28 dic. 2011

Mover ficha

Escapar no es una opción
Cuando tienes una mirada acostada sobre la tuya
ardiendo, pesando, moviéndose
moviéndote -y removiéndote- todo por dentro.

Es uno de esos momentos, 
es tiempo de mover ficha
poner las cartas sobre la mesa y tomar decisiones
No hay otra manera de hacerlo.




23 dic. 2011

Y de repente


Y de repente, tú.

Allí estabas tú. Sentado, aislado, inmóvil, en silencio... y extremadamente relajado – o eso creía yo-. Esbozabas aquella leve sonrisa – imperceptible para el resto - que sólo yo fui capaz de advertir, por casualidad…Te miraba y no te dabas cuenta – o eso pensaba yo-.

Allí estaba yo. Sentada, rodeada de gente, de paisajes en movimiento, de sonidos, de colores… y muy nerviosa – o eso debía parecerle al que me mirara durante más de dos segundos -. No fui capaz de quitarte la vista de encima ni por un momento. Y tú no te percataste de mi presencia – o eso creí (o quise creer) yo-.

Te movías, y te girabas disimuladamente… ¿Por qué no me miras directamente y te ahorras tantos esfuerzos por pasar desapercibido ante mi? – me preguntaba yo, continuamente-.

Yo ya me iba, pero… me bastó verte, reconocerte… o creer verte, para pensármelo dos veces y quedarme allí, en mi posición durante algunos instantes más… Observándote.

Muchos pensamientos en un solo momento. Por una parte deseaba que te giraras de nuevo, a pesar de que me dejarías, por segunda vez, de piedra, y por otra parte, rogaba porque no lo hicieras, por pasar, en esta ocasión, desapercibida ante ti. Y lo hice… O tal vez no. Simplemente preferí no darme cuenta, no estar segura de si lo hice.

Fue un momento casi perfecto. Y digo casi porque todo en la vida es casi. Nada es completamente nada. Todo es relativo y casi nada es todo, no por completo… Así que igual, como otras veces, quizás, aquel no fueras tú, o sí… Podrías haber sido tan sólo la silueta de quien yo creía que eras, lo que yo esperaba que fueras, o quien quería que fueras… No lo sé. O sí… ¿Quién lo sabe? Yo sí, desde luego. Pero quizás preferiría no saberlo… La pregunta es ¿Quién eres tú? ¿Estabas allí? Y, sobre todo, ¿quieres ser quien quiero que seas? Si tu respuesta es sí, seguramente te diré que ya no quiero que seas quien quería que fueses, que ya no. Pero si dices que no, seguiré deseando que lo seas con todas mis fuerzas, desde aquí, inmóvil, en silencio y muy relajada…

¿Quieres acercarte?
Redirijo mi mirada a la página de la que nunca debió separarse.
La levanto y tú ya no estás. Tu asiento ya está vacío.
Comienzo a andar y comprendo que has desaparecido. Te has esfumado y ya no puedo hacer nada… ¿O sí? No voy a echar a correr detrás de ti. No sé si merecería la pena. Y ya he corrido en otras ocasiones sin que mereciera la pena. Además, lo dudo. Ni se me pasaría por la cabeza poner nada en riesgo por simple curiosidad... 
Supongo.

Tu mirada se cruza con la mía, allí, a lo lejos.
Tú bajabas. Yo subía. Nos cruzamos. No eras tú. No era yo. Éramos otros en aquel momento. Dos de la multitud. Dos más. Las escaleras mecánicas con su monótono movimiento hacían su trabajo colocando a cada cual en su lugar.
Desapareces de nuevo, esta vez dejando detrás de ti sólo un metro a gran velocidad. Lo vi tras bajar por donde bajaste.

Volví a subir. Seguía sin ser yo. Ni siquiera era la yo de antes. No podía serlo tras haber bajado y vuelto a subir. Aunque no corrí en ningún momento, ahora todo era diferente.

Y de repente, yo.

(Texto recuperado). 2007.

20 dic. 2011

El dinero no lo es todo

El destape siempre pilla en medio del invierno frío, irónicamente. Siempre quedará algún lugar al que ir para deshacerte de toda esa ropa espesa y pesada, de más, y hasta la de menos. Siempre quedará ese trocito de día para modificarlo y/o rehacerlo. Y encontrarle formas a las nubes, hasta a las más tímidas y reticentes a enseñar. Tirados en algún lugar verde, o sobre la arena negra de alguna playa.

Y dejarse hacer por el sol con la piel de sal hasta arriba. Y las heridas cerradas a cal y canto. Dejar atrás todo ese frío contenido, según avanza el avión, con destino 'la navidad más cálida que se te ocurra'. Y si se te ocurre una mejor seguro que te devuelven el dinero. O al menos todas y cada una de las expectativas invertidas.

Es tiempo de volver. De reencuentros y risas que resurgen años más tarde, con alguna que otra línea de más enmarcándolas, pero con toda esa fuerza, y su consecuente dolor de tripa, que implica volver a ver a esas personas expertas en arrancártelas. Al precio que sea.

El tiempo se hace de rogar siempre, pero a veces merece la pena. Tanto que hasta los aviones de vuelta son dulces, y las nubes, de algodón de azúcar. Rosadas y blanditas. Y te pringas, vaya que te pringas, pero da igual, porque llegar con los labios rosa no tiene precio.

Irte con la maleta que, aunque pese siempre una tonelada, das fe de que va vacía (de tiempo), pero llena de huecos para llenarlos de momentos de esos que hacen que todo lo demás haya merecido la pena. Y que, luego, una vez llegas, y estás en pleno clímax de pereza para deshacerla, te dan ese subidón, esa sensación genial que se te agarra y te dejas. Vaya que te dejas...

Y aunque cortito, todo llega, todo pasa, y vuelve. Y volvemos. Y revolvemos tiempos y espacios. Moldeamos distancias a nuestro antojo. Y nos volvemos locos con los aquí y los allí. Y se nos entremezclan prioridades y ganas. Alegrías y penas. Nostalgias y dudas. Navidad y realidad.

Y es que el placer de deshacerse de los hilos de la rutina es la sensación más maravillosa del mundo. Y no se compra con dinero. Sino con otra cosa mucho menos material, y más compleja.



13 nov. 2011

Lo mejor de la vida son esas personas que conviertes -o se convierten por sí mismas- en sus (tus) cómplices.

12 sept. 2011

Buzones anónimos

Quiero que me señales un punto en el calendario
Y otro en el mapa que guardabas en tu bolsillo
de aquel pantalón vaquero rasgado.
En ese, no en otro 
Que sabes que si no
me pierdo.

Y ese día, seguro,
que me quedo sin cobertura
tan sólo
para que vengas a por mi

Y verte
y que me lleves.

A ese lugar indicado
hace tanto
que se nos haya olvidado
el momento
menos esperado
tal vez por tanto esperar.

Se habrá ido a por tabaco
o a buscar aparcamiento
en algún lugar cerrado ya
a cal y canto
y no nos quedará otra que
reinventárnoslo
sin saberlo
al mismo tiempo.

Porque ahí sigue
compuesta y con más miedo
que nunca
la razón
para volver
volviendo
a devolver(nos)
los sueños.

En cartas extraviadas
en los buzones
tan nuestros
que, por tener,
no tienen
ni nuestros datos
puestos.

Voluntariamente anónimos.
Propiamente independizados
Extrañamente cuerdos.

10 sept. 2011

Un déjà vu con pruebas


Próxima estación: Suprematismo, Malevich

De trazos inconexos. Incoherentes. Desvariados. De dedos indemnes. Y retos derrapados.
Líneas, colores y figuras geométicas que se empeñan en rellenar mis espacios. Blancos, vacíos y neutros. Derramando tinta hasta que se me empapen los bordes y me colme de esperar. Pero sin perder la esperanza. Aunque a veces cueste, incluso duela. Un poco...
Correr las cortinas mañana con sueño de más, y heridas de menos. Para que el sol se me expanda por toda la habitación y cubra y recubra la casa. Me encanta cómo lo hace, a sus anchas...
Todo parece resumirse a una vez más a coger aire, hinchar mis pulmones de nuevo, para volver a echar a correr hasta el último resquicio que me quede dentro... Y lo demás... Da menos que más.
Hoy soy un poco más libre que ayer.
Próximamente: el paraíso...


Nota: Porque mi vida se puede representar sobre un lienzo como un montón de círculos. Algunos enlazados entre sí y otros algo más dispersos. No deja de pasárseme ante mi unos minutos de 'Los amantes del círculo polar' al hacer esta reflexión. Y es que nada lo definiría mejor. Es tan aplicable a mi realidad actual, que asusta. Un déjà vu con pruebas.
Entrada de mi antiguo Fotolog del 5/02/10. 
Enlace: http://www.fotolog.com/at_a_glance/72721940

3 sept. 2011

Chicles

Fin.
Así empezaba la historia. Pero nos empeñamos en tirar del chicle.
En busca de un principio escondido.
O tal vez
de la segunda parte
del final.

28 ago. 2011

Cuestión de espacio

No de tiempo.

Al diccionario que él le regaló le faltaban palabras para describir ese instante.
A ella le sobraban razones para no decir ni una palabra.

A él le faltaban días para irse. A su maleta le sobraban huecos para ella.
Él optó por llenarla de distancias. Incluso su conciencia tuvo que sentarse encima para cerrarla.

No hubo despedida.

Él le dijo que, obviamente, no le cabía en la maleta.
Ella seguía a dieta. De palabras.

Las cosas por decirse contenidas facturaron primero. Con exceso de equipaje, por supuesto.
Al llegar, su maleta se había perdido, y él sonreía.
Por su elección.

Ella sonreía. Porque con él lejos, las palabras del diccionario volvían a ser suficientes para desenvolverse, al menos de momento.

No volvió.

Ella se deshizo del diccionario a la larga. Pensó que habría a quién pudiera bastarle con eso.
A su estantería no le cabía tras su última adquisición.

22 ago. 2011

Colisiones estelares

Las yemas de sus dedos trazaban el camino a seguir. Camino que terminaba en otro y así sucesivamente, enredándoseles en el pelo. Los cruces de miradas en los pasos de peatón, sin semáforos, eran responsables de las colisiones estelares.
El cielo ardiendo, los ojos cerrados, y los metros de piel abandonados al recorrer de sus uñas, leves, imprevisibles.
Las baldosas frías, todas. El escenario, sin cortinas ni luces. Pero el público sí que no faltaba.
Ni aquel romper en aplausos sentidos
que agrietaba, aún más, el suelo.

Pitidos

Sus pitidos, a modo de respuesta, completamente descorazonadores y asépticos, todos, la dejaron sin voz.
Al otro lado del auricular sólo le quedaba un silencio invernal en el que buscar abrigo.
Por su cuenta.

21 ago. 2011

Auto-encierro voluntario

Cierro todas las ventanas y puertas para contener este momento. Ten cuidado al entrar.
Que no se nos vaya.

20 ago. 2011

Tiempo

El tiempo se ofendió y se paró del todo.
Ya no hace ni un 'tic'.

14 ago. 2011

Respirar

No apagues la luz. Que quiero seguir encendida toda la noche.
A tientas.

13 ago. 2011

Balcón con flores

La mano no estaba en el agua, estaba bajo la arena pero no se veía con esa capa translúcida de agua, de sal, arena, de algas y de luz del sol que chocaba y rebotaba directa a los ojos de los curiosos que se asomaran a mirar. La verdad ya no existía, tampoco el aire espeso, ni la mirada templada
de aquel momento pasado.

El presente era tan irónico a veces, que ni todo el verano grueso, lejos de aquella arena, ni un par de vidas bastaban para redactar una carta sin remitente que le instara a que revisara sus métodos, que cambiara sus planes. Por el bien de la salud mental de muchos. Y la estabilidad de otros tantos.
Iguales y diferentes a la vez.

El mundo y su redondez cuadriculada se atascaban y no pasaban por entre sus aros, por mucha fuerza que hiciera ella, por mucho que tratara de colarlo. Aguantaba la respiración a ver si así pasaban ambos, pero no podía ni iba a engañar a nadie, las misiones imposibles nunca fueron lo suyo. Lo fácil se le extinguía de sus días al ritmo de sonrisas pasajeras
de tácitos latidos.

Y por el camino se dejaba seducir por viandantes desconocidos, por el tercer balcón del edificio de enfrente que estaba muy bien cuidado, rebosante de flores, de colores distintos todas, de sol por las mañanas. Era el único, escondido, en el que sus ojos se posaban. Hacía suposiciones constantemente, consigo misma, sobre quién podía vivir allí
cómo serían sus manos.

Seguro que era alguien detallista, amante del buen gusto, de la vida, de lo que te mueve a correr cuando el gris vence y te atrapa en algún punto de la carrera... Justo lo que a veces no vemos pero necesitamos con tanta urgencia que nos colapsa la sangre y las venas se nos hacen trenzas. Y seguimos sin darnos cuenta hasta que nos cambia el color de la piel. Y nuestros pies, que parecen saber escuchar mejor que nosotros mismos, saben mejor que ninguna otra parte de nuestro cuerpo lo que queremos. Pero no les oímos, desde tan alto, seguramente por el ruido de la ciudad
que nos lo impide.

Seguro que era alguien con tiempo, o sin él pero que lo recolectaba celosamente, y lo guardaba como si fuera su más preciado tesoro, para cuidar cada una de aquellas plantas, brillantes, que hablaban todo el tiempo sobre el cielo y lo bien que se está al el fresco de la tarde en agosto
en Madrid.

La ciudad le absorbía hasta el punto en el que se encontraban todas las espirales que alguna vez fueron su hogar durante días, meses, y algunas de ellas, años. Todo era más o menos temporal. El caso es que era el propio epicentro de sus sueños. Y sin embargo todos ellos apuntaban fuera de sus límites. Su vía de escape y tal vez
su redención.

En aquel momento, sentía que pasaría una vida mirando hacia aquel balcón o desde él cómo la arena se puede encontrar en cualquier parte, cómo echar de menos es sólo una sensación superficial, y que lo de verdad, lo que te palpita entre los dedos no es más que ese momento presente, con su ironía y sus fallos, pero con todo eso que hace que día tras día seas quien eres. Y si estás, y no te vas, alguna buena razón habrá, aunque no la veas, aunque la piel se nos vuelva verde y las trenzas terminen por entrelazarse
entre ellas.

Quizás un balcón con flores nos sobraría para quedarnos
toda la vida.

3 ago. 2011

En los bolsos de las chicas nunca se encuentra nada

Rasgando sin querer, rasgué hasta el final el trocito de papel de fumar y no pudiste dar ni la primera calada. Y sin embargo, aquel sabor a tabaco era tan intenso que hasta lo pude sentir yo a lo largo y ancho de la boca. Del cielo sin estrellas de aquella ciudad con mar y viento. Era tan fuerte que pude sentirla dentro tan fuerte que no sabía distinguir ya espacio ni tiempo. Se me perdió por dentro la barrera que lo separaba todo, la geografía del colegio estaba tan escondida que no era capaz siquiera de trazar un boceto del que partir... Ni hacía falta. Necesitaba vivirlo así. Todo, que saliera sin salir, que me miraras, que me dijeras lo dicho sin decir.

Me perdí y encontré el mismo día, en tiempo récord, en aquella ciudad sin nombre tan cerca del mar que ni recuerdo hasta dónde me empapaba la piel. Y el pelo. Estaba tan sumergida que el sol no me llegaba. La luna sin embargo siempre fue más lista y elegía estrategias mejor estudiadas. Me bañé de lunas y esperé a dormir absteniéndome de todas mis ganas, para que la cama me pillara por sorpresa, como si fuera la primera vez. Y lo hizo. Y la deshice. Y nos hicimos las dos.

Pero el mar ya nos quedaba muy lejos.
Aunque las gaviotas no se me fueron de la cabeza. Aún me vuelan y sobrevuelan los tiempos y espacios, para que me sigan pasando desapercibidos, para que las cosas casuales se conviertan en norma y los momentos buenos se me adhieran a la piel sin intención de irse. Escapar ya no es la prioridad, eso ya lo he hecho demasiadas veces. Ahora mismo me toca morderlos, ponérmelos entre la ropa exterior y la interior. Sobre el maquillaje y bajo la crema hidratante. Para que vayan conmigo.
Que ya se sabe que en los bolsos de las chicas nunca se encuentra nada...


7 jul. 2011

Irrepetible

Siempre se te dieron bien las carreras por mis medias, tirar los dados y sacar seis a la primera, moder el sueño con suma delicadeza, por si se despertaba...; derribar (mis) murallas de palabras, construir rompeolas con miradas. Batirle la espuma al mar, batír(me)la. La música bajita en la cama y los tiempos a medida; para la ocasión. Irrepetibles.
Como .

Aunque no me creas.
Aunque me queden horas de reloj,
y cielos,
y lunas

Y ropa mojada
de lluvia,
y agujetas en la tripa
por llegar

Y arrugas de reír,
Y temblores de manos
y de voz
Inquieto el piso

Carteles que no dicen nada
me guían
con luces apagadas.
La intuición dormida

Prendidas las hogueras
No me asustan las cenizas
No me queman la falda
Ni las piernas

Ya no me queman.



27 jun. 2011

¿Aún no lo entiendes?

"Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo"
El lado oscuro del corazón

[De pasión va el tema]

Me gusta cómo suena la ropa al caer al suelo, el sonido que hace por la fuerza de la caída, sólo a veces. Me gusta el frío de las sábanas en verano y en invierno. Sentir que tengo los días justos y que me quede siempre algo pendiente, para la próxima. Volver. Y revolverlo todo, revolver(me). Volar sin control, sin tiempo. Sin instrucciones previas. El crujir de la madera del suelo bajo mis pies, en verano, en Madrid. Preguntarme qué pasaría si llegara a más alguna vez y se terminara rompiendo. Si saltaría a tiempo o preferiría explorar qué hay debajo. Que el corazón vaya a mil por segundo. Emocionarme sola con pequeñeces. Reasignarle tamaños a todo. Y deshacerlo. Volver a empezar. Aprender desaprendiendo lo que haga falta.

Tirarme sin más. Extender el listado de cosas por hacer y que ya no me quepan más e irle pegando trocitos extra de papel, para seguir añadiendo, con tinta y tippex a mano... Bailar sin ensayarlo, sin saber, hasta sin música. Que me canten cerca, sabiendo y sin saber... Reír por nada. Sin parar, sin que me paren. Las señales de Stop y los frenos no me caben. Sé ceder el paso, pero no pidas más.

Me gusta no hacer nada los domingos por ejemplo, un día a la semana. No pensar, no tener prisa, no madrugar. Dormir cada noche como si llevara un año sin poder hacerlo. Y sonreír cada mañana sin razones. Levantarle un poco la falda a la luna con algún cómplice. Ir descalza. El chocolate. El tiempo sin tiempo. Sentirte como si te sintiera. Correr las cortinas y descorrerlas. Mil veces. Dejar que la luz haga y deshaga lo que quiera con el espacio, con nosotros. Salir desnuda al balcón. Correr sin saber a dónde. Que me lleven...

Los baños calientes, que la espuma me esconda las orejas. Soñar despierta. Morder cosas sin darme cuenta. Querer sin medida. Todo sin medida - no las tengo. No venían en mi pack de bienvenida... Y no he querido comprarlas, no me culpes, - desde las cosas menos pensadas hasta las más obvias... Escuchar mil y una vez esa canción, sin cansarme.

Perder los papeles y hacerlos perder - con o sin excusas-. Jugar, apostarme miradas. Pagarlas. Encontrar cosas sin premeditación, pensar una sola vez, la segunda (siempre) me sobra...

¿Y aún no lo entiendes?

25 jun. 2011

22 jun. 2011

Cada dos por tres

Siempre y nunca se reencuentran en a lo mejor. Éste es al menos el titular en todas partes. Los medios de comunicación lo reproducen en todas sus formas e idiomas. Sin reparar en que la vuelta de la esquina se ha autoexiliado de este mundo. Ha decidido que ya está bien de ponerlo tan fácil, tal y como están las cosas. Así que las esquinas se arruinan y exasperan de esperar a que alguien se atreva a intentar doblarlas. Y es que la gente ha dejado de creer...

Los ni de broma se disfrazan de quizás y se ríen de todos los que, sin saberlo, asienten y se sientan a ver si sucede en algún momento... Junto con el futuro, que ya no puede más, le duele tanto la tripa de reír que sus carcajadas se han vuelto mudas, por todos esos que viven para él; mientras que el presente insiste en pagar campañas de publicidad a todo el que se las oferte y si no, las busca, para lavar su imagen y conseguir notoriedad. Vive aterrado. Porque la gente finalmente lo obligue a mudarse al Olvido. Y eso está tan lejos que ni sabría cómo llegar... Y mucho menos volver.

El sur se ha mudado al norte para despistar, sin previo aviso, huyendo del norte y éste, por su parte, infiltrado y todo, ni se ha percatado. Está demasiado concentrado en sí mismo como para darse cuenta.

Las islas se han presentado en el centro de sus penínsulas más cercanas sin documento de identidad, con algunos cambios en su aspecto, aunque el mar las delata con su presencia, eso sí, con la mejor de las intenciones.

Los helados derriten inviernos con su sol veraniego y las primaveras ya no se cuentan, se han rebelado contra el paralelismo, con los años, socialmente aceptado. Ellas no envejecen por lo que les resulta engañoso y han interpuesto una demanda contra la manía de la gente de inventarse cosas.
Las mentiras, en su momento cumbre señalan a las verdades de reojo y las imitan con tanta fidelidad que ya nadie se cree nada...

La música hace minutos de silencio cada dos por tres, cansada de ser el eco de las vidas, emociones y sentimientos de tantos, ella prefiere ser anónima, y que nadie se la apropie.
Es una fanática de la libertad...

Mientras el albornoz ha dejado el baño y se ha sentado en el sofá.
Sin mi.

14 jun. 2011

(Des)conocida

Esta mañana, al presionar el modo ON me ha dado por formatear(me). Algo muy sano y que sale muy a cuenta de cuando en cuando. Pero lo menos que me esperaba antes de iniciar el proceso era no encontrarme. Sí, sí. El dichoso mensaje de "El sistema no encuentra el dispositivo" repetido hasta la saciedad, hasta la última esquina de mi pantalla, hasta la última consecuencia. Mensaje sobre mensaje. Y entonces ese pensamiento de si habré perdido el sur definitivamente. O si sencillamente me había perdido del todo en alguna espiral de esas recurrentes...

La cuestión es que en mi estupor, y la sensación más intensa que había experimentado nunca, de no dar crédito a lo que veía... O más bien, por el hecho de no ver(me), no paraban de aparecer preguntas.

¿Entonces el espejo miente? ¿O soy yo la que creo verme por simple rutina?
Si no me reconozco ni a mi misma, ¿cómo conocer a nadie más?

Si un día te despiertas con mil preguntas en perchas sobre la almohada y con un montón de rayas en lugar de imágenes o letras. Codificada. Con nudos que se extienden hasta los dedos de los pies... ¿Qué hacer? Desenredar algunos embrollos nos podría llevar una vida, o dos... Y dicen que a veces es mejor no tirar de la cuerda.

Llevo todo el día con la mano puesta justo en la intersección de los límites de las fibras de esa cuerda. Pero no tengo fuerza suficiente para un golpe seco y certero. Que desenredara algo o, sencillamente, arramblara con lo que encuentre a su paso.

He decidido volverme a auto-presentar, a ver qué pasa.

11 jun. 2011

Mi primera despedida

Irte es decisión tuya. Y sí, es mi última palabra. Pero te adelanto que no tengo ni la más mínima intención de despedirme. Lo sabes.
Sabes lo mal que se me da abrazar, besar y mover la mano hacia ambos lados. Sabes que me duele la voz cuando pronuncio esa palabra. Sabes que estoy para todo menos para decirla. Para decír(te)la
Y te vas. Vaya que sí te vas.
Aunque esta vez sin aviones, trenes ni coches. Sin maletas ni equipaje de mano. Sin cajas. Sin carpetas en fila. Sin ropa por doquier...
Esta vez sigues aquí. Sin estar.
Y me quedo cual estatua de sal, atónita. Porque has conseguido presenciar, y que presencie, mi primera despedida.
Estarás contento.

6 jun. 2011

El charco que quería ser piscina

El charco de mi ventana esta noche se ha empeñado en ser piscina. Y la lluvia no cesa en su intento por concederle ese capricho... La cuestión es que no sé si guardar mis botas de agua y sacar el biquini o esperar a ver si lo consigue.

No tengo demasiadas esperanzas, todo sea dicho. Y no es que no crea en el charco y en su capacidad de convicción. Pero la lluvia me despista. La luna se me pierde por entre la cortina y los edificios, que están por todas partes. El ruido de mi ventana empieza a ser rítmico y roza lo musical.

Y estudiar se vuelve aún más complicado. Porque las distracciones siempre fueron lo mío. De repente, bajo la guardia (o la subo, no lo tengo muy claro), y se me empiezan a ocurrir las mejores ideas del día, pero claro, nada tienen que ver con las estrategias de mercado, ni con lasegmentación. Mis apuntes se me colapsan entre las líneas de las listas de cosas en cola que se me pasan por la cabeza, y entre el sueño y la lluvia se me empapa la cornisa de mis pestañas, me nubla la vista. Y la arena del reloj cambia de bando. Y yo con ella, como si me llevara por la fuerza. O tal vez es que no opongo resistencia. Lo único que quiero es que me arrastre hasta el otro lado y me abandone a mi suerte entre las olas, que seguro que están en algún compartimento secreto del viejo reloj. Estoy convencida.

Y en mi lucha por dar con el punto de inflexión entre lo que quiero pensar y lo que tengo que, vuelvo de un plumazo -nunca mejor dicho- a la realidad, al guiño de la lluvia por la ventana, al vaho con mensaje del charco, a la sensación del agua sobre mis pies y subiendo, a la piscina en el salón, a los litros de agua que me rodean...

Lo único en lo que puedo pensar es en mi biquini perdido en el armario y en lo poco que me gusta el color de mis botas de agua.

30 may. 2011

Próxima estación: Tu vida

Si nadas lejos, perderás de vista la arena y cuando no la puedas pisar lo más seguro es que, llegará un momento, en que la necesites...

Lo cierto es que no recordaba esas palabras que escuchó por primera vez de su boca. La misma que le costaba un mundo olvidar, de labios trazados, delicados, como en un lienzo, matemáticamente calculados para que cuando se estamparan en algún lugar, dejaran huellas imperecederas. A pesar del tiempo.

Le costó pero consiguió trasladarse algunos años atrás, cuando la brisa era el único de sus problemas. El viento soplaba, bravo, sin ningún complejo, llevándose sus restos de sentimientos, tirándolos por tierra. Y la arena en la boca. Eso sí era del todo molesto. Pero la sensación del aire envolviéndole los pies mojados por el mar le quitaban peso a todo. Incluso a que su cabeza no siguiera allí, con él.

Mirar su muñeca, como si echara en falta un en-mala-hora-concebido instrumento para medir artificialmente sus momentos. Qué paradoja... Y la ventana siempre abierta de aquella casa algunos metros más allá, con las cortinas blancas, de lino, volando hasta el mar. No entendía cómo no se mojaban. Siempre estaban de un blanco radiante... Le dolían los ojos de mirar, y no paraba de hacerlo hasta que las lágrimas le advertían que ya no podía seguir haciéndolo. Y todo se le volvía blanco...

Y de golpe al momento actual.

Sobre aquella cama, doble, con una plaza libre. Con una manta que en invierno era demasiado poco cálida y en verano siempre se pasaba de caliente. Y la almohada cansada, sobre su cabeza. No debajo.

Mientras le daba vueltas a su mundo con el dedo pulgar, le hacían cosquillas las plumas que se le escapaban al cojín por entre los dedos, en el brazo derecho. Y le dolía la oreja de imaginarse que sonaba el teléfono.

De repente aquel ruido otra vez. Y ese temor recurrente...

Como si ese fuera el último tren posible. Como si no fuera a volver a pasar. Pero le faltaba un toque, un ligero empujón para caer de esa cama y salir corriendo.
El billete sobre la mesa desde el principio y su vida en la próxima estación.

28 may. 2011

Sushi para cenar

Todo empezó al levantarme esta mañana. Cuando el tremendo peso del montón de hojas de sobre mi mesa, a modo de revancha, se me acostó a la espalda. Cuando me levanté de la cama y las letras me hacían los pasos
pesados
y los párpados llenos de
ganas
de levantarse conmigo. Pero les era imposible vencer en una pelea de esta talla.
Y es que necesitan vacaciones, da igual que no puedan, que estén lejos... Tienen la manía de ponerse en huelga cuando pasa demasiado tiempo sin que les lleve a ver lo que ellos quieren. Tienen un termómetro de tiempo. Y esta vez me he pasado de la ralla. Lo sé. Pero es que no sé poner un cartel al abandono.
Me duelen las manos sólo de pensarlo.
Me niego a admitir que he olvidado/ dejado pasar/ dado prioridad a otras cosas antes que a lo que mis ojos me piden sin palabras.
Las cuestiones de elegir y descartar me pueden.
Como qué cenar.
Y al final siempre me equivoco...
Y qué le voy a hacer... el sushi no es lo mío.
Las pelis malas, las noches largas y los montones de hojas pesadas
puntuales
sobre mi mesa
Esperándome por la mañana.

22 may. 2011

Letras

Siempre que te cuento y tú, por descontado, descuentas cada una de mis historias y las revendes al contado, me acuerdo de los cuentos recién hechos que me leían antes de ir a la cama. Y cuando no me los leían, me los autocontaba en un acto de rebeldía literaria. Tenía tantos pájaros en la cabeza, que a algunos, a día de hoy, no me ha quedado más remedio que pedirles amablemente que se vayan. Porque ya no me caben. Y siempre vienen más, buscan su sitio, lo reclaman, como el mar cuando se construye sobre su terreno. Son suficientes como para seguir con mis cuentos en espiral. Con mis marejadas y corrientes. Mis olas de letras que rompen en el momento en que las libero sobre el blanco del papel. De la pantalla. En cada uno de esos momentos un trozo de mi me deja también. Se va con ellas.
Y no me extraña.
Y lo que más deseo es que siempre nos queden cuentos. Que contar, que contarnos.
Dejarnos ir en (pequeñas) dosis narradas de nosotros mismos.
Y volver, volver.
En forma de historias atemporales.

15 may. 2011

Un trocito de sur

El último sol sobre el Atlántico



Hacer un paréntesis entre dos mares: Mediterráneo y el océano Atlántico



Siempre habrá un faro para cuando se nos confunda el mar...



La vida en el punto más sur de la Península, es maravillosa



En alguna pared de Jerez


23 abr. 2011

Aparcada

Las burbujas de la copa de champagne aquella noche se salían por encima del borde, con manchas de rojo-labios por todas partes. Para variar, escapaban, delicadas, de puntillas, sin hacer el más mínimo ruido, desequilibrándole el epicentro de las pestañas rizadas artificialmente. Dejó la copa recién repuesta descansar en el suelo. Junto al tacón partido. Aún no sabía cuál había sido la razón de que se le hubiera reducido a la mitad en aquel trayecto corto entre su pasado y su presente. Tan corto que se le antojaba un sueño. Algo irreal. Tanto, que sólo era fruto de su imaginación. Lo que fue y lo que es. Todo.
Cursiva
Las paredes se fusionaban con la efervescencia de su interés a plazos. De su impaciencia, del erizo que escondía bajo una coraza maquillada hasta el último entresijo. De su corazón remendado y con rodilleras, coderas y hasta protector bucal.

Al despertar junto a todos los resquicios de una fiesta inexistente, envuelta en folios sin un sólo espacio libre. En tiempos del blanco ausente. El ruido de sus vecinos corriendo, el coche que no arranca y la señora que habla alto. La calle en su ventana. La vida estallándole en la cara. Y ella... aparcada. En doble fila. Siempre a la espera de lo que está por venir. Y por si acaso, tacones y pintalabios rojo. Día sí y día también. Pero su príncipe más bien verdoso ya por el paso del tiempo, y sin caballo blanco, debía estar en un atasco. Y el aire acondicionado en invierno le hacía un flaco favor a su frío crónico. Anclada su mirada. En el flujo incesante de barcas varadas. Con más en el aire que por tierra. En orillas con menos arena que algas. Con más pisadas que charcos. Con menos pájaros en mano, que volando.

17 abr. 2011

Y un barco

La tristeza de mi vaso vacío altera tu entereza. Amenaza tu grandeza y, sin embargo, esmera mi rabiosa manía de morderle los bordes. Me cuesta continuar con mi torre de piezas de dominó porque ya he tocado techo. Unas cuantas veces. Y para más inri, me voy quedando sin piezas. Y tú, ignorándolo voluntariamente, te dedicas a seguir construyendo a lo alto, como si te diera igual que el resto se viniera abajo de un momento a otro. Como si lo tuyo estuviera completamente desligado de lo mío. Como si el proyecto común de torre ahora fueran dos. Y no compartes piezas, celoso de que te supere en altura las comisuras de tus labios intactos. Calientes y endurecidos por el sol de la tarde. Así tus besos ya no me curan. Y la torre se viene abajo. Pero a mi ya me da igual.
Para ese entonces ya tengo construidas tres ciudades en dos continentes.
Y un barco por estrenar.

Adiós

Lo peor del adiós
es cuando se derrama
cuando pesa y te estorba
cuando te encoge, cuando te apaga

Lo peor del adiós
es tirar la toalla
romper una lanza
a favor de perder la batalla

Lo peor del adiós
es cuando no basta
cuando se disipa
pasa desapercibido y te aplasta

Lo peor del adiós
es que no te salga
cuando se te atasca
y te secuestra las palabras

Lo peor del adiós
es que haga falta

Lo peor del adiós
es cuando te vayas

8 abr. 2011

Poesía

La mejor poesía es la que anida en la prosa sentida en cada palabra, cada acento, en cada silencio pronunciado.

19 mar. 2011

Tiempo en estado líquido

Entre las vías sólo pudo escuchar el rudo estremecer del que, a su lado, rugía como un león herido. Su eco le ensordecía lento. La sangre le enrarecía las ideas, le emborrachaba, le manchaba el pecho. Los hilos con los que le habían estado moviendo se le debieron caer a alguien y estaban anudados a algún tren que no paraba. Sin salidas de emergencia. Y eso que la velocidad nunca fue su fuerte.

Su única forma de salir de la corriente era la misma que otras veces, cuando se le perdían los papeles, le había salvado cuando nadie hubiera apostado nada por ello. Ni siquiera ella misma.
Tenía tantos latidos apretándola por dentro y el miedo derramado por el suelo.

Nunca había estado acostada sobre un charco de tiempo.

11 feb. 2011

7 sentidos

Tu lento resbalar de palabras en mute me aprieta el corsé de los siete latidos.
Sentidos.
De los días perdidos.
Consumidos
de esperas innecesarias.
Apagados de sueños. Cuarteados hasta la más mínima expresión.
De lo que un día fueron.
En la jungla de mis noches, en el asiento de atrás de un coche a 190 km/h. Y sin conductor.
Ni freno.

10 feb. 2011

Febrero.

Febrero está acabando con mis vestigios de paciencia.

Los folios envejecen de esperar, y yo los miro absorta en la desidia momentánea que me gana la partida a ratos. Por eso no los miro mucho. Ya están ellos ahí para mirarme a mi. Aunque luego siempre toca la revancha. Por las noches y a las 6 de la mañana. Y de la tarde. Les da igual que haya más o menos luz solar. Me esperan al despertar las montañas de papel y yo no puedo evitar pensar en los árboles caídos. Y en el derroche (de) sin sentido (s), tantas veces. Y ya tengo para descentrarme un buen rato.

Cuando se me pasa, siempre aparece algo (o alguien) nuevo que me retiene la atención a la fuerza, hasta noto los latidos entrecortándome la conciencia, que le ha dado por llevar la cuenta de mi tiempo perdido con ganas.

Y no se da cuenta de lo que en realidad pierdo por segundo son centilitros de mi misma, de pensarlo me salen canas. Aquí sentada, rodeada de artículos asépticos y fórmulas que no me descubren nada (nuevo). Enmudecen mis pensamientos y entran y salen de mis casillas como una rutina casi-casi desfasada. Y a mi reloj se le acaba el tiempo. Y eso que no es de arena, porque si lo fuera, el mar ya habría terminado por colarse y romper el cristal reclamando su sitio...

Febrero, a pesar de todo, está consiguiendo hacerme caer en que todo esto será de lo que más eche de menos.

8 feb. 2011

Rarezas


Hoy me he tirado 23 horas moldeando las nubes de tu cielo y he perdido la única hora que me quedaba suelta.
Otro día que se me ha escapado.

Hoy la libertad me mordía el borde de la bufanda cuando corría porque llegaba tarde. Como siempre. Tratando de decirme algo... Como cuando sin palabras, daba un discurso, sentada, frente a mi.

Insalvables, como los filtros de café que me quedaban. A modo de marcadores de libros. Raídos. Extraordinariamente usados. Sin tinta ya, sólo borrones de la que un día teñía sus páginas. Antes blanqueadas.

Escuchar la puerta no es sinónimo de que entres. A estas alturas, tampoco lo es verte. Sólo es síntoma de que te echo en falta. Aunque sólo lo escriba. Y no se me ocurra pensarlo en alto, ni en negrita, y mucho menos pronunciarlo.

Ni a susurros recatados.

6 feb. 2011

Ya pensaré qué hacer


Ya pensaré qué hacer después. De momento...

Me dejaré desenredar las pestañas anonadadas, adosadas de serie. Me dejaré hacer por mis sábanas. Esta noche no se lo pondré nada difícil. Comentaré el amanecer con mi almohada, sin tapujos. Me dormiré entre burbujas de cafeína y despertaré con sueño precocinado. Y desayuno sin azúcar; sin servir.

Desbloquearé dos o tres veces mi capacidad de atención para que me funcione cuando me pierda leyendo entre las líneas de tus palabras. Dudaré de mis dudas endeudadas hasta la médula. Por si acaso. Y ni hablar de las tuyas... translúcidas, promiscuas.

Me desprenderé de lo que amenace mis miedos capicúas. Me desnudaré de veces que siento tambalear lo que está por venir y me recolocaré la falda. Esperando. El viento que me baile el agua.

Agitada.
Sin sal.

Preguntaré por si alguien me pudiera donar un poco. El viejo truco para conocer al vecino guapo. El cielo que gruñe. Mi estómago me encoge la amplitud de miras. Me arranca el escenario torcido. Me recoge las lágrimas. Su fetiche más preciado...
No debí contar ovejas anoche. Siempre te veo pasar y te quiero al doblar la esquina.
Hasta que vuelves a cruzar. Y el semáforo me avisa de que ya no... Y mi tiempo aprieta el acelerador... Y te me pierdes por entre las rayas de la autopista. Sin luces tenues ni músicas apropiadas...

Y tomaré biodramina para el día a día. Para contar las vueltas que me dan las olas de la vida, cuando me pillan... O me dejo pillar.

Ya pensaré qué hacer después. De momento...
Tengo una lista -de lo más sugerente- de maneras de enrollarme entre las mantas.

3 feb. 2011

Otro blog!





Parece mentira que, hace ya 5 años -que se dice pronto- me planteara comenzar en fotolog.com como una forma de emplearme a fondo y conseguir escribir algo cada día (o casi) y no perder el hábito.
Y es que, aunque el hábito no hace al monje, siempre viene bien empezar cosas nuevas. De hecho creo en esto tanto que desde entonces, no he podido parar, de escribir, aquí y allí. Para mi (off) y on line. Desde un hotel maravilloso para amateurs grandísimos -en el que es un honor estar alojada- hasta mi blog personal, pasando por otros muchos que he creado.

Y de eso se trata esta vez. De una expansión, un lugar paralelo para hablar de Publicidad y más. Y reservar éste para mis cosas, mucho más íntimo y personal...
Más mío que nada.

Si quieres saber más... ya sabes, ¡pásate!

30 ene. 2011

Felicidad. Instantes


No me digas que no te acuerdas de aquella vez, cuando se nos terminaron los rollos de papel escritos y reescritos por anverso y reverso, y la tinta amenazaba con comenzar a escasear.

Aquello, que parecía un contratiempo sin absolutamente ninguna trascendencia, se desviaba por momentos de ser sólo eso. Tu mirada a través de la cortina no hizo más que acelerar mis latidos. Desbocados por naturaleza. Autónomos y liberados de mi cabeza, hace tanto... Tus siempre tranquilizadoras palabras, hoy me desorbitaban los renglones de mi pobre paciencia. Que se torcían y retorcían ante tus atónitas miradas. Inventadas.

Me gustabas tanto cuando despertabas...
Que el sol anidara en tu cama era como esa implacable y a la vez, sana sensación, que te recorre por dentro cuando tomas el sol en la playa. O cuando te abrazan sin previo aviso, cuando llegas a casa con ganas de nada y tienes la cena preparada, cuando te despiertas un sábado y tras unos segundos, adviertes que tienes mucho más que 5 minutos más, cuando llegas de un largo vuelo y te esperan con una sonrisa y un millón de besos...

No me digas que no la sentías, lenta…, ingenua..., disparatada… Felicidad.

29 ene. 2011

Un puñado de frases sueltas

Desvalida antítesis de lo mundano. Correcta desproporción recargada. Molesto barroquismo inquieto, pesado... Entretiempo de verdes-ocres mestizos que apoyan sus codos sobre la mesa robusta y dura.

Sesgada paranoia atemporal, desteñida. Descentrado miramiento, pensante infortunio malavenido. Tiempos descompuestos de sueños... Revestidos de lienzos.
En blanco.

Nunca decir tanto dijo tan poco. Entre los recovecos encendidos.
Apagados de cuerpos. Enloquecidos sustentos. ¿Expertos en qué? ¿Quién dijo suelo?

Ya no se teme lo que no se tiene. ¿Para qué perder más tiempo?
Ya no se siente lo que no se mueve.
Por dentro, en silencio subvertido
Advertido de sobra
Desde hace tanto... que olvidó el sentido.
Desmentido vuelco.
Por dentro. De ensordecedor aliento.

10 ene. 2011

Ya.

Nadar en Madrid es de todo menos una tarea fácil... Sobre todo por las intensas corrientes que, muchas veces, nos empujan y no encontramos el instante exacto para que nuestra voz pronuncie el basta más profundo que, recordemos, hayamos emitido jamás, y logremos huir ya sea por la derecha o la izquierda. La verdad es que ni siquiera las agujetas resultan llevaderas. Duelen a cada palabra escrita, a cada silencio contenido, apretado, amordazado..., abrazo que grita... a duras penas. La verdad es que ya podríamos ponernos en forma al menos, al final de toda esta aventura.

A veces, cuando vuelvo a posar mis pies en la tierra, dejo rodar mi mirada cuesta abajo, en busca del mar, furtiva, sin encontrar respuestas. Como mis tantas preguntas solitarias y semi-olvidadas, empolvadas de tiempo en la estantería. Qué bueno fue tener 4 ó 5 años y que se consideraran políticamente correctas. No sé cuánto tiempo ha de pasar, ni si tendré el aguante que espero tener. No sé si mis alas seguirán en plena forma cuando vuelva a aterrizar en mi casilla de salida. Porque volver siempre fue una norma inquebrantable entre mis principios, lo único que me queda cuando me parece que no queda nada. Aunque quede. Y es que a veces no Cursivasabemos apreciar las realidades, que se nos derraman encima como un café ardiendo y nos muerden la falda como perros rabiosos, desgarrando los bordes de las mañanas. Y es que nos derrumbamos como si nos cayera el dominó del cielo, pieza por pieza. En lugar de levantarnos y correr, escapar de ese momento en que nos parece ver de reojo pasar por nuestra cabeza la leve idea de que no podemos más. Y cuando ya estemos lo suficientemente lejos, nos plantearemos si de verdad es lo suficientemente lejos. Y entonces nos parecerá cerca hasta el rincón más recóndito, hasta la caricia más fría, hasta el silencio manoseado, calculado y mágicamente estructurado.

No sé dónde empieza el final de la popa de mi barco, pero sacaré la vela. A ver si el viento me vacía de sentidos perdidos, y me lleno sin querer de Cursivaluegos. Para cuandoCursiva ya sea tarde.

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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