24 ago. 2010

Idas y venidas

Lo tenía delante, y sin embargo, ella ya no estaba allí. Si hubiera tenido algún indicio más, habría tenido la convicción absoluta de que su silla era la butaca de un cine de verano de algún pueblo, y lo que a él le rodeaba, el escenario de su película inventada. De ciencia ficción, eso sí. Con un guión muy novedoso e interesante, para variar... pero ficción, al fin y al cabo. Y ella hacía tiempo que se declaró adicta a las realidades, que se le agotaban las reservas de paciencia estudiada. La música de la feria que dejaban atrás, al subir al coche, se imponía a las palabras, tanto, que se le coló por alguna ventana y sonaba en su cabeza de una forma totalmente incontrolada y repetitiva, dando lugar a unos retoques a golpe de taladro que le dolían más de lo que podía soportar en aquel momento. Así que pararon para pedirle una tregua al aire que corría y descorría las cortinas de sus ideas cansadas. Al volver a ponerse en marcha, no sabía si ella era ella, y lo que había pasado era real o no tanto. Perdió de vista la carretera por unos instantes para entregarse al sueño como la mejor forma de desconectar de un mundo que parecía pesarle sobre la espalda... Tiró del cable y se desenchufó temporalmente. De repente, la voz de él la devolvió de golpe a una noche llena de luna, que subía puestos en su ranking personal de rarezas desmedidas. Y lo cierto es que no estaba segura de si fue su forma de mirarla, sus reflejos sobre el río quieto, las hojas de los árboles bailando con el viento, o la compenetración de latidos... Pero en ese justo instante, supo que por fin estaba de vuelta. Pero él ya no estaba.
Lo supo al cruzárselo por el camino.

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Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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