5 ago. 2009

Para que lo sepas

... Sí, tú. Imprudente y atrevido.
Si te empeñas en desabrocharme los botones de mi inconstancia, no te prometo nada.
Si me olvidas por las mañanas, me duele la muñeca de notar tanto tictac, sin tu voz por ningún lado de mis persianas.
Si me regalas tu ausencia, el frío de mis noches consigue que me invadan, a tientas, los pingüinos, que conquisten mis sábanas.
Si en mis sueños yo soy una princesa (pero del s. XXI), y tú no dejas de ser mi rana encantada. Los besos no consiguen romper los conjuros... habrá que buscar nuevos métodos... y estrategias estudiadas.
Si me obligas a desenredarte las ganas, no me pongas a prueba ... ni me acaricies los gramos de cordura que guardaba, aunque sea para que no se celen; me gusta más cuando me hierves, me excitas y extiendes, entiendes, y ganas.
Si me retas, me desafías y, finalmente, pierdes... No me esperes levantado, donde siempre... porque no llegaré. Probablemente ya ande lejos, riéndome de nada, corriendo por tu espalda... pero desde lejos... sin tocarla. Soñando con tus labios sobre mis calas, y tal vez, llamando a la puerta de tus sueños, o si no, cometiendo allanamiento de morada. Colándome entre tus páginas, de ese libro que lees y desgastas, cada noche, ese que descansa, por el día, sobre tu mesilla, bajo tus gafas.

Y si todo esto te parece mal, entonces, por favor, dímelo, que me iré lejos, huiré, pero esta vez sin mirar atrás, de nuestras tantas, tantísimas, marañas.

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Esto es Absolutamente Genial.

Extracto de la película "El lado oscuro del corazón"

No te salves, Mario Benedetti
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