29 dic. 2009

Fortuit

Se reencontró por fin con su alter-ego, más perdido y enredado que nunca. Ausente hasta decir basta. Transparente. Tanto que hasta sus propios latidos se resintieron por unos segundos. Y recordó, recordó tantas cosas que tuvo miedo, por una vez, del tiempo, que corre y la recorre, pero no como el viento: por entre la falda, sino más bien por todas partes, desde las comisuras de sus labios, jóvenes aún, a pesar de lo que otros parecen percibir.... hasta el último milímetro de sus uñas, pasando por el resquicio más recóndito de su cuerpo, de su alma... pero... ¿acaso existe un alma? se preguntaba ante el espejo, y su propio eco le hizo estremecerse, sus vellos se enfilaron, puntiagudos, ante un precipicio de millón y medio de dudas, las suyas, las de siempre, con más o menos arrugas junto a la boca, y también esas otras señales, que el reloj se empeña en ir regando por los cuerpos de ciertas personas... y se gira, y esquiva un coche, y un vuelo de un avión de papel de un niño pequeño, y piensa, y se ahoga entre los dedos de un año más que parece tocar fin doce campanadas después.

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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