha dejado el baño y se ha sentado en el sofá.
Sin mi.

14 jun 2011

(Des)conocida

Esta mañana, al presionar el modo ON me ha dado por formatear(me). Algo muy sano y que sale muy a cuenta de cuando en cuando. Pero lo menos que me esperaba antes de iniciar el proceso era no encontrarme. Sí, sí. El dichoso mensaje de "El sistema no encuentra el dispositivo" repetido hasta la saciedad, hasta la última esquina de mi pantalla, hasta la última consecuencia. Mensaje sobre mensaje. Y entonces ese pensamiento de si habré perdido el sur definitivamente. O si sencillamente me había perdido del todo en alguna espiral de esas recurrentes...

La cuestión es que en mi estupor, y la sensación más intensa que había experimentado nunca, de no dar crédito a lo que veía... O más bien, por el hecho de no ver(me), no paraban de aparecer preguntas.

¿Entonces el espejo miente? ¿O soy yo la que creo verme por simple rutina?
Si no me reconozco ni a mi misma, ¿cómo conocer a nadie más?

Si un día te despiertas con mil preguntas en perchas sobre la almohada y con un montón de rayas en lugar de imágenes o letras. Codificada. Con nudos que se extienden hasta los dedos de los pies... ¿Qué hacer? Desenredar algunos embrollos nos podría llevar una vida, o dos... Y dicen que a veces es mejor no tirar de la cuerda.

Llevo todo el día con la mano puesta justo en la intersección de los límites de las fibras de esa cuerda. Pero no tengo fuerza suficiente para un golpe seco y certero. Que desenredara algo o, sencillamente, arramblara con lo que encuentre a su paso.

He decidido volverme a auto-presentar, a ver qué pasa.

11 jun 2011

Mi primera despedida

Irte es decisión tuya. Y sí, es mi última palabra. Pero te adelanto que no tengo ni la más mínima intención de despedirme. Lo sabes.
Sabes lo mal que se me da abrazar, besar y mover la mano hacia ambos lados. Sabes que me duele la voz cuando pronuncio esa palabra. Sabes que estoy para todo menos para decirla. Para decír(te)la
Y te vas. Vaya que sí te vas.
Aunque esta vez sin aviones, trenes ni coches. Sin maletas ni equipaje de mano. Sin cajas. Sin carpetas en fila. Sin ropa por doquier...
Esta vez sigues aquí. Sin estar.
Y me quedo cual estatua de sal, atónita. Porque has conseguido presenciar, y que presencie, mi primera despedida.
Estarás contento.

6 jun 2011

El charco que quería ser piscina

El charco de mi ventana esta noche se ha empeñado en ser piscina. Y la lluvia no cesa en su intento por concederle ese capricho... La cuestión es que no sé si guardar mis botas de agua y sacar el biquini o esperar a ver si lo consigue.

No tengo demasiadas esperanzas, todo sea dicho. Y no es que no crea en el charco y en su capacidad de convicción. Pero la lluvia me despista. La luna se me pierde por entre la cortina y los edificios, que están por todas partes. El ruido de mi ventana empieza a ser rítmico y roza lo musical.

Y estudiar se vuelve aún más complicado. Porque las distracciones siempre fueron lo mío. De repente, bajo la guardia (o la subo, no lo tengo muy claro), y se me empiezan a ocurrir las mejores ideas del día, pero claro, nada tienen que ver con las estrategias de mercado, ni con lasegmentación. Mis apuntes se me colapsan entre las líneas de las listas de cosas en cola que se me pasan por la cabeza, y entre el sueño y la lluvia se me empapa la cornisa de mis pestañas, me nubla la vista. Y la arena del reloj cambia de bando. Y yo con ella, como si me llevara por la fuerza. O tal vez es que no opongo resistencia. Lo único que quiero es que me arrastre hasta el otro lado y me abandone a mi suerte entre las olas, que seguro que están en algún compartimento secreto del viejo reloj. Estoy convencida.

Y en mi lucha por dar con el punto de inflexión entre lo que quiero pensar y lo que tengo que, vuelvo de un plumazo -nunca mejor dicho- a la realidad, al guiño de la lluvia por la ventana, al vaho con mensaje del charco, a la sensación del agua sobre mis pies y subiendo, a la piscina en el salón, a los litros de agua que me rodean...

Lo único en lo que puedo pensar es en mi biquini perdido en el armario y en lo poco que me gusta el color de mis botas de agua.

30 may 2011

Próxima estación: Tu vida

Si nadas lejos, perderás de vista la arena y cuando no la puedas pisar lo más seguro es que, llegará un momento, en que la necesites...

Lo cierto es que no recordaba esas palabras que escuchó por primera vez de su boca. La misma que le costaba un mundo olvidar, de labios trazados, delicados, como en un lienzo, matemáticamente calculados para que cuando se estamparan en algún lugar, dejaran huellas imperecederas. A pesar del tiempo.

Le costó pero consiguió trasladarse algunos años atrás, cuando la brisa era el único de sus problemas. El viento soplaba, bravo, sin ningún complejo, llevándose sus restos de sentimientos, tirándolos por tierra. Y la arena en la boca. Eso sí era del todo molesto. Pero la sensación del aire envolviéndole los pies mojados por el mar le quitaban peso a todo. Incluso a que su cabeza no siguiera allí, con él.

Mirar su muñeca, como si echara en falta un en-mala-hora-concebido instrumento para medir artificialmente sus momentos. Qué paradoja... Y la ventana siempre abierta de aquella casa algunos metros más allá, con las cortinas blancas, de lino, volando hasta el mar. No entendía cómo no se mojaban. Siempre estaban de un blanco radiante... Le dolían los ojos de mirar, y no paraba de hacerlo hasta que las lágrimas le advertían que ya no podía seguir haciéndolo. Y todo se le volvía blanco...

Y de golpe al momento actual.

Sobre aquella cama, doble, con una plaza libre. Con una manta que en invierno era demasiado poco cálida y en verano siempre se pasaba de caliente. Y la almohada cansada, sobre su cabeza. No debajo.

Mientras le daba vueltas a su mundo con el dedo pulgar, le hacían cosquillas las plumas que se le escapaban al cojín por entre los dedos, en el brazo derecho. Y le dolía la oreja de imaginarse que sonaba el teléfono.

De repente aquel ruido otra vez. Y ese temor recurrente...

Como si ese fuera el último tren posible. Como si no fuera a volver a pasar. Pero le faltaba un toque, un ligero empujón para caer de esa cama y salir corriendo.
El billete sobre la mesa desde el principio y su vida en la próxima estación.

28 may 2011

Sushi para cenar

Todo empezó al levantarme esta mañana. Cuando el tremendo peso del montón de hojas de sobre mi mesa, a modo de revancha, se me acostó a la espalda. Cuando me levanté de la cama y las letras me hacían los pasos
pesados
y los párpados llenos de
ganas
de levantarse conmigo. Pero les era imposible vencer en una pelea de esta talla.
Y es que necesitan vacaciones, da igual que no puedan, que estén lejos... Tienen la manía de ponerse en huelga cuando pasa demasiado tiempo sin que les lleve a ver lo que ellos quieren. Tienen un termómetro de tiempo. Y esta vez me he pasado de la ralla. Lo sé. Pero es que no sé poner un cartel al abandono.
Me duelen las manos sólo de pensarlo.
Me niego a admitir que he olvidado/ dejado pasar/ dado prioridad a otras cosas antes que a lo que mis ojos me piden sin palabras.
Las cuestiones de elegir y descartar me pueden.
Como qué cenar.
Y al final siempre me equivoco...
Y qué le voy a hacer... el sushi no es lo mío.
Las pelis malas, las noches largas y los montones de hojas pesadas
puntuales
sobre mi mesa
Esperándome por la mañana.

22 may 2011

Letras

Siempre que te cuento y tú, por descontado, descuentas cada una de mis historias y las revendes al contado, me acuerdo de los cuentos recién hechos que me leían antes de ir a la cama. Y cuando no me los leían, me los autocontaba en un acto de rebeldía literaria. Tenía tantos pájaros en la cabeza, que a algunos, a día de hoy, no me ha quedado más remedio que pedirles amablemente que se vayan. Porque ya no me caben. Y siempre vienen más, buscan su sitio, lo reclaman, como el mar cuando se construye sobre su terreno. Son suficientes como para seguir con mis cuentos en espiral. Con mis marejadas y corrientes. Mis olas de letras que rompen en el momento en que las libero sobre el blanco del papel. De la pantalla. En cada uno de esos momentos un trozo de mi me deja también. Se va con ellas.
Y no me extraña.
Y lo que más deseo es que siempre nos queden cuentos. Que contar, que contarnos.
Dejarnos ir en (pequeñas) dosis narradas de nosotros mismos.
Y volver, volver.
En forma de historias atemporales.

15 may 2011

Un trocito de sur

El último sol sobre el Atlántico



Hacer un paréntesis entre dos mares: Mediterráneo y el océano Atlántico



Siempre habrá un faro para cuando se nos confunda el mar...



La vida en el punto más sur de la Península, es maravillosa



En alguna pared de Jerez


23 abr 2011

Aparcada

Las burbujas de la copa de champagne aquella noche se salían por encima del borde, con manchas de rojo-labios por todas partes. Para variar, escapaban, delicadas, de puntillas, sin hacer el más mínimo ruido, desequilibrándole el epicentro de las pestañas rizadas artificialmente. Dejó la copa recién repuesta descansar en el suelo. Junto al tacón partido. Aún no sabía cuál había sido la razón de que se le hubiera reducido a la mitad en aquel trayecto corto entre su pasado y su presente. Tan corto que se le antojaba un sueño. Algo irreal. Tanto, que sólo era fruto de su imaginación. Lo que fue y lo que es. Todo.
Cursiva
Las paredes se fusionaban con la efervescencia de su interés a plazos. De su impaciencia, del erizo que escondía bajo una coraza maquillada hasta el último entresijo. De su corazón remendado y con rodilleras, coderas y hasta protector bucal.

Al despertar junto a todos los resquicios de una fiesta inexistente, envuelta en folios sin un sólo espacio libre. En tiempos del blanco ausente. El ruido de sus vecinos corriendo, el coche que no arranca y la señora que habla alto. La calle en su ventana. La vida estallándole en la cara. Y ella... aparcada. En doble fila. Siempre a la espera de lo que está por venir. Y por si acaso, tacones y pintalabios rojo. Día sí y día también. Pero su príncipe más bien verdoso ya por el paso del tiempo, y sin caballo blanco, debía estar en un atasco. Y el aire acondicionado en invierno le hacía un flaco favor a su frío crónico. Anclada su mirada. En el flujo incesante de barcas varadas. Con más en el aire que por tierra. En orillas con menos arena que algas. Con más pisadas que charcos. Con menos pájaros en mano, que volando.

17 abr 2011

Y un barco

La tristeza de mi vaso vacío altera tu entereza. Amenaza tu grandeza y, sin embargo, esmera mi rabiosa manía de morderle los bordes. Me cuesta continuar con mi torre de piezas de dominó porque ya he tocado techo. Unas cuantas veces. Y para más inri, me voy quedando sin piezas. Y tú, ignorándolo voluntariamente, te dedicas a seguir construyendo a lo alto, como si te diera igual que el resto se viniera abajo de un momento a otro. Como si lo tuyo estuviera completamente desligado de lo mío. Como si el proyecto común de torre ahora fueran dos. Y no compartes piezas, celoso de que te supere en altura las comisuras de tus labios intactos. Calientes y endurecidos por el sol de la tarde. Así tus besos ya no me curan. Y la torre se viene abajo. Pero a mi ya me da igual.
Para ese entonces ya tengo construidas tres ciudades en dos continentes.
Y un barco por estrenar.

Adiós

Lo peor del adiós
es cuando se derrama
cuando pesa y te estorba
cuando te encoge, cuando te apaga

Lo peor del adiós
es tirar la toalla
romper una lanza
a favor de perder la batalla

Lo peor del adiós
es cuando no basta
cuando se disipa
pasa desapercibido y te aplasta

Lo peor del adiós
es que no te salga
cuando se te atasca
y te secuestra las palabras

Lo peor del adiós
es que haga falta

Lo peor del adiós
es cuando te vayas

8 abr 2011

Poesía

La mejor poesía es la que anida en la prosa sentida en cada palabra, cada acento, en cada silencio pronunciado.

19 mar 2011

Tiempo en estado líquido

Entre las vías sólo pudo escuchar el rudo estremecer del que, a su lado, rugía como un león herido. Su eco le ensordecía lento. La sangre le enrarecía las ideas, le emborrachaba, le manchaba el pecho. Los hilos con los que le habían estado moviendo se le debieron caer a alguien y estaban anudados a algún tren que no paraba. Sin salidas de emergencia. Y eso que la velocidad nunca fue su fuerte.

Su única forma de salir de la corriente era la misma que otras veces, cuando se le perdían los papeles, le había salvado cuando nadie hubiera apostado nada por ello. Ni siquiera ella misma.
Tenía tantos latidos apretándola por dentro y el miedo derramado por el suelo.

Nunca había estado acostada sobre un charco de tiempo.

11 feb 2011

7 sentidos

Tu lento resbalar de palabras en mute me aprieta el corsé de los siete latidos.
Sentidos.
De los días perdidos.
Consumidos
de esperas innecesarias.
Apagados de sueños. Cuarteados hasta la más mínima expresión.
De lo que un día fueron.
En la jungla de mis noches, en el asiento de atrás de un coche a 190 km/h. Y sin conductor.
Ni freno.

10 feb 2011

Febrero.

Febrero está acabando con mis vestigios de paciencia.

Los folios envejecen de esperar, y yo los miro absorta en la desidia momentánea que me gana la partida a ratos. Por eso no los miro mucho. Ya están ellos ahí para mirarme a mi. Aunque luego siempre toca la revancha. Por las noches y a las 6 de la mañana. Y de la tarde. Les da igual que haya más o menos luz solar. Me esperan al despertar las montañas de papel y yo no puedo evitar pensar en los árboles caídos. Y en el derroche (de) sin sentido (s), tantas veces. Y ya tengo para descentrarme un buen rato.

Cuando se me pasa, siempre aparece algo (o alguien) nuevo que me retiene la atención a la fuerza, hasta noto los latidos entrecortándome la conciencia, que le ha dado por llevar la cuenta de mi tiempo perdido con ganas.

Y no se da cuenta de lo que en realidad pierdo por segundo son centilitros de mi misma, de pensarlo me salen canas. Aquí sentada, rodeada de artículos asépticos y fórmulas que no me descubren nada (nuevo). Enmudecen mis pensamientos y entran y salen de mis casillas como una rutina casi-casi desfasada. Y a mi reloj se le acaba el tiempo. Y eso que no es de arena, porque si lo fuera, el mar ya habría terminado por colarse y romper el cristal reclamando su sitio...

Febrero, a pesar de todo, está consiguiendo hacerme caer en que todo esto será de lo que más eche de menos.

8 feb 2011

Rarezas


Hoy me he tirado 23 horas moldeando las nubes de tu cielo y he perdido la única hora que me quedaba suelta.
Otro día que se me ha escapado.

Hoy la libertad me mordía el borde de la bufanda cuando corría porque llegaba tarde. Como siempre. Tratando de decirme algo... Como cuando sin palabras, daba un discurso, sentada, frente a mi.

Insalvables, como los filtros de café que me quedaban. A modo de marcadores de libros. Raídos. Extraordinariamente usados. Sin tinta ya, sólo borrones de la que un día teñía sus páginas. Antes blanqueadas.

Escuchar la puerta no es sinónimo de que entres. A estas alturas, tampoco lo es verte. Sólo es síntoma de que te echo en falta. Aunque sólo lo escriba. Y no se me ocurra pensarlo en alto, ni en negrita, y mucho menos pronunciarlo.

Ni a susurros recatados.

6 feb 2011

Ya pensaré qué hacer


Ya pensaré qué hacer después. De momento...

Me dejaré desenredar las pestañas anonadadas, adosadas de serie. Me dejaré hacer por mis sábanas. Esta noche no se lo pondré nada difícil. Comentaré el amanecer con mi almohada, sin tapujos. Me dormiré entre burbujas de cafeína y despertaré con sueño precocinado. Y desayuno sin azúcar; sin servir.

Desbloquearé dos o tres veces mi capacidad de atención para que me funcione cuando me pierda leyendo entre las líneas de tus palabras. Dudaré de mis dudas endeudadas hasta la médula. Por si acaso. Y ni hablar de las tuyas... translúcidas, promiscuas.

Me desprenderé de lo que amenace mis miedos capicúas. Me desnudaré de veces que siento tambalear lo que está por venir y me recolocaré la falda. Esperando. El viento que me baile el agua.

Agitada.
Sin sal.

Preguntaré por si alguien me pudiera donar un poco. El viejo truco para conocer al vecino guapo. El cielo que gruñe. Mi estómago me encoge la amplitud de miras. Me arranca el escenario torcido. Me recoge las lágrimas. Su fetiche más preciado...
No debí contar ovejas anoche. Siempre te veo pasar y te quiero al doblar la esquina.
Hasta que vuelves a cruzar. Y el semáforo me avisa de que ya no... Y mi tiempo aprieta el acelerador... Y te me pierdes por entre las rayas de la autopista. Sin luces tenues ni músicas apropiadas...

Y tomaré biodramina para el día a día. Para contar las vueltas que me dan las olas de la vida, cuando me pillan... O me dejo pillar.

Ya pensaré qué hacer después. De momento...
Tengo una lista -de lo más sugerente- de maneras de enrollarme entre las mantas.

3 feb 2011

Otro blog!





Parece mentira que, hace ya 5 años -que se dice pronto- me planteara comenzar en fotolog.com como una forma de emplearme a fondo y conseguir escribir algo cada día (o casi) y no perder el hábito.
Y es que, aunque el hábito no hace al monje, siempre viene bien empezar cosas nuevas. De hecho creo en esto tanto que desde entonces, no he podido parar, de escribir, aquí y allí. Para mi (off) y on line. Desde un hotel maravilloso para amateurs grandísimos -en el que es un honor estar alojada- hasta mi blog personal, pasando por otros muchos que he creado.

Y de eso se trata esta vez. De una expansión, un lugar paralelo para hablar de Publicidad y más. Y reservar éste para mis cosas, mucho más íntimo y personal...
Más mío que nada.

Si quieres saber más... ya sabes, ¡pásate!

30 ene 2011

Felicidad. Instantes


No me digas que no te acuerdas de aquella vez, cuando se nos terminaron los rollos de papel escritos y reescritos por anverso y reverso, y la tinta amenazaba con comenzar a escasear.

Aquello, que parecía un contratiempo sin absolutamente ninguna trascendencia, se desviaba por momentos de ser sólo eso. Tu mirada a través de la cortina no hizo más que acelerar mis latidos. Desbocados por naturaleza. Autónomos y liberados de mi cabeza, hace tanto... Tus siempre tranquilizadoras palabras, hoy me desorbitaban los renglones de mi pobre paciencia. Que se torcían y retorcían ante tus atónitas miradas. Inventadas.

Me gustabas tanto cuando despertabas...
Que el sol anidara en tu cama era como esa implacable y a la vez, sana sensación, que te recorre por dentro cuando tomas el sol en la playa. O cuando te abrazan sin previo aviso, cuando llegas a casa con ganas de nada y tienes la cena preparada, cuando te despiertas un sábado y tras unos segundos, adviertes que tienes mucho más que 5 minutos más, cuando llegas de un largo vuelo y te esperan con una sonrisa y un millón de besos...

No me digas que no la sentías, lenta…, ingenua..., disparatada… Felicidad.

29 ene 2011

Un puñado de frases sueltas

Desvalida antítesis de lo mundano. Correcta desproporción recargada. Molesto barroquismo inquieto, pesado... Entretiempo de verdes-ocres mestizos que apoyan sus codos sobre la mesa robusta y dura.

Sesgada paranoia atemporal, desteñida. Descentrado miramiento, pensante infortunio malavenido. Tiempos descompuestos de sueños... Revestidos de lienzos.
En blanco.

Nunca decir tanto dijo tan poco. Entre los recovecos encendidos.
Apagados de cuerpos. Enloquecidos sustentos. ¿Expertos en qué? ¿Quién dijo suelo?

Ya no se teme lo que no se tiene. ¿Para qué perder más tiempo?
Ya no se siente lo que no se mueve.
Por dentro, en silencio subvertido
Advertido de sobra
Desde hace tanto... que olvidó el sentido.
Desmentido vuelco.
Por dentro. De ensordecedor aliento.

10 ene 2011

Ya.

Nadar en Madrid es de todo menos una tarea fácil... Sobre todo por las intensas corrientes que, muchas veces, nos empujan y no encontramos el instante exacto para que nuestra voz pronuncie el basta más profundo que, recordemos, hayamos emitido jamás, y logremos huir ya sea por la derecha o la izquierda. La verdad es que ni siquiera las agujetas resultan llevaderas. Duelen a cada palabra escrita, a cada silencio contenido, apretado, amordazado..., abrazo que grita... a duras penas. La verdad es que ya podríamos ponernos en forma al menos, al final de toda esta aventura.

A veces, cuando vuelvo a posar mis pies en la tierra, dejo rodar mi mirada cuesta abajo, en busca del mar, furtiva, sin encontrar respuestas. Como mis tantas preguntas solitarias y semi-olvidadas, empolvadas de tiempo en la estantería. Qué bueno fue tener 4 ó 5 años y que se consideraran políticamente correctas. No sé cuánto tiempo ha de pasar, ni si tendré el aguante que espero tener. No sé si mis alas seguirán en plena forma cuando vuelva a aterrizar en mi casilla de salida. Porque volver siempre fue una norma inquebrantable entre mis principios, lo único que me queda cuando me parece que no queda nada. Aunque quede. Y es que a veces no Cursivasabemos apreciar las realidades, que se nos derraman encima como un café ardiendo y nos muerden la falda como perros rabiosos, desgarrando los bordes de las mañanas. Y es que nos derrumbamos como si nos cayera el dominó del cielo, pieza por pieza. En lugar de levantarnos y correr, escapar de ese momento en que nos parece ver de reojo pasar por nuestra cabeza la leve idea de que no podemos más. Y cuando ya estemos lo suficientemente lejos, nos plantearemos si de verdad es lo suficientemente lejos. Y entonces nos parecerá cerca hasta el rincón más recóndito, hasta la caricia más fría, hasta el silencio manoseado, calculado y mágicamente estructurado.

No sé dónde empieza el final de la popa de mi barco, pero sacaré la vela. A ver si el viento me vacía de sentidos perdidos, y me lleno sin querer de Cursivaluegos. Para cuandoCursiva ya sea tarde.

27 dic 2010

Instrucciones para volver a casa por navidad y no morir en el intento

-O más bien, diario de una vuelta a casa sin morir en el intento-.

Te piden que estés dos horas antes en el aeropuerto para coger un vuelo de 2 horas y media.
Lo haces.
Te hacen esperar 2 horas extra de retraso de la salida del vuelo por "llegada tardía del avión".
Lo haces.
Te dicen que el vuelo durará 30 min más de lo habitual, es decir, 3 horas, por "tener el viento en contra" (no hacen falta muchas luces para saber que lo llevábamos teniendo en contra un buen rato).
A mitad de vuelo te informan de que la llegada en destino se efectuará por otro aeropuerto.
A una hora y media de tu casa.
Y a ti ya te estarán esperando en el aeropuerto al que en teoría ibas a llegar.
Te ponen un autobús a tu llegada para que te deje en el aeropuerto al que deberías haber llegado. Y se creen que ya está todo solucionado.
Y es navidad. Y tienes fiebre. Y en lugar de a las 22 horas, te abren la puerta de casa a las 2 a.m. Aunque para ti ya son las 3 a.m.
Y ni siquiera restarle una hora al reloj te reconforta. Como otras veces.
Y en lo único que puedes pensar es en que con el tiempo extra que te han robado podrías haber venido dos veces. Y tener tiempo de sobra aún para emplearlo/reciclarlo, estirarlo o estrujarlo a tu antojo.
Pero tu único antojo ya es sentir el tacto de tus sábanas. Y el abrazo más esperado del año.

13 dic 2010

(i)Lógicamente desbocadas

A veces me pregunto qué pasó con mi antigua vara de medir distancias. Cuando los centímetros podían ser kilómetros, y viceversa. Cuando los aviones eran prescindibles. Teniendo alas, ¿quién necesita medio de transporte alternativo? El tan temido sedentarismo del que se habla a diestro y siniestro algo habrá tenido que ver con el millón de años que hace que no levanto el vuelo. Con el millón de años luz que salvan ahora pequeñas distancias. Es curioso.
Sobre todo esa capacidad tan mágica que me atajaba las ansias.
Y la de mis ansias, por su parte, (ilógicamente) desbocadas.

9 dic 2010

Otra persona

Hace unas horas, bajaba las escaleras en modo autómata dispuesta a pasar al siguiente punto de mi, por momentos tediosa rutina diaria, cuando de repente, alguien me pregunta si soy otra persona; y yo dudo.
Dudo profundamente.
Quizás lo hiciera porque ese era el nombre que mi padre pensó alguna vez ponerme. Aunque al final no me lo puso. Tal vez alguna parte de mi cerebro tiene tanto de ese nombre que estuve a punto de responderle con un rotundo 'sí´.
Debí hacerlo, a ver qué pasaba después.Negrita

21 nov 2010

Un roto para un descosido

Caminaba sin andar, reía sin abrir demasiado la boca, vivía sin estar (incluso a veces sin ser)... Bebía cerveza sin alcohol a solas, en la barra del bar más recóndito del pueblo más insospechado. Vivía en una ciudad, completamente absorbido por las masas. Y no le disgustaba. Tenía una rutina de tareas diarias que atormentaría a algunos. Le disgustaba en lo más hondo el sudor de su toalla en el gimnasio, casi más que las agujetas de después. Odiaba cuando llegaba antes a la estación y el autobús no estaba donde debía. Detestaba los cambios de última hora y la incertidumbre. Se creía una persona que no era hasta que un día fue al supermercado.

Necesitaba peras (a última hora) para una receta para la que había comprado todos los ingredientes con la suficiente antelación, pero olvidó las peras. Con muy pocas ganas y una cesta de esas con ruedas, se dispuso a buscarlas en aquel laberinto de estanterías repletas. Finalmente, peras en mano su tímida mirada se estrelló con unos desbocados ojos saltones. Marrones y verdes. Sonrientes y grandes. Enormes. Le intimidaron. Se dio la vuelta y continuó su ritual hacia la caja para pagar. Ella le siguió y se colocó justo detrás. Unas cuantos cruces de palabras y roces de dedos sin querer hicieron el resto y en unos minutos compartieron cocina, pastel y risas.

Ella era su antítesis. Bebía sin control, caminaba con paso firme y a zancadas, reía siempre a carcajadas y vivía al 100% cada uno de los segundos de su existencia. Desde el principio, y no concebía hacerlo de otra forma. Iba al gimnasio y el sudor le parecía lo más natural del mundo. Adoraba compartir cada una de las cosas que le sucedían con alguien. Eso le daba sentido muchas veces a los sin-sentidos de su día a día. A los dos les encantaba ver llover, bailar delante del espejo y cantar en la ducha. Aunque no lo hacían demasiado bien... Compartían mucha magia, ganas y química.

Poco después, a pesar de que habían logrado construir, como si de piezas de Lego se tratara, una cantidad de momentos difícil de enumerar y describir, cada uno decidió que por su cuenta le iría mejor. Y tomaron distintos rumbos.
El caso es que él ya no se acordaba de su él de antes y ella tampoco. Hasta que un día fueron a la librería.

7 nov 2010

Llegados a este punto...

Explícame qué hace el final en el medio, y el medio desplazado a un principio que ya es pasado.

30 sept 2010

Volver

Llevo 25 horas y media con la sensación de que algo no va bien, y estoy entre que quizás me he confundido y puesto los calcetines del revés esta mañana, y que seguro que he olvidado meter mi cajita de música en el bolso, se me habrá quedado en la mesilla, junto con todas las ilusiones que guardaba celosamente hasta hace relativamente poco...

No sé si el destino viste de etiqueta o si le va más lo casual, el caso es que he oído hablar tanto de él, que mis ansias por suponer cosas van en aumento. No dejo de imaginar que quizás lleve gafas de pasta y tenga mirada interesante. No dejan de pasarme clichés por la cabeza. Tal vez sólo sean elucubraciones mías. O no.
Quizás sea porque las fantasías solían traerme siempre primaveras envueltas en abrigos para mientras-tanto. La verdad es que prefiero ponerme gafas de sol y no mirar mucho en mi directorio de causas perdidas, por si me vuelve a enganchar alguna... Como dijo un grande: "Yo sólo sé que no sé nada" -y yo añadiría- de momento.

Nunca me gustaron las prisas con aspecto de aeropuertos helados, y sin embargo, sueño con reencontrarme con ellas. Detestaba las sorpresas pero cada vez me gustan más. No podía ni oler la incertidumbre de no saber con certeza nada, y ahora vivo con esa palabra asomada a mi ventana constantemente. Sobreviviendo a la convivencia -también de momento-.

El caso es que no pierdo las ganas de volar. Eso nunca. A pesar de que me duele cuando hago el gesto de mover mis alas, entumecidas, por la falta total de contacto con las primeras personas de mi vida, por lo lejos que me pilla el mar.

La positividad la venden en frascos pequeños, ya he preguntado y sólo me han dado una porción pequeña.
Que el moreno destiñe y los efectos post-torta-con-la-realidad no son fortuitos. Las cosas pasan por algo y el tiempo pone todo en su sitio, aunque suene a tópico, es tal cual.
Así que -de momento- me sentaré cómodamente a ver cómo sucede... Palomitas y coca-cola en mano, a poder ser.

:)

3 sept 2010

Cómo un 'clack' activa una sonrisa

Hoy he advertido una de las pequeñas cosas de mis días, por absurdo que parezca, esa sensación que siempre me da en la tripa, al primer Clack que hace mi teléfono viejo (en el que sólo admito llamadas tuyas), justo un segundo antes de empezar a sonar.

25 ago 2010

Texto recuperado

Cuando la realidad se desdibuja y dejas de mirar hacia donde mirabas, o creías estar mirando... Justo en el momento en que todo comienza a girar a un ritmo tan vertiginoso como enredado. Cuando las ventanas no son sólo cristales sino que adoptan otros materiales y usos, al tiempo que los cuadros dejan de ser tan sólo instantes plasmados de una forma casi mágica, para cobrar vida, y tu vida deja de ser la que era para ser ahora una que se desarrolla en el entorno del cuadro que estás, estabas mirando, o simplemente miraste, durante algunos segundos, en algún momento de tu vida, en algún lugar de los que has visitado. Segundos que pasan a ser tu vida actual. Una en la que no caben minutos ni horas, sólo segundos, que van pasando y se derriten y tu cuerpo, con ellos...

Hablo de ese momento en que dejas de ser tú el que miras algo y comienza a ser otro el que te mira a ti mientras miras ese algo en el más absoluto y desgarrador de los silencios... Es justo entonces cuando te planteas ¿Quién mira a quién? ¿Quién miraba primero? ¿Quién es el otro? u otras preguntas como: ¿Soy yo éste que mira, o el otro? ¿Estoy mirando hacia donde creo que miro? ¿Qué estoy mirando en realidad?



Escrito hace ya algún tiempo...

El viaje. Eduardo Galeano




"... Así de simple se reduce todo: Entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje".

Versos

"...Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía..."

Pedro Salinas

24 ago 2010

Idas y venidas

Lo tenía delante, y sin embargo, ella ya no estaba allí. Si hubiera tenido algún indicio más, habría tenido la convicción absoluta de que su silla era la butaca de un cine de verano de algún pueblo, y lo que a él le rodeaba, el escenario de su película inventada. De ciencia ficción, eso sí. Con un guión muy novedoso e interesante, para variar... pero ficción, al fin y al cabo. Y ella hacía tiempo que se declaró adicta a las realidades, que se le agotaban las reservas de paciencia estudiada. La música de la feria que dejaban atrás, al subir al coche, se imponía a las palabras, tanto, que se le coló por alguna ventana y sonaba en su cabeza de una forma totalmente incontrolada y repetitiva, dando lugar a unos retoques a golpe de taladro que le dolían más de lo que podía soportar en aquel momento. Así que pararon para pedirle una tregua al aire que corría y descorría las cortinas de sus ideas cansadas. Al volver a ponerse en marcha, no sabía si ella era ella, y lo que había pasado era real o no tanto. Perdió de vista la carretera por unos instantes para entregarse al sueño como la mejor forma de desconectar de un mundo que parecía pesarle sobre la espalda... Tiró del cable y se desenchufó temporalmente. De repente, la voz de él la devolvió de golpe a una noche llena de luna, que subía puestos en su ranking personal de rarezas desmedidas. Y lo cierto es que no estaba segura de si fue su forma de mirarla, sus reflejos sobre el río quieto, las hojas de los árboles bailando con el viento, o la compenetración de latidos... Pero en ese justo instante, supo que por fin estaba de vuelta. Pero él ya no estaba.
Lo supo al cruzárselo por el camino.

23 ago 2010

Reflexiones

Siempre ha llamado poderosamente mi curiosa atención esa capacidad que tienen algunos de convencer mediante la palabra. Oral y escrita. Hablando claro, la habilidad de saberte conducir, hasta tenerte en su terreno, y no sólo eso, sino que se aseguran de que estés cómodamente sentado y con pocas perspectivas de abandonar el nuevo lugar en el que te han colocado, aunque tú pienses que es cosa tuya. Y sólo tuya. Hasta el punto de tener la convicción de que a ti, de allí, no te mueve nadie. Aunque sólo tres minutos antes ni te lo planteabas.

Me resulta totalmente asombroso cómo cambia una situación con una sola palabra de más, o de menos. Cómo cambia si lo dices o lo escribes, y si lo dices, si miras a los ojos mientras tanto, o al suelo o a otra persona. Cómo, si cuando hablas, buscas constantemente ese gesto en la cara, los brazos o las piernas de la persona en cuestión, o si por el contrario, te limitas a hablar como si en tu monólogo te fuera la vida, olvidando que quizás lo verdaderamente importante y decisivo está en el otro, y no en ti mismo.

Creo en el poder de la palabra,Negrita en lo que el diálogo, si se cuida, puede lograr, a pesar de los pesares. Y de las diferencias. En ellas reside la riqueza y el crecimiento personal, si eres capaz de estar por encima de ellas, y aprender.

A mi siempre me gustó aprender, de aquí y de allí. Es el tipo de cosas que no se olvidan, con el paso del tiempo.


18 ago 2010

Quiero, querer, queriendo... sin querer

Quiero despojarme de pesados lastres y correr hasta la cima, pero no por el mero hecho de llegar, y contar que he llegado, como hacen algunos..., sino por la maravillosa sensación de permitirme el lujo de hacer un descanso en el punto más alto, respirar hondo, disfrutar de las vistas y hasta la puesta de sol, para luego retomar mi inmersión en mi carrera personal, sin perder ni un poco más del aliento que a esas alturas, tiende a escasear. No voy a negar que me gusta bailar cuando estoy contenta por alguna tontería o que la risa floja es algo que me pierde, o que es genial cuando llegas, te esperara o no, pero sí tengo a mi favor que cuando hay que estar una seria, se está. Lo malo es conseguir mentalizarse a veces de lo que se nos viene encima, y es que, como hace poco comentaba con una de mis grandes amigas, tengo por momentos la impresión de que el toro siempre está preparado, listo y a la espera de un grito de ¡ya!, en la esquina de siempre. Y no me gusta nada. Sin embargo, yo me dedico a dar brillo a mi flamante lista de propósitos de los corrientes, no de los de año nuevo, sino más bien de los de todo el año que también cuestan. Quizás más... Y es que echo tanto de menos cosas que por leves e incluso imperceptibles que parezcan a veces, se hacen necesarias para avanzar, para ser constante en mi búsqueda permanente, en mi carrera hacia mi cima esperada. Objetivo primero y que paradójicamente aplazo sin fin. Como en un círculo que gira incesante, como el reloj de mi mesilla, pero sin el terrible tic-tac. Y menos mal, porque eso era lo que me faltaba. Mientras consigo ser justa con mis expectativas, me consuela pensar, que a pesar de la triste extinción de los milagros, aún quedan tiempos en que todo es más sencillo de lo que parece, y hasta el nudo más terco, termina por deshacerse cuanto menos te esfuerzas por conseguirlo. Tejeré con hilos de mi propia impaciencia conmigo misma, sin tiempo, sin fecha de inicio ni de caducidad, y sin sentido alguno. Para un día recordarlo con la mejor de las sonrisas puestas y una foto de mi ansiada cima junto al reloj de mi mesilla, que ha olvidado cómo hacer su molesto tic-tac. Aunque tal vez, para ese entonces, lo eche en falta.

13 ago 2010

¿Te acuerdas?

Me enseñaste a contar las estrellas, a encontrarle la forma a las últimas nubes del día, cuando casi se fusionaban con el azul profundo de después. A pesar de lo que me costaba, hace años, todo era tan distinto... Me dijiste con un dibujo esquemático de una mariposa, y su ciclo vital, tantas cosas trascendentales, en aquella noche tan triste, que no sabría ni siquiera repetir, aunque las interioricé a la perfección, a pesar de mi corta edad, entonces... Me abrazaste contra tu pecho sin que te lo pidiera, me secaste las lágrimas y me sacaste sonrisas. Me ayudaste y ayudas con todas tus fuerzas, que me regalas, siempre. Me has contado tus secretos, me susurraste consejos que intento seguir a pie juntillas, aunque no me lo pediste. Me abriste puertas y ventanas, me diste las pautas para nadar, volar y soñar. Me sigues cuando me caigo para tenderme tu mano, y alentarme a no tirar la toalla, me contaste cuentos y cambiaste pañales. Aguantaste incluso, que te leyera aquella interminable Historia de España, que se me atragantó en el instituto, aquella madrugada y me explicaste hasta el último minuto lo fundamental para que saliera bien. Me inculcaste que apostara fuerte por lo que quiero, y que a veces eso no basta. Escuchaste mis primeras palabras sobre papel y a día de hoy sigues haciéndolo. Me cantaste, y contaste tu filosofía del mundo interior, que me han ido forjando las bases sobre las que hoy descansan mis ideas. Me regalaste un reloj y me advertiste que lo mejor sería utilizarlo lo justo. Me mostraste lo que era reírme del vértigo, contemplar la naturaleza y entenderla y admirarla. Me agarraste al borde de nada y me empujaste cuando yo no sabía si era el momento y el tren se me escapaba. Sin querer. Queriéndote por lo que eres y estás, por lo que me apoyas, escuchas, entiendes... A pesar de los desencuentros, siempre nos encontramos y encontraremos.

22 jul 2010

"Tome un periódico. Luego unas tijeras. Elija en ese periódico un artículo que tenga la extensión que usted quiera dar a su poema. Corte el artículo. Corte en seguida con cuidado cada una de las palabras que constituyen ese artículo y póngalas en una bolsa. Agite suavemente. Extraiga luego cada trozo uno tras otro en el orden en que salen de la bolsa. Copie concienzudamente. El poema será la viva imagen de usted. Y usted será un escritor infinitamente original y de una exquisita sensibilidad, aunque el vulgo no lo comprenda."

"Para hacer un poema dadaísta", Tristán Tzara

22 jun 2010

Preparados... ¿Listos?

Ya.
Está claro... Llegados a este punto, nos tiramos a la piscina, que con el calor que comienza a hacer efervescencia en el fondo de la cacerola que se torna Madrid por estas fechas, se agradece. Así que, flotador en mano, me dispongo a disfrutar del sano chapoteo y, a ser posible, de los largos que me aguardan latentes, en cada gota de agua y de cada uno de sus componentes químicos.
Y aunque han pasado los años, me siento más que nunca como mi primer día en el colegio con mi fiel paquete de kleenex en la mochila de Mafalda, o como aquel día en que me dieron a elegir entre ciertas clases extraescolares y yo no me decanté por la opción esperada. O en otras situaciones de elecciones cruciales, cogí la vía alternativa. Suele pasar, qué le vamos a hacer...
Una y otra vez, la vida nos pone y expone ante un abanico de opciones y le deja a nuestra responsabilidad, la tarea de hacer limpieza, descartar lo que menos y guardar bajo llave lo que más. Y es que de eso va la película, podemos ahorrarnos algunos detalles e ir al grano, cuando tenemos la sinopsis ante nuestros ojos, aunque estos, a veces, no estén a lo que tienen que estar... Las partes siempre siguen un desorden concienzudamente ordenado, con un millón de conexiones entre sí que dan lugar a un mapa que traza nada más y nada menos que el camino que nos construimos con tiempo y esfuerzo.
¿Listos? Esa parece ser la eterna pregunta... quizás retórica... o tal vez con una respuesta tan evidente que se nos escapa. O la dejamos ir.

17 jun 2010

Palabras


Nunca supo hablar, pero no le hacía falta.
Sus miradas incluso bailaban con mis silencios, rozaban tantas músicas desentonadas que no sería capaz de tararear, y a la vez, me ilusionaban. Gastadas.
Resbalaban con furia, entre las tablas que le amparaban.

10 jun 2010

El Km 32 de la Autopista del Norte



Hoy, desde lo lejos, he tenido la oportunidad de sentirme más allí que hace mucho tiempo...
Para ser más exactos, me he sentido como si viniera en sentido Puerto de la Cruz-Santa Cruz, por la Autopista, en Tenerife, y me detuviera en el Genial Km. 32. Y digo genial, porque lo merece una historia como la que encierra el cartel que alguien, desde el anonimato, cubre de ideas, sueños, y un largo etcétera, que llegan... Me parece increíble cómo ese afán, que tenemos a veces por conseguir que lo que queremos llegue, está conseguido con creces... Desde amor, hasta dosis de optimismo en vena, sustentan una iniciativa que trasciende el mero hecho de llamar la atención: ha generado mil sensaciones, latidos y pálpitos... sonrisas, guiños, caricias, miradas de complicidad, y sobre todo se me ha enganchado por dentro a mi, y supongo que a tantas otras personas...

Una historia así me alienta a que, pase lo que pase al final, no dejar nunca de creer como creo en los sentimientos, y en que las conexiones existen y, por lo tanto, tampoco dejar de decir-escribir todo lo que se me pase por la cabeza... Porque es lo que me mueve, y considero, nos mueve a todos.


Les invito a visitar: http://frasesanonimas.blogspot.com

14 abr 2010

Del amor

Hoy te diría un millón y medio de cosas calladas. Triviales. Desteñidas. Mejor habla tú.
Hoy te miraría despacio para que nos dejáramos recorrer como las avenidas, certeros, firmes, alegres y seguros, confiados de que el resto del camino se nos hará tan corto que olvidaremos a qué hora comenzamos a andar.
Hoy te comería estridente. Te apretaría las ganas contra mis manos, y te apoyaría sobre mis pétalos mojados. Desbaratados de ansias.
Me bañaría desnuda en tus ríos, de historias empapadas, de palabras encadenadas, y buscaríamos juntos el eslabón perdido... si quieres.
Si no, también podemos gritar las razones del sin-sentido que a veces se adueña de todo...
Y sacaríamos fotos, muchas, repletas de caricias, para que siempre nos quedaran colgadas, recordándonos cuán maravilloso es sentirnos...
Hoy te cogería la mano y te diría al oído que te quedaras, que no te fueras, que prefiero que nos sumamos en este sueño todas las noches y los días, para que al final pensemos una y dos veces, y recordemos fácil la cantidad de sensaciones que nos producíamos simplemente cuando compartíamos un momento trivial o desteñido, o cuando yo callaba, y tú sonreías.

2 abr 2010

Non grata

Es posible que mientras más cuidado procurabas tener, más fino tejías los bordes de tu decadencia momentánea. Se te desbarataban tus planes por segundo, y lo sabías, veías pasar ante tus ojos, por el cristal de tus gafas empolvadas, las montañas de retahílas de palabras, de esas tuyas, tan extrañamente ordenadas. En tu cabeza bailaban los días de té y sonrisas con las infinidades de tristeza desmedida. De pasos de tango reaprendidos, casi al azar, en bares diversos, con o sin pareja, eso era lo de menos. Sobre todo, cuando te rodeabas, tan voluntariamente, de ese fondo marino de tus penas, en el vaso de cristal. De turno.
Sin horas. Así se despertaban tus días, anclados sin mar, al viento, sin vela. De ojos tristes, y dedos salvajes y apenados. De ropas esparcidas por el suelo, que te quitabas con la sutileza del primer día. Con la grandeza de saber que allí anidaste junto a tus ganas, bien guardadas, en los cajones de tu mesilla.
Entrabas de puntillas, sin saber, que el ruido no era lo que lo despertaba. Tus tacones ya no sonaban en sus oídos, repletos de otros andares de los que te repugnaban, ni tu silueta inundaba ya sus retinas tan reticentes a ella, que ni la captaban. Desmemoriadas, a posta.
Lo cierto es que nunca supiste cuidarle, no lo arropabas, no te importaba si el sol le mojaba los párpados por las mañanas, o la luna se le metía en la cama. Ignorabas sus horas tendido a secar, su piel rasgada de soledades muertas, de esas que no se quitan ni con goma de borrar.
Sus tantas notas de despedida sobre trozos de papel que tú misma empaquetabas para reciclar y él lo convertía en su peculiar manera de decirte las cosas... cuando por sus labios ya no acostumbraban a salir nadas envueltas en halos de condescendencia pasajera, revestidas de coraje abstracto, y orgullo retirado. Cuando tus uñas de azahar te peinaban tus primeras canas, cuando en los cielos de las bocas no encontrabas la anilla de tu paracaídas de emergencia, cuando el coche perdía la buena costumbre de frenar a tiempo, cuando los ríos de esos con troncos a los que aferrarte, ahora te ahogaban, cuando el tedio te rajaba los miedos de tus alas... a volar, y otra vez te veías de vuelta a la casilla de salida...
Lo cierto es que nunca supiste cuidarte, no te arropabas, ni te importaba si la luna te mojaba los párpados por las mañanas, o si el sol se había convertido en persona non grata en tu cama, hacía semanas...

31 mar 2010

Sintámonos vivos

Inúndame de latidos inciertos
a cada paso del viento...

Empápa
te de lluvia lenta,
pero certera,
siempre que el sol te respalde
Enréda
te en luces blancas
aletea alto, sube puertos
de montaña
Sopla más velas
con o sin tartas
Esculpe fronteras
y luego deshazlas
Construye castillos
de arena con ventanas,
y
fuertes murallas
El mar hará el resto
Fúndete con tus sueños
Y sobre todo,
vive
a ras de cielo
utiliza las nubes
de sombrero
y siénte
te como en casa
Baila descalzo a ritmo
de fuegos intermitentes

Y olvida el tiempo

"Gato en el Cementerio de Monmartre"




Lo miré,
Me miró...
Y nuestras miradas traspasaron los tiempos y los espacios que nos separaban.
Todos.

30 mar 2010

Oscuridad buscada

Introducías lentamente tu pulgar en su herida ante mi atónita mirada, mientras los que nos rodeaban miraban a otra parte. Supiste elegir el momento. Siempre lo hacías... ¡Bravo!-No te lo diría de no ser porque lo tenías muy bien estudiado. Y has seguido tu plan trazado, sin un sólo error. Lo has medido, y seguido al pie de la letra-.
A la par que la música sonaba y las luces de aquel tugurio de mala muerte centelleaban. Y las estrellas, aquella noche, en caparazones, ávidas corazas ante los posibles ataques de sus iguales, dado el espectáculo que presenciaban, se cuidaban de que la historia se repitiera por esa vez, en primera persona...

Deslumbrabas a mis palabras escritas en trozos de tu inercia pasajera, en tantos aviones de hojalata. Como respuesta, mis palabras se disfrazaban para no llamar la atención en tal desfile de máscaras.
Me gustaría tanto haberte dicho en su momento aquel torrente de palabras sin colorantes ni conservantes, sin nada, auténticas, que estaban listas para salir pero en él último momento, conseguí que dieran marcha atrás, por mi garganta, y según bajaban, supe que nunca iba a estar contenta por ello. Más bien al contrario...
Lo cierto, es que lo único que recuerdo con cierta claridad de aquella noche es precisamente el momento en que salimos del bar, la luz de la farola de enfrente te alumbraba sacando a relucir tus peores caras, él a oscuras, yo entre-medias... Tuve que elegir, y pasé al lado de la oscuridad absoluta sin una sola de mis recurrentes dudas. Sin una sola de tus recurrentes miradas.
Sumidos en el más absoluto silencio, el callejón se nos hizo larguísimo y sin salida, y la luna tan lejos ni siquiera alumbraba. La oscuridad se respiraba. Los relojes ya no giraban, el aire amalgamado y tú, ya no estabas.

16 feb 2010

I

Como cada noche, retomé la vieja construcción de mi semi-olvidado proyecto (a estas horas), a base de piezas de esas, de colores, con relieves diversos, que se enclavan unas con otras buscando encajar a la perfección, o casi... Esas, que guardan cierta relación con las de Lego. Como cuando éramos unos niños, en el recreo, con tantas entre las manos, que no sabíamos ni por dónde empezar. Y hoy, algunos años más tarde, me parece mentira que se me haya pasado colocar una de ellas, justo en el agujero por el que hoy se cuela ese extra de luz. Que por otra parte, no viene nada mal. Optimiza, indudablemente, mi visión de la vida... Aunque en ocasiones me da la sensación de que su peso se intensifica, haciéndome francamente complicado el hecho de soportar su carga...Crisol de mis innumerables dudas. Que emergen de entre mis tantas cuentas aún por hacer, con eso de que soy de letras. Y mis vuelos a medias. Me gustaría no haber contado nunca ventanas, en lugar de ovejas. Ni sueños tan tempranos. Ni palos varios, ya que estamos. Algunos más serios que otros. Y otros, tan poco serios... que ni se me ocurre el calificativo más fiel capaz de expresarlo... pero no por ello menos dolorosos. Y los besos tardíos y sin cuerdas de guitarra, ni aleteos de mariposas..., ni aquellos tantos otros acompañamientos propios del momento, pero el tren tiene un horario, y para fastidio de algunos, suele cumplirlo. Y luego toca echar a correr, ya sea con la esperanza / ilusión de alcanzarlo o, por el contrario, con la fe de correr tan rápido justo en la dirección contraria, que esa misma velocidad consiga borrar el momento, el tren mismo, incluso el aleteo ausente.

3 feb 2010

De espaldas al viento

El hielo, concentrado, que no quiso cambiar de estado, se quedó inmóvil ante mi estupor cansado. Roído y aletargado. Deshecho por el paso de las hojas empapadas de letras que contemplo.
Que me queman los hielos...
Y me inundan el calendario. De hojas arrancadas las tardes raras. Los años pares y canciones arrítmicas. Si mis números no son primos, no es mi culpa que no te salgan las cuentas. Re-hazlas hasta que algo saques en claro. Y si el cristal continúa empañado, entonces, nada podré añadir a las tantas montañas de palabras caídas.

Y soles sin nombre.

Y lluvias disecadas.

Y princesas azules.

Y ranas heladas. Que ante la pregunta en encuestas acerca de si cambiarían de estado, sus respuestas fueron "no sé, no contesto". Pero sí lo saben.
Aunque no lo sepan.

Y sigo de espaldas. Al tiempo que pasa, encolmado de incertidumbres varias, y miedos inútiles. Ojalá las nubes se asociaran para defender sus formas, evitando así las posibles discusiones que puede suponer el obsevarlas largo y tendido...
No me mires así. Ni te calles. Ni me mientas con premeditación, que se me quitan las ganas.
Sutil diana, sin flechas ni nada. Sólo colores.
Adivina en cuál debes acertar...

29 dic 2009

Fortuit

Se reencontró por fin con su alter-ego, más perdido y enredado que nunca. Ausente hasta decir basta. Transparente. Tanto que hasta sus propios latidos se resintieron por unos segundos. Y recordó, recordó tantas cosas que tuvo miedo, por una vez, del tiempo, que corre y la recorre, pero no como el viento: por entre la falda, sino más bien por todas partes, desde las comisuras de sus labios, jóvenes aún, a pesar de lo que otros parecen percibir.... hasta el último milímetro de sus uñas, pasando por el resquicio más recóndito de su cuerpo, de su alma... pero... ¿acaso existe un alma? se preguntaba ante el espejo, y su propio eco le hizo estremecerse, sus vellos se enfilaron, puntiagudos, ante un precipicio de millón y medio de dudas, las suyas, las de siempre, con más o menos arrugas junto a la boca, y también esas otras señales, que el reloj se empeña en ir regando por los cuerpos de ciertas personas... y se gira, y esquiva un coche, y un vuelo de un avión de papel de un niño pequeño, y piensa, y se ahoga entre los dedos de un año más que parece tocar fin doce campanadas después.

10 nov 2009

Todo se hace mayor

Todo ha cambiado tanto desde que yo no estoy... que se me hace difícil recordar el primer porqué.

El caso es que ahora ya todo es Noviembre, y eso sí que permanece- y menos mal- dura y se estira en el tiempo. En el mío. Mi calendario de hojas caídas. Da igual el resto. Como que las hojas caigan y justo tú pases debajo del día en cuestión y una de ellas haga estremecer a tu ojo izquierdo, que se regaña independiente de tu cerebro. Me da tanto igual como que las gotas renieguen de mi piel y hasta de mi jersey cuando lo retuerzo al entrar a casa literalmente empapada y con la respiración entrecortada por correr, bailar y hasta gritar bajo la lluvia. Bajo tu lluvia. Tú, mientras tanto te tomas ese té bajo la lámpara, libro en mano. Me miras y dices tantas cosas sin abrir la boca que me ruborizo de ilusión. Bajo el prisma de una noche paralela. Un día prometido y un niño que mira perplejo, sentado en la acera. Recubierta, ajena a todo lo que la rodea, de lagunas inertes, de aquello que los egoístas no dejaron florecer. Y lo que sí lo hizo.



Todo se ha vuelto tan grande que ya no veo nada. Los años pasan por todos.

Aunque no consuele pensarlo. Saberte a mi lado sí que reconforta.

6 oct 2009

Una historia de ¿amor?

Y dijo él:
"Vamos a contar mentiras tralará"

Y ella sacó de su bolso negro repleto hasta el último de sus minibolsillos (interiores y exteriores) una caja de tapones amarillos de esos de goma. Se los colocó y luego volvió a bucear en su universo personal de cosas desordenadas. Esta vez extrajo un lápiz y un papel. También un estuche de lápices de colores.
Él continuaba interpretando su papel cual actor recién consagrado, pero con tanto énfasis, que en determinadas partes, parecía uno de los más reconocidos. Oscar bajo el brazo incluido.
Ella pintó una cara feliz en su papel y la recortó a modo de careta.
Bajo la pintura, a estas alturas le costaba encontrarse.
Él se había perdido hacía años luz por el mismo camino.
Nadie cambió la bombilla cuando era el momento de hacerlo.
Ambos se preguntaban qué había sucedido, cúal fue el minuto en el que sus relojes se des-ajustaron.
Y sus horas ya no volvieron a ser las mismas.

Años después, se reencuentran sin tantos miedos a flor de piel. Con relojes nuevos, deseando ponerlos en hora a la vez.

Ave Fénix

Esta mañana, el resurgir del Ave Fénix se hizo eco en mi historia por un instante, me atrevería a decir incluso que se quedó corto. Fue como si de pronto tantas palas de tierra encolmadas y derramadas por sobre mi propio tejado, se esparcieran y luego, se fueran esfumando, granito tras granito... lenta y placenteramente de mi piel, antes cubierta, completamente embadurnada, amarrada cual sombrilla a la arena, anclada en un fondo agreste. Se disipaban, y lo hacían en forma de ondas, círculos concéntricos, que al final lo único que dejan tras de sí no es ni la sombra de lo que fue el último... al tiempo que el primero, ya tan lejano, sólo puede intentar recordar lo que significó su tiempo.

Como aquel beso tan fugaz que casi ni sentiste, cuando aún ni sabías que en los labios albergabas tanto, que decir, que sentir, que probar, que besar.

Como aquel verano entre las zarzas, aún con las heridas abiertas, sangrantes, y lo mucho que me marea ese color tan rojo-espeso, y sin relajar la sonrisa ni por una milésima de segundo. Como si en ello me fuera la vida, como si en ella estuviera la clave para que todo lo demás no dejara de ser más que el decorado. Como si los escenarios de la vida perdieran su efímera relevancia, como si tú no fueras más que mi espejo, en el que mi reflejo ganara bastante, para qué negarlo...

El caso es que de repente sentí que todo se tornaba algo menos oscuro que de costumbre, alguien prendió la luz...

A estas horas, aún me pregunto quién ...

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti