18 jul. 2009

Sonrisas

Ante un silencio como aquel, sólo pude mirarte "de reojo" y bajar la mirada como si de una persecución se tratara, como si por exhibir rapidez de reflejos fuera a escaparme, como si tú, y yo, fuéramos a desaparecer por una milésima de segundo, y se acabara aquel momento, cuanto menos, incómodo...
Temblaba, sudaba y mi corazón hacía esfuerzos por salirse del pecho... mientras yo... ¿respiraba? o lo intentaba... eso sí, despacio, pensando que de repente, una aspiradora de enormes dimensiones me absorbería y devolvería más tarde a la arena del fondo del mar. O de algún lugar inhóspito cualquiera, o ..., donde fuera menos frente a ti. En este preciso instante tardío.
Mis ojos se tornaban cada vez más lejanos, y los tuyos, blindados. Mis dedos te apretaban a la par que mis brazos te rodeaban..., en mi mente, claro. Mis dedos físicos estaban completamente paralizados tras la tela de los bolsillos de mis vaqueros desteñidos y rasgados. Aquellos que tanto me gustaron cuando los vi en esta misma tienda... De pronto los recuerdos duelen. Y miro la puerta.
Quizás sólo quería esfumarme. Estar a salvo. Y tú... ¿tú? No tengo ni idea... Tú seguías siendo, de alguna manera, aquel crío del jardín de infancia con ojos verdes y un pañuelo de tela que salía de tu bolsillo... Con los ojos rojos y tan hinchados que no podías cerrarlos... Aquel que luego pasó de hacerse pis sobre unos pantalones rosados, a llevar el pelo largo y enredado. Y tras él, tus ojos. Tal vez hinchados...
Y un cigarrillo que estabas a punto de encender, entre tus dedos.
Lo cierto es que no sé en qué momento sucedió, pero el caso es que me giré y al volver a la misma posición, ya no estabas. Entonces no sé si me alegré o no tanto... Y al salir del comercio, justo en la puerta, una margarita deshojada reposaba sobre el tercer escalón de salida y no pude evitar sonreír, al ver cómo un niño la sujetaba entre sus dedos, un niño con los ojos más verdes que había visto, o tal vez sólo fuera un efecto visual derivado del contraste con el rojo de la hinchazón de sus ojos... En su otra mano, un pañuelo de tela sucio...
Dos metros a su izquierda, una niña que saltaba y hacía de todo con tal de hacerle reír.
Y más sonrisas.

1 comentario:

  1. Que bonita mezcla de tiempos, de momentos y de sensaciones... aunque siempre permanezca como fondo el mismo tono de verde :)

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Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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