23 dic. 2011

Y de repente


Y de repente, tú.

Allí estabas tú. Sentado, aislado, inmóvil, en silencio... y extremadamente relajado – o eso creía yo-. Esbozabas aquella leve sonrisa – imperceptible para el resto - que sólo yo fui capaz de advertir, por casualidad…Te miraba y no te dabas cuenta – o eso pensaba yo-.

Allí estaba yo. Sentada, rodeada de gente, de paisajes en movimiento, de sonidos, de colores… y muy nerviosa – o eso debía parecerle al que me mirara durante más de dos segundos -. No fui capaz de quitarte la vista de encima ni por un momento. Y tú no te percataste de mi presencia – o eso creí (o quise creer) yo-.

Te movías, y te girabas disimuladamente… ¿Por qué no me miras directamente y te ahorras tantos esfuerzos por pasar desapercibido ante mi? – me preguntaba yo, continuamente-.

Yo ya me iba, pero… me bastó verte, reconocerte… o creer verte, para pensármelo dos veces y quedarme allí, en mi posición durante algunos instantes más… Observándote.

Muchos pensamientos en un solo momento. Por una parte deseaba que te giraras de nuevo, a pesar de que me dejarías, por segunda vez, de piedra, y por otra parte, rogaba porque no lo hicieras, por pasar, en esta ocasión, desapercibida ante ti. Y lo hice… O tal vez no. Simplemente preferí no darme cuenta, no estar segura de si lo hice.

Fue un momento casi perfecto. Y digo casi porque todo en la vida es casi. Nada es completamente nada. Todo es relativo y casi nada es todo, no por completo… Así que igual, como otras veces, quizás, aquel no fueras tú, o sí… Podrías haber sido tan sólo la silueta de quien yo creía que eras, lo que yo esperaba que fueras, o quien quería que fueras… No lo sé. O sí… ¿Quién lo sabe? Yo sí, desde luego. Pero quizás preferiría no saberlo… La pregunta es ¿Quién eres tú? ¿Estabas allí? Y, sobre todo, ¿quieres ser quien quiero que seas? Si tu respuesta es sí, seguramente te diré que ya no quiero que seas quien quería que fueses, que ya no. Pero si dices que no, seguiré deseando que lo seas con todas mis fuerzas, desde aquí, inmóvil, en silencio y muy relajada…

¿Quieres acercarte?
Redirijo mi mirada a la página de la que nunca debió separarse.
La levanto y tú ya no estás. Tu asiento ya está vacío.
Comienzo a andar y comprendo que has desaparecido. Te has esfumado y ya no puedo hacer nada… ¿O sí? No voy a echar a correr detrás de ti. No sé si merecería la pena. Y ya he corrido en otras ocasiones sin que mereciera la pena. Además, lo dudo. Ni se me pasaría por la cabeza poner nada en riesgo por simple curiosidad... 
Supongo.

Tu mirada se cruza con la mía, allí, a lo lejos.
Tú bajabas. Yo subía. Nos cruzamos. No eras tú. No era yo. Éramos otros en aquel momento. Dos de la multitud. Dos más. Las escaleras mecánicas con su monótono movimiento hacían su trabajo colocando a cada cual en su lugar.
Desapareces de nuevo, esta vez dejando detrás de ti sólo un metro a gran velocidad. Lo vi tras bajar por donde bajaste.

Volví a subir. Seguía sin ser yo. Ni siquiera era la yo de antes. No podía serlo tras haber bajado y vuelto a subir. Aunque no corrí en ningún momento, ahora todo era diferente.

Y de repente, yo.

(Texto recuperado). 2007.

2 comentarios:

Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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