27 dic. 2010

Instrucciones para volver a casa por navidad y no morir en el intento

-O más bien, diario de una vuelta a casa sin morir en el intento-.

Te piden que estés dos horas antes en el aeropuerto para coger un vuelo de 2 horas y media.
Lo haces.
Te hacen esperar 2 horas extra de retraso de la salida del vuelo por "llegada tardía del avión".
Lo haces.
Te dicen que el vuelo durará 30 min más de lo habitual, es decir, 3 horas, por "tener el viento en contra" (no hacen falta muchas luces para saber que lo llevábamos teniendo en contra un buen rato).
A mitad de vuelo te informan de que la llegada en destino se efectuará por otro aeropuerto.
A una hora y media de tu casa.
Y a ti ya te estarán esperando en el aeropuerto al que en teoría ibas a llegar.
Te ponen un autobús a tu llegada para que te deje en el aeropuerto al que deberías haber llegado. Y se creen que ya está todo solucionado.
Y es navidad. Y tienes fiebre. Y en lugar de a las 22 horas, te abren la puerta de casa a las 2 a.m. Aunque para ti ya son las 3 a.m.
Y ni siquiera restarle una hora al reloj te reconforta. Como otras veces.
Y en lo único que puedes pensar es en que con el tiempo extra que te han robado podrías haber venido dos veces. Y tener tiempo de sobra aún para emplearlo/reciclarlo, estirarlo o estrujarlo a tu antojo.
Pero tu único antojo ya es sentir el tacto de tus sábanas. Y el abrazo más esperado del año.

13 dic. 2010

(i)Lógicamente desbocadas

A veces me pregunto qué pasó con mi antigua vara de medir distancias. Cuando los centímetros podían ser kilómetros, y viceversa. Cuando los aviones eran prescindibles. Teniendo alas, ¿quién necesita medio de transporte alternativo? El tan temido sedentarismo del que se habla a diestro y siniestro algo habrá tenido que ver con el millón de años que hace que no levanto el vuelo. Con el millón de años luz que salvan ahora pequeñas distancias. Es curioso.
Sobre todo esa capacidad tan mágica que me atajaba las ansias.
Y la de mis ansias, por su parte, (ilógicamente) desbocadas.

9 dic. 2010

Otra persona

Hace unas horas, bajaba las escaleras en modo autómata dispuesta a pasar al siguiente punto de mi, por momentos tediosa rutina diaria, cuando de repente, alguien me pregunta si soy otra persona; y yo dudo.
Dudo profundamente.
Quizás lo hiciera porque ese era el nombre que mi padre pensó alguna vez ponerme. Aunque al final no me lo puso. Tal vez alguna parte de mi cerebro tiene tanto de ese nombre que estuve a punto de responderle con un rotundo 'sí´.
Debí hacerlo, a ver qué pasaba después.Negrita

21 nov. 2010

Un roto para un descosido

Caminaba sin andar, reía sin abrir demasiado la boca, vivía sin estar (incluso a veces sin ser)... Bebía cerveza sin alcohol a solas, en la barra del bar más recóndito del pueblo más insospechado. Vivía en una ciudad, completamente absorbido por las masas. Y no le disgustaba. Tenía una rutina de tareas diarias que atormentaría a algunos. Le disgustaba en lo más hondo el sudor de su toalla en el gimnasio, casi más que las agujetas de después. Odiaba cuando llegaba antes a la estación y el autobús no estaba donde debía. Detestaba los cambios de última hora y la incertidumbre. Se creía una persona que no era hasta que un día fue al supermercado.

Necesitaba peras (a última hora) para una receta para la que había comprado todos los ingredientes con la suficiente antelación, pero olvidó las peras. Con muy pocas ganas y una cesta de esas con ruedas, se dispuso a buscarlas en aquel laberinto de estanterías repletas. Finalmente, peras en mano su tímida mirada se estrelló con unos desbocados ojos saltones. Marrones y verdes. Sonrientes y grandes. Enormes. Le intimidaron. Se dio la vuelta y continuó su ritual hacia la caja para pagar. Ella le siguió y se colocó justo detrás. Unas cuantos cruces de palabras y roces de dedos sin querer hicieron el resto y en unos minutos compartieron cocina, pastel y risas.

Ella era su antítesis. Bebía sin control, caminaba con paso firme y a zancadas, reía siempre a carcajadas y vivía al 100% cada uno de los segundos de su existencia. Desde el principio, y no concebía hacerlo de otra forma. Iba al gimnasio y el sudor le parecía lo más natural del mundo. Adoraba compartir cada una de las cosas que le sucedían con alguien. Eso le daba sentido muchas veces a los sin-sentidos de su día a día. A los dos les encantaba ver llover, bailar delante del espejo y cantar en la ducha. Aunque no lo hacían demasiado bien... Compartían mucha magia, ganas y química.

Poco después, a pesar de que habían logrado construir, como si de piezas de Lego se tratara, una cantidad de momentos difícil de enumerar y describir, cada uno decidió que por su cuenta le iría mejor. Y tomaron distintos rumbos.
El caso es que él ya no se acordaba de su él de antes y ella tampoco. Hasta que un día fueron a la librería.

7 nov. 2010

Llegados a este punto...

Explícame qué hace el final en el medio, y el medio desplazado a un principio que ya es pasado.

30 sept. 2010

Volver

Llevo 25 horas y media con la sensación de que algo no va bien, y estoy entre que quizás me he confundido y puesto los calcetines del revés esta mañana, y que seguro que he olvidado meter mi cajita de música en el bolso, se me habrá quedado en la mesilla, junto con todas las ilusiones que guardaba celosamente hasta hace relativamente poco...

No sé si el destino viste de etiqueta o si le va más lo casual, el caso es que he oído hablar tanto de él, que mis ansias por suponer cosas van en aumento. No dejo de imaginar que quizás lleve gafas de pasta y tenga mirada interesante. No dejan de pasarme clichés por la cabeza. Tal vez sólo sean elucubraciones mías. O no.
Quizás sea porque las fantasías solían traerme siempre primaveras envueltas en abrigos para mientras-tanto. La verdad es que prefiero ponerme gafas de sol y no mirar mucho en mi directorio de causas perdidas, por si me vuelve a enganchar alguna... Como dijo un grande: "Yo sólo sé que no sé nada" -y yo añadiría- de momento.

Nunca me gustaron las prisas con aspecto de aeropuertos helados, y sin embargo, sueño con reencontrarme con ellas. Detestaba las sorpresas pero cada vez me gustan más. No podía ni oler la incertidumbre de no saber con certeza nada, y ahora vivo con esa palabra asomada a mi ventana constantemente. Sobreviviendo a la convivencia -también de momento-.

El caso es que no pierdo las ganas de volar. Eso nunca. A pesar de que me duele cuando hago el gesto de mover mis alas, entumecidas, por la falta total de contacto con las primeras personas de mi vida, por lo lejos que me pilla el mar.

La positividad la venden en frascos pequeños, ya he preguntado y sólo me han dado una porción pequeña.
Que el moreno destiñe y los efectos post-torta-con-la-realidad no son fortuitos. Las cosas pasan por algo y el tiempo pone todo en su sitio, aunque suene a tópico, es tal cual.
Así que -de momento- me sentaré cómodamente a ver cómo sucede... Palomitas y coca-cola en mano, a poder ser.

:)

3 sept. 2010

Cómo un 'clack' activa una sonrisa

Hoy he advertido una de las pequeñas cosas de mis días, por absurdo que parezca, esa sensación que siempre me da en la tripa, al primer Clack que hace mi teléfono viejo (en el que sólo admito llamadas tuyas), justo un segundo antes de empezar a sonar.

25 ago. 2010

Texto recuperado

Cuando la realidad se desdibuja y dejas de mirar hacia donde mirabas, o creías estar mirando... Justo en el momento en que todo comienza a girar a un ritmo tan vertiginoso como enredado. Cuando las ventanas no son sólo cristales sino que adoptan otros materiales y usos, al tiempo que los cuadros dejan de ser tan sólo instantes plasmados de una forma casi mágica, para cobrar vida, y tu vida deja de ser la que era para ser ahora una que se desarrolla en el entorno del cuadro que estás, estabas mirando, o simplemente miraste, durante algunos segundos, en algún momento de tu vida, en algún lugar de los que has visitado. Segundos que pasan a ser tu vida actual. Una en la que no caben minutos ni horas, sólo segundos, que van pasando y se derriten y tu cuerpo, con ellos...

Hablo de ese momento en que dejas de ser tú el que miras algo y comienza a ser otro el que te mira a ti mientras miras ese algo en el más absoluto y desgarrador de los silencios... Es justo entonces cuando te planteas ¿Quién mira a quién? ¿Quién miraba primero? ¿Quién es el otro? u otras preguntas como: ¿Soy yo éste que mira, o el otro? ¿Estoy mirando hacia donde creo que miro? ¿Qué estoy mirando en realidad?



Escrito hace ya algún tiempo...

El viaje. Eduardo Galeano




"... Así de simple se reduce todo: Entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje".

Versos

"...Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía..."

Pedro Salinas

24 ago. 2010

Idas y venidas

Lo tenía delante, y sin embargo, ella ya no estaba allí. Si hubiera tenido algún indicio más, habría tenido la convicción absoluta de que su silla era la butaca de un cine de verano de algún pueblo, y lo que a él le rodeaba, el escenario de su película inventada. De ciencia ficción, eso sí. Con un guión muy novedoso e interesante, para variar... pero ficción, al fin y al cabo. Y ella hacía tiempo que se declaró adicta a las realidades, que se le agotaban las reservas de paciencia estudiada. La música de la feria que dejaban atrás, al subir al coche, se imponía a las palabras, tanto, que se le coló por alguna ventana y sonaba en su cabeza de una forma totalmente incontrolada y repetitiva, dando lugar a unos retoques a golpe de taladro que le dolían más de lo que podía soportar en aquel momento. Así que pararon para pedirle una tregua al aire que corría y descorría las cortinas de sus ideas cansadas. Al volver a ponerse en marcha, no sabía si ella era ella, y lo que había pasado era real o no tanto. Perdió de vista la carretera por unos instantes para entregarse al sueño como la mejor forma de desconectar de un mundo que parecía pesarle sobre la espalda... Tiró del cable y se desenchufó temporalmente. De repente, la voz de él la devolvió de golpe a una noche llena de luna, que subía puestos en su ranking personal de rarezas desmedidas. Y lo cierto es que no estaba segura de si fue su forma de mirarla, sus reflejos sobre el río quieto, las hojas de los árboles bailando con el viento, o la compenetración de latidos... Pero en ese justo instante, supo que por fin estaba de vuelta. Pero él ya no estaba.
Lo supo al cruzárselo por el camino.

23 ago. 2010

Reflexiones

Siempre ha llamado poderosamente mi curiosa atención esa capacidad que tienen algunos de convencer mediante la palabra. Oral y escrita. Hablando claro, la habilidad de saberte conducir, hasta tenerte en su terreno, y no sólo eso, sino que se aseguran de que estés cómodamente sentado y con pocas perspectivas de abandonar el nuevo lugar en el que te han colocado, aunque tú pienses que es cosa tuya. Y sólo tuya. Hasta el punto de tener la convicción de que a ti, de allí, no te mueve nadie. Aunque sólo tres minutos antes ni te lo planteabas.

Me resulta totalmente asombroso cómo cambia una situación con una sola palabra de más, o de menos. Cómo cambia si lo dices o lo escribes, y si lo dices, si miras a los ojos mientras tanto, o al suelo o a otra persona. Cómo, si cuando hablas, buscas constantemente ese gesto en la cara, los brazos o las piernas de la persona en cuestión, o si por el contrario, te limitas a hablar como si en tu monólogo te fuera la vida, olvidando que quizás lo verdaderamente importante y decisivo está en el otro, y no en ti mismo.

Creo en el poder de la palabra,Negrita en lo que el diálogo, si se cuida, puede lograr, a pesar de los pesares. Y de las diferencias. En ellas reside la riqueza y el crecimiento personal, si eres capaz de estar por encima de ellas, y aprender.

A mi siempre me gustó aprender, de aquí y de allí. Es el tipo de cosas que no se olvidan, con el paso del tiempo.


18 ago. 2010

Quiero, querer, queriendo... sin querer

Quiero despojarme de pesados lastres y correr hasta la cima, pero no por el mero hecho de llegar, y contar que he llegado, como hacen algunos..., sino por la maravillosa sensación de permitirme el lujo de hacer un descanso en el punto más alto, respirar hondo, disfrutar de las vistas y hasta la puesta de sol, para luego retomar mi inmersión en mi carrera personal, sin perder ni un poco más del aliento que a esas alturas, tiende a escasear. No voy a negar que me gusta bailar cuando estoy contenta por alguna tontería o que la risa floja es algo que me pierde, o que es genial cuando llegas, te esperara o no, pero sí tengo a mi favor que cuando hay que estar una seria, se está. Lo malo es conseguir mentalizarse a veces de lo que se nos viene encima, y es que, como hace poco comentaba con una de mis grandes amigas, tengo por momentos la impresión de que el toro siempre está preparado, listo y a la espera de un grito de ¡ya!, en la esquina de siempre. Y no me gusta nada. Sin embargo, yo me dedico a dar brillo a mi flamante lista de propósitos de los corrientes, no de los de año nuevo, sino más bien de los de todo el año que también cuestan. Quizás más... Y es que echo tanto de menos cosas que por leves e incluso imperceptibles que parezcan a veces, se hacen necesarias para avanzar, para ser constante en mi búsqueda permanente, en mi carrera hacia mi cima esperada. Objetivo primero y que paradójicamente aplazo sin fin. Como en un círculo que gira incesante, como el reloj de mi mesilla, pero sin el terrible tic-tac. Y menos mal, porque eso era lo que me faltaba. Mientras consigo ser justa con mis expectativas, me consuela pensar, que a pesar de la triste extinción de los milagros, aún quedan tiempos en que todo es más sencillo de lo que parece, y hasta el nudo más terco, termina por deshacerse cuanto menos te esfuerzas por conseguirlo. Tejeré con hilos de mi propia impaciencia conmigo misma, sin tiempo, sin fecha de inicio ni de caducidad, y sin sentido alguno. Para un día recordarlo con la mejor de las sonrisas puestas y una foto de mi ansiada cima junto al reloj de mi mesilla, que ha olvidado cómo hacer su molesto tic-tac. Aunque tal vez, para ese entonces, lo eche en falta.

13 ago. 2010

¿Te acuerdas?

Me enseñaste a contar las estrellas, a encontrarle la forma a las últimas nubes del día, cuando casi se fusionaban con el azul profundo de después. A pesar de lo que me costaba, hace años, todo era tan distinto... Me dijiste con un dibujo esquemático de una mariposa, y su ciclo vital, tantas cosas trascendentales, en aquella noche tan triste, que no sabría ni siquiera repetir, aunque las interioricé a la perfección, a pesar de mi corta edad, entonces... Me abrazaste contra tu pecho sin que te lo pidiera, me secaste las lágrimas y me sacaste sonrisas. Me ayudaste y ayudas con todas tus fuerzas, que me regalas, siempre. Me has contado tus secretos, me susurraste consejos que intento seguir a pie juntillas, aunque no me lo pediste. Me abriste puertas y ventanas, me diste las pautas para nadar, volar y soñar. Me sigues cuando me caigo para tenderme tu mano, y alentarme a no tirar la toalla, me contaste cuentos y cambiaste pañales. Aguantaste incluso, que te leyera aquella interminable Historia de España, que se me atragantó en el instituto, aquella madrugada y me explicaste hasta el último minuto lo fundamental para que saliera bien. Me inculcaste que apostara fuerte por lo que quiero, y que a veces eso no basta. Escuchaste mis primeras palabras sobre papel y a día de hoy sigues haciéndolo. Me cantaste, y contaste tu filosofía del mundo interior, que me han ido forjando las bases sobre las que hoy descansan mis ideas. Me regalaste un reloj y me advertiste que lo mejor sería utilizarlo lo justo. Me mostraste lo que era reírme del vértigo, contemplar la naturaleza y entenderla y admirarla. Me agarraste al borde de nada y me empujaste cuando yo no sabía si era el momento y el tren se me escapaba. Sin querer. Queriéndote por lo que eres y estás, por lo que me apoyas, escuchas, entiendes... A pesar de los desencuentros, siempre nos encontramos y encontraremos.

22 jul. 2010

"Tome un periódico. Luego unas tijeras. Elija en ese periódico un artículo que tenga la extensión que usted quiera dar a su poema. Corte el artículo. Corte en seguida con cuidado cada una de las palabras que constituyen ese artículo y póngalas en una bolsa. Agite suavemente. Extraiga luego cada trozo uno tras otro en el orden en que salen de la bolsa. Copie concienzudamente. El poema será la viva imagen de usted. Y usted será un escritor infinitamente original y de una exquisita sensibilidad, aunque el vulgo no lo comprenda."

"Para hacer un poema dadaísta", Tristán Tzara

22 jun. 2010

Preparados... ¿Listos?

Ya.
Está claro... Llegados a este punto, nos tiramos a la piscina, que con el calor que comienza a hacer efervescencia en el fondo de la cacerola que se torna Madrid por estas fechas, se agradece. Así que, flotador en mano, me dispongo a disfrutar del sano chapoteo y, a ser posible, de los largos que me aguardan latentes, en cada gota de agua y de cada uno de sus componentes químicos.
Y aunque han pasado los años, me siento más que nunca como mi primer día en el colegio con mi fiel paquete de kleenex en la mochila de Mafalda, o como aquel día en que me dieron a elegir entre ciertas clases extraescolares y yo no me decanté por la opción esperada. O en otras situaciones de elecciones cruciales, cogí la vía alternativa. Suele pasar, qué le vamos a hacer...
Una y otra vez, la vida nos pone y expone ante un abanico de opciones y le deja a nuestra responsabilidad, la tarea de hacer limpieza, descartar lo que menos y guardar bajo llave lo que más. Y es que de eso va la película, podemos ahorrarnos algunos detalles e ir al grano, cuando tenemos la sinopsis ante nuestros ojos, aunque estos, a veces, no estén a lo que tienen que estar... Las partes siempre siguen un desorden concienzudamente ordenado, con un millón de conexiones entre sí que dan lugar a un mapa que traza nada más y nada menos que el camino que nos construimos con tiempo y esfuerzo.
¿Listos? Esa parece ser la eterna pregunta... quizás retórica... o tal vez con una respuesta tan evidente que se nos escapa. O la dejamos ir.

17 jun. 2010

Palabras


Nunca supo hablar, pero no le hacía falta.
Sus miradas incluso bailaban con mis silencios, rozaban tantas músicas desentonadas que no sería capaz de tararear, y a la vez, me ilusionaban. Gastadas.
Resbalaban con furia, entre las tablas que le amparaban.

10 jun. 2010

El Km 32 de la Autopista del Norte



Hoy, desde lo lejos, he tenido la oportunidad de sentirme más allí que hace mucho tiempo...
Para ser más exactos, me he sentido como si viniera en sentido Puerto de la Cruz-Santa Cruz, por la Autopista, en Tenerife, y me detuviera en el Genial Km. 32. Y digo genial, porque lo merece una historia como la que encierra el cartel que alguien, desde el anonimato, cubre de ideas, sueños, y un largo etcétera, que llegan... Me parece increíble cómo ese afán, que tenemos a veces por conseguir que lo que queremos llegue, está conseguido con creces... Desde amor, hasta dosis de optimismo en vena, sustentan una iniciativa que trasciende el mero hecho de llamar la atención: ha generado mil sensaciones, latidos y pálpitos... sonrisas, guiños, caricias, miradas de complicidad, y sobre todo se me ha enganchado por dentro a mi, y supongo que a tantas otras personas...

Una historia así me alienta a que, pase lo que pase al final, no dejar nunca de creer como creo en los sentimientos, y en que las conexiones existen y, por lo tanto, tampoco dejar de decir-escribir todo lo que se me pase por la cabeza... Porque es lo que me mueve, y considero, nos mueve a todos.


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14 abr. 2010

Del amor

Hoy te diría un millón y medio de cosas calladas. Triviales. Desteñidas. Mejor habla tú.
Hoy te miraría despacio para que nos dejáramos recorrer como las avenidas, certeros, firmes, alegres y seguros, confiados de que el resto del camino se nos hará tan corto que olvidaremos a qué hora comenzamos a andar.
Hoy te comería estridente. Te apretaría las ganas contra mis manos, y te apoyaría sobre mis pétalos mojados. Desbaratados de ansias.
Me bañaría desnuda en tus ríos, de historias empapadas, de palabras encadenadas, y buscaríamos juntos el eslabón perdido... si quieres.
Si no, también podemos gritar las razones del sin-sentido que a veces se adueña de todo...
Y sacaríamos fotos, muchas, repletas de caricias, para que siempre nos quedaran colgadas, recordándonos cuán maravilloso es sentirnos...
Hoy te cogería la mano y te diría al oído que te quedaras, que no te fueras, que prefiero que nos sumamos en este sueño todas las noches y los días, para que al final pensemos una y dos veces, y recordemos fácil la cantidad de sensaciones que nos producíamos simplemente cuando compartíamos un momento trivial o desteñido, o cuando yo callaba, y tú sonreías.

2 abr. 2010

Non grata

Es posible que mientras más cuidado procurabas tener, más fino tejías los bordes de tu decadencia momentánea. Se te desbarataban tus planes por segundo, y lo sabías, veías pasar ante tus ojos, por el cristal de tus gafas empolvadas, las montañas de retahílas de palabras, de esas tuyas, tan extrañamente ordenadas. En tu cabeza bailaban los días de té y sonrisas con las infinidades de tristeza desmedida. De pasos de tango reaprendidos, casi al azar, en bares diversos, con o sin pareja, eso era lo de menos. Sobre todo, cuando te rodeabas, tan voluntariamente, de ese fondo marino de tus penas, en el vaso de cristal. De turno.
Sin horas. Así se despertaban tus días, anclados sin mar, al viento, sin vela. De ojos tristes, y dedos salvajes y apenados. De ropas esparcidas por el suelo, que te quitabas con la sutileza del primer día. Con la grandeza de saber que allí anidaste junto a tus ganas, bien guardadas, en los cajones de tu mesilla.
Entrabas de puntillas, sin saber, que el ruido no era lo que lo despertaba. Tus tacones ya no sonaban en sus oídos, repletos de otros andares de los que te repugnaban, ni tu silueta inundaba ya sus retinas tan reticentes a ella, que ni la captaban. Desmemoriadas, a posta.
Lo cierto es que nunca supiste cuidarle, no lo arropabas, no te importaba si el sol le mojaba los párpados por las mañanas, o la luna se le metía en la cama. Ignorabas sus horas tendido a secar, su piel rasgada de soledades muertas, de esas que no se quitan ni con goma de borrar.
Sus tantas notas de despedida sobre trozos de papel que tú misma empaquetabas para reciclar y él lo convertía en su peculiar manera de decirte las cosas... cuando por sus labios ya no acostumbraban a salir nadas envueltas en halos de condescendencia pasajera, revestidas de coraje abstracto, y orgullo retirado. Cuando tus uñas de azahar te peinaban tus primeras canas, cuando en los cielos de las bocas no encontrabas la anilla de tu paracaídas de emergencia, cuando el coche perdía la buena costumbre de frenar a tiempo, cuando los ríos de esos con troncos a los que aferrarte, ahora te ahogaban, cuando el tedio te rajaba los miedos de tus alas... a volar, y otra vez te veías de vuelta a la casilla de salida...
Lo cierto es que nunca supiste cuidarte, no te arropabas, ni te importaba si la luna te mojaba los párpados por las mañanas, o si el sol se había convertido en persona non grata en tu cama, hacía semanas...

31 mar. 2010

Sintámonos vivos

Inúndame de latidos inciertos
a cada paso del viento...

Empápa
te de lluvia lenta,
pero certera,
siempre que el sol te respalde
Enréda
te en luces blancas
aletea alto, sube puertos
de montaña
Sopla más velas
con o sin tartas
Esculpe fronteras
y luego deshazlas
Construye castillos
de arena con ventanas,
y
fuertes murallas
El mar hará el resto
Fúndete con tus sueños
Y sobre todo,
vive
a ras de cielo
utiliza las nubes
de sombrero
y siénte
te como en casa
Baila descalzo a ritmo
de fuegos intermitentes

Y olvida el tiempo

"Gato en el Cementerio de Monmartre"




Lo miré,
Me miró...
Y nuestras miradas traspasaron los tiempos y los espacios que nos separaban.
Todos.

30 mar. 2010

Oscuridad buscada

Introducías lentamente tu pulgar en su herida ante mi atónita mirada, mientras los que nos rodeaban miraban a otra parte. Supiste elegir el momento. Siempre lo hacías... ¡Bravo!-No te lo diría de no ser porque lo tenías muy bien estudiado. Y has seguido tu plan trazado, sin un sólo error. Lo has medido, y seguido al pie de la letra-.
A la par que la música sonaba y las luces de aquel tugurio de mala muerte centelleaban. Y las estrellas, aquella noche, en caparazones, ávidas corazas ante los posibles ataques de sus iguales, dado el espectáculo que presenciaban, se cuidaban de que la historia se repitiera por esa vez, en primera persona...

Deslumbrabas a mis palabras escritas en trozos de tu inercia pasajera, en tantos aviones de hojalata. Como respuesta, mis palabras se disfrazaban para no llamar la atención en tal desfile de máscaras.
Me gustaría tanto haberte dicho en su momento aquel torrente de palabras sin colorantes ni conservantes, sin nada, auténticas, que estaban listas para salir pero en él último momento, conseguí que dieran marcha atrás, por mi garganta, y según bajaban, supe que nunca iba a estar contenta por ello. Más bien al contrario...
Lo cierto, es que lo único que recuerdo con cierta claridad de aquella noche es precisamente el momento en que salimos del bar, la luz de la farola de enfrente te alumbraba sacando a relucir tus peores caras, él a oscuras, yo entre-medias... Tuve que elegir, y pasé al lado de la oscuridad absoluta sin una sola de mis recurrentes dudas. Sin una sola de tus recurrentes miradas.
Sumidos en el más absoluto silencio, el callejón se nos hizo larguísimo y sin salida, y la luna tan lejos ni siquiera alumbraba. La oscuridad se respiraba. Los relojes ya no giraban, el aire amalgamado y tú, ya no estabas.

16 feb. 2010

I

Como cada noche, retomé la vieja construcción de mi semi-olvidado proyecto (a estas horas), a base de piezas de esas, de colores, con relieves diversos, que se enclavan unas con otras buscando encajar a la perfección, o casi... Esas, que guardan cierta relación con las de Lego. Como cuando éramos unos niños, en el recreo, con tantas entre las manos, que no sabíamos ni por dónde empezar. Y hoy, algunos años más tarde, me parece mentira que se me haya pasado colocar una de ellas, justo en el agujero por el que hoy se cuela ese extra de luz. Que por otra parte, no viene nada mal. Optimiza, indudablemente, mi visión de la vida... Aunque en ocasiones me da la sensación de que su peso se intensifica, haciéndome francamente complicado el hecho de soportar su carga...Crisol de mis innumerables dudas. Que emergen de entre mis tantas cuentas aún por hacer, con eso de que soy de letras. Y mis vuelos a medias. Me gustaría no haber contado nunca ventanas, en lugar de ovejas. Ni sueños tan tempranos. Ni palos varios, ya que estamos. Algunos más serios que otros. Y otros, tan poco serios... que ni se me ocurre el calificativo más fiel capaz de expresarlo... pero no por ello menos dolorosos. Y los besos tardíos y sin cuerdas de guitarra, ni aleteos de mariposas..., ni aquellos tantos otros acompañamientos propios del momento, pero el tren tiene un horario, y para fastidio de algunos, suele cumplirlo. Y luego toca echar a correr, ya sea con la esperanza / ilusión de alcanzarlo o, por el contrario, con la fe de correr tan rápido justo en la dirección contraria, que esa misma velocidad consiga borrar el momento, el tren mismo, incluso el aleteo ausente.

3 feb. 2010

De espaldas al viento

El hielo, concentrado, que no quiso cambiar de estado, se quedó inmóvil ante mi estupor cansado. Roído y aletargado. Deshecho por el paso de las hojas empapadas de letras que contemplo.
Que me queman los hielos...
Y me inundan el calendario. De hojas arrancadas las tardes raras. Los años pares y canciones arrítmicas. Si mis números no son primos, no es mi culpa que no te salgan las cuentas. Re-hazlas hasta que algo saques en claro. Y si el cristal continúa empañado, entonces, nada podré añadir a las tantas montañas de palabras caídas.

Y soles sin nombre.

Y lluvias disecadas.

Y princesas azules.

Y ranas heladas. Que ante la pregunta en encuestas acerca de si cambiarían de estado, sus respuestas fueron "no sé, no contesto". Pero sí lo saben.
Aunque no lo sepan.

Y sigo de espaldas. Al tiempo que pasa, encolmado de incertidumbres varias, y miedos inútiles. Ojalá las nubes se asociaran para defender sus formas, evitando así las posibles discusiones que puede suponer el obsevarlas largo y tendido...
No me mires así. Ni te calles. Ni me mientas con premeditación, que se me quitan las ganas.
Sutil diana, sin flechas ni nada. Sólo colores.
Adivina en cuál debes acertar...

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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